¡La Migra se llevó a Elvira Arellano!

 

P. Luis Barrios *

 

Quienes promueven una economía neoliberal capitalista necesitan de una mano de obra barata, y la condición de ilegalidad  de muchas/os inmigrantes les favorece.

 

¡La Migra se llevó a Elvira Arellano y la deportó a México! Una muestra mas de cómo selectivamente funcionan las leyes de inmigración en Estados Unidos en donde queda demostrado que aquí en este país la persona buena es la que no jode.

 

¿Quién es Elvira? Una ciudadana Mexicana, indocumentada, la cual el 19 de agosto de 2006 se refugió en una Iglesia Metodista Unida en Chicago con la intención de evitar ser deportada. Luego de transcurrir un año refugiada en esta Iglesia decidió llevar su activismo en defensa de los derechos de los/as inmigrantes indocumentados/as en las calles de Estados Unidos. Este pasado 19 de agosto fue arrestada en la ciudad de Los Ángeles y deportada hacia México por las autoridades federales. La respuesta oficial de Washington es que tuvieron que deportarla porque ella violó las leyes federales de inmigración,  o sea, no tenía papeles. Aquí es que comienza todo este teatro político.

 

Es de gran importancia el que no nos dejemos engañar con estos asuntos legalistas de quienes se han convertido en los/as guardianes morales de la clase dominante. Esto no es un asunto de ser o no ser inmigrante con papeles. El asunto con Elvira no es que era una inmigrante indocumentada y esto lo digo convencido que si ella hubiese sido cubana -o tal vez, venezolana- pidiendo asilo político, esto hubiese sido una gran oportunidad para el gobierno de George W. Bush de montar una campaña contra los gobiernos revolucionarios de Cuba y Venezuela.  Para muestra un botón nos basta.

 

¿Si es verdad este asunto de hacer cumplir leyes -o de seguridad nacional- por qué no deportan a Luis Posada Carriles, inmigrante indocumentado, hacia Venezuela? Interesante en toda esta doble moralidad o embeleco político es que no solamente es un inmigrante indocumentado, él es un inmigrante terrorista confeso al cual el gobierno estadounidense le ha brindado refugio político, subvención económica  y amparo social. ¡Que vergüenza!

 

Por supuesto, lo que estoy criticando con toda esta doble moralidad es la mojigatería, hipocresía y falsedad de la política opresora del gobierno de Washington en asuntos de inmigración. Peor aun, porque se llenan la boca predicando sobre valores familiares y cuando llega la realidad separan a una familia sin importarle -en este caso en particular a Elvira de su hijo Saúl- las consecuencias adversas psicológicas, sociales o espirituales  que la separación pueda dejar. En esto tiene toda la razón José Antonio Pérez cuando nos dice, en su libro; Diccionario del paro y otras miserias de la globalización: estamos viendo que la encendida defensa neoliberal de la libertad de circulación sólo se aplica al capital y a las mercancías, pero no a las personas. Lo peor en todo este asunto, me parece a mí, es que en vez de analizar críticamente las razones de la inmigración y a la misma vez producir soluciones humanistas a las mismas, todo se reduce a un aparato policial de arresto, maltratos y deportaciones.

 

Tengamos claro que la globalización, a través de un mercado capitalista, promueve la desesperanza cuando por un lado pone a un pueblo de frente con la pobreza y por otro lado le bombardea culturalmente con unas imágenes de progreso socio-económico que se están dando aquí en Estados Unidos. Todo este espectáculo mediático despierta una esperanza en el pueblo que entiende que el lugar para abrirse camino es aquí en Estados Unidos. Es por esto que la inmigración económica y cultural -y esto incluye a los/as cubanos/as que quieren salir de Cuba-  son las razones principales para explicar  el por qué es que queremos venir aquí a este país.

 

Por supuesto, el asunto del asilo o refugio político también se puede dar, aunque esta es una alternativa reservada mucho mas para la comunidad cubana porque le ofrece a su vez una oportunidad al gobierno de Washington para tratar de destruir la alternativa de un proyecto socialista. Pero, en esta caso en particular de la revolución cubana, ya Pablo Milanés nos dijo muy bien cantado: lo que brilla con luz propia, nadie lo puede apagar.

 

Es por esto que estoy completamente convencido que los arrestos y deportaciones relacionados con leyes de inmigración nada tengan que ver con seguridad nacional sino más bien con asuntos raciales y de clase.  Por lo tanto, este asunto de violación de leyes federales es pura bazofia porque la realidad del asunto es que la globalización sigue acelerando estos procesos migratorios en donde como pueblos oprimidos, explotados y excluidos llegamos buscando oportunidades que no hemos encontrado en nuestros países.  Países los cuales social, militar, política y económicamente están siendo explotados por la política colonialista y de imperialismo expansionista de Washington.

 

Ahora bien, y aquí está la otra parte del meollo del asunto, quienes promueven una economía neoliberal capitalista necesitan de una mano de obra barata y la condición de ilegalidad  de muchas/os inmigrantes les favorece. Por un lado no existen reglamentos de salarios mínimos y por otro lado no hay manera que estas/os puedan sindicarse. Recuerden, son gente invisible que hace el trabajo que mucha gente no quiere realizar y a quienes arbitrariamente e inmoralmente se les ha puesto el rótulo de ilegales. ¿Cómo es posible que se nos olvide que ellos/as también son los/as hijos e hijas de Dios? ¿Que mierda de sociedad es la que estamos viviendo que pretende establecer barreras de separación o de exclusión entre nosotros/as los/as seres humanos? ¿Cuando vamos a entender que ningún ser humano puede ser ilegal?  Ese mismo disparate inmigratorio como medida de control fue lo que el Imperio Romano le dijo a Jesús al nacer en una patria colonizada; Palestina.  

 

Por otro lado, permítanme dejar un punto desenredado. Yo no tengo la menor duda que todo país dentro de su soberanía nacional tiene todo el derecho de establecer reglamentos de admisión en su territorio nacional. De esto no es de lo que estamos hablando. Aquí el asunto son las dobles moralidades en donde arbitrariamente algunas personas son bienvenidas y otras rechazadas; las opresiones y exclusiones de esas personas son justificadas; la criminalización y cosificación de esas personas se legaliza; la falta de hospitalidad hacia esas personas se justifica; el no querer compartir las riquezas de la creación con esas personas se armoniza, etc. Al extremo que se establece una propaganda mediática para lograr un consenso cultural de llamarles terroristas a quienes son nuestras/os hermanas y hermanos. Ellas/os son las víctimas de sistemas socio-económicos injustos que les obligan a tener que inmigrar para luego tener que darles apoyo socio-económico a sus familiares desde la distancia. Recuerden, la gente rica por cuanto están muy bien en sus países, no inmigran. Esta gente viaja, hace turismo y va de compra. En resumidas cuentas, la crítica tiene la intención de desenmascarar las leyes que tienen el objetivo no de proteger la soberanía nacional sino más bien de joder a la gente.

 

Por otro lado, es penoso tener que reconocer la manera tan absurda en que mucha de nuestra gente se han convencido erróneamente en este asunto dizque de inmigrantes ilegales, pasando a ser parte de campañas difamatorias y de violación de derechos humanos articulando discursos prejuiciados y/o emitiendo conductas discriminatorias contra sus hermanos/as inmigrantes. Súmele también a todo esto quienes con una inercia y quietismo irresponsable, han manifestado una neutralidad dinámica y despabilada.  Permítanme compartirles dos ejemplos de dos grupos quienes siguen siendo discriminados abiertamente aquí en Estados Unidos, sin embargo, en sus respectivos países, ejercen la opresión y la exclusión. Por un lado está mi comunidad puertorriqueña en Puerto Rico -no estoy promoviendo una generalización- la cual ha orquestado una guerra racista, etnocentrista y malintencionada contra la comunidad dominicana que reside en Puerto Rico. Este antidominicanismo, a mi juicio, responde al racismo, fanatismo e intolerancia de quienes sufren de la prepotencia colonial Boricua, la cual se alimenta de la catarsis errónea de querer joder a quien no nos está jodiendo.

 

Y por otro lado, tenemos el caso de la comunidad dominicana que reside en República Dominicana -de nuevo, evitemos las generalizaciones- la cual arbitrariamente mercadea y justifica un racismo contra la comunidad haitiana. Por supuesto, este antihaitianismo se quiere camuflajear con las pendejerías de la seguridad nacional y en este asunto los movimientos de izquierda -hay sus excepciones- y las instituciones sociales y religiosas -también hay excepciones- se han alineado con la injusticia pecando contra la humanidad.

 

Interesante en todo esto es que luego ambas comunidades -puertorriqueña, y dominicana- son estereotipadas, oprimidas, criminalizadas y rechazadas aquí en Estados Unidos y por supuesto, nos molesta este tipo de atropellamiento. Mientras cambiamos todo este asunto de injusticia, por dignidad humana, debemos también ser parte de realizar correcciones de violación de derechos humanos en nuestros países. De lo contrario estamos lidiando con dos pecados capitales: el oportunismo y el egoísmo. Que no se nos olvide que son bienaventuradas las personas amorosas, porque con la hospitalidad subversiva llegan a Dios.

 

De nuevo, de aquí la necesidad de poder evaluar críticamente la inmigración, Latinoamericana en particular, en el contexto socio-político del colonialismo e imperialismo estadounidense en nuestros países. Por todo esto, es importante no aislar la realidad de la deportación de Elvira Arellano de los procesos socio-políticos e históricos de la agenda de Washington. Esto es mucho mas serio que unos papeles de inmigración. Sigamos construyendo la paz con justicia, sigamos dándoles apoyo a Elvira y su hijo Saúl y por supuesto, sigamos luchando por una amnistía general.

 

¡Si se puede!

 

* P. Luis Barrios

Iglesia San Romero de Las Américas

New York, New York

lbarrios@jjay.cuny.edu

24 de agosto de 2007