El legado de Abraham Lincoln

Juan Jesús Ayala

La historia de los pueblos se ha movido por las decisiones de los revolucionarios, por el chantaje y la traición, como también por las torpezas que en su día cometieron ciertos personajes que han pasado como héroes y que no lo fueron tanto.

Uno de estos personajes fue Abrahan Lincoln. Y viene esto a cuento por las trágicas circunstancias en que se ha visto vapuleada una parte del territorio de la gran nación americana. En el año 1863, Lincoln publica un Edicto que se conoce con el de la Emancipación de 1863 en el cual se mantenía el pronunciamiento de la emancipación de los negros, y por lo tanto la oblación de la esclavitud. Habría que recordar parte de su soflama en el Congreso en pro de ella: "Nosotros no podemos escapar del juicio de la historia. Nosotros, los de este Congreso y este Gobierno seremos recordados a pesar de nosotros mismos. Tenemos el poder y la responsabilidad de dar la libertad a los esclavos para poder titularnos que todos somos libres".

Y fue así, el día de Año Nuevo de 1863 entró en vigor el edicto y todos los esclavos de las zonas rebeldes quedaban libres.

Pero... ¿todas? No. Con excepciones. Quedaban exentas las parroquias de Luisiana -Nueva Or-leans y sus alrededores-. Total que por el Sur la situación quedó igual, los esclavos trabajando para sus amos y hasta compartiendo el odio en contra de los yankis. Y una vez terminada la contienda civil se continuó con la gran paradoja, que no fue otra, que aunque se pregona con toda fuerza la abolición de la esclavitud, ésta se siguió tolerando. Y no muy allá en el tiempo, hasta ahora mismo. Hoy los marginados, los esclavos del siglo XXI en Nueva Orleans son millares y en las cárceles un alto porcentaje de presos, más del ochenta por ciento, son negros. Se hizo la guerra, se pagó con sangre un empeño y éste quedó velado por la historia, que tozuda ha puesto el dedo en la llaga y ha vuelto a remover sus páginas, chocando frontalmente lo de hoy con lo de ayer.

Ante la catástrofe que asóla esta parte del territorio americano caben preguntas, ¿Por qué la ayuda llega tarde? ¿Por qué las decisiones políticas que hay que adoptar por parte del Gobierno federal son cautas, timoratas y mal planificadas y cuando se pone en práctica es sólo para favores aún más la destrucción y la tragedia? ¿Es que no se podía planificar mejor para estas zonas deprimidas y con gente al borde de la muerte una solución digna y no tenerlas hacinadas en un estadio desvencijado y apiñados como si fueran reos condenados a una muerte segura por la desidia de los gobiernos?

Son preguntas para la historia y esta misma nos dirá que a pesar que la estatua de La Libertad es un símbolo de la nación americana, ésta es un timo ya que a pesar que nos quieran hacer creer que estamos ante el país más poderoso de la tierra, hay que saber que es el país más endeudado del planeta, que en su territorio mal viven cuarenta millones de desheredados que carecen de empleo, y de ningún tipo de sanidad, ni de seguridad social alguna.

Y Lincoln pasó el testigo de una mala historia a Bush que ante la alarma de que los diques de contención de la ciudad estaban cerca de su demolición si surgía una fuerza brava e imprevista gran parte de la ciudad podría irse al traste, como así ocurrió. Y pasó que los dólares que se tenían destinados para salvar vidas se situaron en la guerra de Irak para nada.

Son lecciones que la historia va desempolvando y poniendo en los visos de la realidad las carencias de pueblos que por muy hondo que respiren e inflen el pecho cuando les asalta lo imprevisto, cuando sufren en propia carne desatres que no calculan, no sólo no saben dar la cara, sus mandatarios, como debe ser, sino que los responsables supremos, en este caso su presidente huye, se pone en paradero desconocido y mutis por el foro. Da la impresión como si el gran gendarme del mundo que ha armado a toda una población no sabe que hacer ante tanto pistolero desalmado que lucha por sobrevivir y menos que hacer ante unas personas que se ahogan bajo unas aguas amenazantes y que no se han dignado contener como es debido.

América seguirá siendo el sueño para muchos, pero su desnudez hace que contemplemos carencias que son tercermundistas y que su ceguera les produce en el ánimo cierta arrogancia que pretenden trasmitir al mundo, olvidándose que ellos también forman parte de ese mundo que sabe de llantos de muertes y de destrucción.

Y eso es desde Linconl con todo los honores que le queramos otorgar continuando hasta Bush II que han creado un reducto del tercer mundo en su propio territorio lo que justifica y hace posible entender que si se llegó tarde, a lo mejor, fue porque hay seres humanos que desde el ombligo de la próspera nación americana no se les considera como tales, sino que continúan siendo como aquellos esclavos cuyo destino, antes como ahora, es seguir siendo desheredados de la tierra. América es así: la madre de las paradojas de una historia mal contada.