'La nación querida'

Juan Jesús Ayala

 Nación, nacionalismo, estado, estado-nación son conceptos que están dentro de la discusión política, de la elucubración sociológica y hasta dentro del ámbito de la filosofía. Son maneras de entender las relaciones de los ciudadanos con un ente a veces no tangible, diluido y pleno de abstracciones al que podemos llamar estado, que si hacemos caso a Agustín García Calvo, estaremos hablando hasta de una entidad que no existe. Pero dejémoslo ahí.

Lo que no ofrece duda alguna es que no se puede hablar de todas estas cuestiones sin citar a Gellnner. La teoría del nacionalismo sin su concurso es frágil y casi inexistente por confusa. No se cansa de subrayar este pensador "que el hombre moderno no es leal a un monarca, a una tierra o a una fe, diga lo que diga, sino a una cultura". La nación representa el contexto socio-histórico en el que la cultura esta incrustada y por medio del cual esta se produce, transmite y recibe.

Pues bien sin dejar atrás todo lo que concierne al fenómeno político del nacionalismo y a su influencia cada vez mas impactante en la modernidad globalizante aparece un término que viene a refrendar más si cabe y dar vitalidad a los postulados de Gellnner cual es la nación querida. Y aparece simplemente como respuesta a todas aquellas preguntas que hoy tienen tibias respuestas desde una óptica del marco del Estado nacional y mas aun del Estado-nación.

Si bien hay que manifestar que el estado nacional hizo posible darle solución en su día al problema de la integración social buscándole la suficiente cobertura legal y legítima por medio de la movilización política de los ciudadanos. Lo que no se hubiese conseguido si el pueblo no se hubiese transformado en una nación de ciudadanos conscientes. Y es que la fuerza integradora de una nación aparece cuando existe la relevancia de la nación querida en contraposición de la nación nacida. La nación querida sería aquella que, según los teóricos de la filosofía comunicativa (Habermas, Maclntre, Sandel...) se formaría a través de la voluntad de los ciudadanos. Los ciudadanos se convertirían en una asociación libre con una finalidad concreta que sería caminar hacia su consolidación como pueblo sin tapujos ni enmiendas en este o aquel aspecto.

Hay pues una diferencia clave entre la nación nacida que sería una nación de corte organicista y la querida resultado de la práctica activa de los ciudadanos. Sería la conclusión de su trabajo. ¿Y cuándo se ejerce éste? Sería cuando los integrantes de una comunidad saliesen de su minoría de edad, modificando la relación entre lo viejo y lo nuevo. O sea cuando sus miembros se conviertan en sujetos autónomos y subditos de las leyes que ellos mismos se dan.

En momentos como los actuales en que se habla de constitucionalismo y de un Tratado Constitucional para Europa aparece en el horizonte reflexivo de cualquiera la pregunta: ¿todos los países y pueblos que tienen cabida en esa comunidad son autónomos y subditos de sus leyes? Hay que decir que algunos sí como otros no. Hay pueblos que la historia los ha marcado y señalado como tales que se han quedado descolgados sin apenas derechos y menos aun el que da legitimidad a esa nación que se quiere ser. Y hay algunas dentro del contexto occidental y europeo que pretenden serlo. Lo único que, ante este fiasco constitucional se podrá pensar que si hoy el camino no ha hecho más que iniciarse quizás en el trayecto, que se supone sea largo, se puedan ir subiendo al tren de los acontecimientos sí es que se quiere hacer una historia compartida con otras culturas. Y que sea, además, cuando las circunstancias se modifiquen y los comportamientos de sus sujetos activos se tengan en cuenta desde el clamor de sus gritos que si hoy permanecen enmudecidos no por ello hay que pensar que sus labios estén sellados para siempre.

La nación querida, se deduce, es un trazo en el horizonte de la cultura de pueblos que desean ir camino de si mismos y que encontrarse mas bien pronto que tarde beneficiaría a sentar las bases de ese incipiente federalismo que parece intenta despuntar en nuestro entorno socio-político.