DESDE EL GUINIGUADA
"EL REY LEAR"
Félix M. Arencibia
Entre los verdes brotan los amarillos luminosos de las trebolinas, bejekes, veroles, góngaros... Gara Sánchez, mientras contempla dicho espectáculo, recuerda su presencia el sábado, en la obra "El Rey Lear" (1605) de W. Shakespeare. Asistió junto a su compañera y la obra duró tres horas. La última media hora le resultó bastante incómoda, a pesar del interés del espectáculo teatral. El Cuyás se ha quedado corto, las butacas están demasiado juntas y no reúne la necesaria comodidad. Sin embargo, permanecen cerrados el Teatro Pérez Galdós, el Teatro Guiniguada y el Centro Insular de Cultura... Estas obras de remodelación eternas no se entienden y despiertan algunas sospechas. Si estuvieran en funcionamiento habría más opciones para el espectador.
Gara regresa al recuerdo del espectáculo del sábado. El Rey Lear le resultó en conjunto una pieza teatral de una gran intensidad emotiva. Se trata de una fábula trágica de la vejez y el ocaso del patriarca. El argumento, aún respetando en esencia el texto original, nos narra cómo el monarca, sintiéndose viejo, decide repartir su reino entre sus tres hijas. Lo hace de una manera caprichosa, dejándose llevar por las adulaciones de sus dos hijas mayores. A la menor, que verdaderamente lo quiere y respeta, la deja fuera de la partición por no utilizar la lisonja. Este error luego lo tuvo que pagar con creces. El tema está de actualidad: padres que distribuyen su herencia entre sus hijos, a veces con preferencias caprichosas por algunos de ellos y luego se ven abandonados por los más favorecidos.
En esta obra se entremezclan muchos pecados y virtudes propios de la condición humana como son: el amor, la lealtad, la locura, la ambición, el ultraje, la traición... Tampoco son ajena a ella el sufrimiento, la desnuda violencia, la autoridad, la libertad, la soledad... Todos estos elementos fueron puestos en escena con la gran fuerza trágica, sin que falte el humor grotesco surgido de circunstancias como la miseria y el sufrimiento por el error y la deslealtad, que arrojan a los protagonistas a la hoguera de la locura esperpéntica. El artista catalán, José MĒ Pou, tuvo una actuación magistral. Estuvo rodeado por un elenco de actores que cumplieron con sus personajes no tan propicios al lucimiento, como suele ser normal.
Todo la trama se desarrolló en una puesta en escena novedosa que supo captar al espectador, sumiéndolo a veces en el silencio expectante de la tragedia y en algún momento en la risa entrecortada de la comedia. El escenario no le pareció a Gara el más adecuado para el discurso de la pieza teatral que allí se desarrollaba y no porque ella tenga añoranza por viejos atrezos. "Pudieras, renaciendo la vejez, / ver cálida la sangre que se enfría"... Gara se queda con el sabor de los versos del inmortal Shakespeare.
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