Lengüicidio e identicidio

Jaime Morera

En los número 236 y 237 de este periódico, La Voz de La Palma, aparece una réplica a mi anterior escrito "Patriotismo invertido o castrado", con el título "De canarios patriotas a canarios traidores", en dos entregas, hasta el momento.

En ellas, me temo, el autor, en su afán de defender y justificar la toma de Canarias por Castilla, haciendo apologías por las monstruosidades cometidas por maleantes asesinos contra nuestros antepasados canarios de hace cinco siglos, escribe una plétora de inexactitudes, teorías erróneas y tendenciosas que me dejaron verdaderamente pasmado.

En primer lugar, muy al contrario de la tan repetida y cacareada falacia colonialista de que el pueblo canario de aquél tiempo era primitivo y atrasado, lo que, consecuentemente, lo hacía susceptible de ser invadido y atropellado, es una afirmación fraudulenta y absurda que no tiene lógica alguna, ya que con una simple mirada al mapa de África se ve claro que nuestro Archipiélago no está tan aislado ni remotamente perdido en medio del océano, como siempre han pretendido hacernos creer, sino, muy al contrario, al ladito mismo de nuestro Continente, con las Islas Orientales al alcance de balsas o de cualquier otra embarcación rudimentaria. Lo que, sin duda, implicaba, ya fuera por pura proximidad geográfica, compartir un desarrollo cultural, social y económico paralelo y casi similar al de los demás países vecinos del Noroeste africano de la época. El dicho popular en boga en Fuerteventura y Lanzarote: "De Canarias a Berbería, se va y viene en el mismo día", lo resume todo. Y si eso no valiera, la plaga del cigarrón o el polvillo africano con frecuencia lo hacen notar. Aquí mismo, en La Palma, las sociedades colombófilas hacen sueltas de palomas desde Tantan, Cabojuby y otros puntos de la vecina costa africana frente a Canarias.

Es simplemente natural que los navegantes de las grandes naciones antiguas, ya sólo fuese por la básica necesidad de repostar y de avituallarse, recalaran en Canarias. Antes que la expedición -"no de conquista"- de nuestro vecino Juba II de Mauritania llegara a las Islas de las que el autor hace mención, ya habían estado en ellas los Fenicios, de los que aún se siguen encontrando ánforas y otros artefactos en los fondos de las costas de Fuerteventura, Lanzarote y La Graciosa. Y probablemente también podían haber llegado cartagineses, griegos y romanos. Canarias aparece en las crónicas del historiador Plinio refiriéndose a las Hespérides. De la misma forma que los vikingos con sus ágiles y rápidas embarcaciones, con Eric el Rojo, llegaron a lo que es hoy Canadá, podían haber llegado igualmente a Canarias, dejando su marca étnica en muchos de sus habitantes.

Los genoveses y mallorquines tampoco vinieron en plan de conquista, ya que carecían de la fuerza necesaria o de ambición expansionista, como sí fue el caso de Castilla que nos ocupa. Y aún así le tomó, desde el inicio al final, cerca de un costoso y largo siglo, debido a la enorme resistencia ofrecida por los defensores guanches, en la que no cesaron aún después de haber sido oficialmente conquistados.

Lo que sí está claro es que Canarias, por su óptima situación geográfica, siempre tuvo más contactos con el exterior y, por consiguiente, una historia más intensa que lo que el colonialismo para justificarse admite.

Tampoco es verdad que durante la conquista de Canarias por los castellanos fuera cuando menos esclavos se hicieron, porque, además de quedar cautivos y usados en su propia tierra, fueron obligados al destierro en las nuevas colonias americanas, para el uso de tal empresa colonizadora. El mismo Cristóbal Colón llevó esclavos guanches en su propia nave Santa María en su primer viaje de descubrimiento. No es cierto que Castilla decidiera invadir y conquistar Canarias para adelantarse a las intenciones de Portugal, quien ya había ocupado el Archipiélago de las Azores y el de Madeira, tomando también las Islas de Cabo Verde. Los tres archipiélagos se encontraban deshabitados.

Portugal contó con el uso exclusivo en aquél tiempo de la vela árabe, que había obtenido de embarcaciones apresadas en el Golfo Pérsico, lo que le puso cien años en avance al resto de las flotas europeas. Simple, por puro pragmatismo, no estaba suficientemente interesada en la costosa y desgastadora sangría que suponía la conquista de Canarias. Y los portugueses que vinieron después de ésta realizada, fue en calidad de artesanos y constructores de barcos, de los que la misma Santa Cruz de La palma fue receptora. Nótese que los portugueses ya habían estado en la India y en China, siendo también los primeros occidentales que llegaron a comerciar y evangelizar con Japón.

Tampoco fue Castilla únicamente movida a la conquista por el lucrativo cultivo de la caña de azúcar, financiada por supuestos anónimos capitalistas flamencos, en unas islas "semidesconocidas", carentes de ríos y canales indispensables para el cultivo de dicha planta, en tierras propensas a extensos períodos de sequía.

El futuro y suerte de Canarias fue tétricamente decidido en 1479 en el tratado de Alcaçovas, ratificado más tarde por el de Tordesillas, donde ambos vecinos peninsulares bilateralmente se repartieron el derecho a conquistar el resto del Mundo.

Tomar ingenuamente "face value" la versión exclusiva de los colonialistas, de la historia de la invasión y conquista de Canarias, equivale a creer en las fantasías de "Alicia en el País de las Maravillas". Todas las antiguas colonias españolas, una vez libres, tiraron estrepitosamente a la basura, con razón, la versión colonial de su historia.

La base de la actual población de nuestro Archipiélago es incuestionablemente la población originaria canaria, -no "aborigen prehispánica", término petulantemente racista e insultante usado por los colonialistas y sus acólitos en las Islas-. Y lejos de haber casi desaparecido, como el colonialismo para justificarse engañosamente quiere que creamos, es la que sigue poblando Canarias. Con abundantes evidencias históricas, antropológicas y hasta últimamente de la ciencia médica, que sin lugar a dudas lo prueba.

Aún teniendo muy en cuenta la mentalidad de la época, a la que el autor de la réplica ansiosamente hace mención, la toma de las islas del Archipiélago siempre comenzaba con desembarcos en las zonas previamente ablandadas por la extensiva evangelización de misioneros que ya desde el siglo anterior habían llegado a todas ellas, impartiendo también colateralmente, como consecuencia, su cultura europea, para una vez haciendo cabeza de puente caer a traición contra nuestros desprevenidos guanches, usando sistemáticamente el engaño y la traición para pedir treguas y luego hacer emboscadas, como fue el caso del valiente Tanausú a manos de la repugnante alimaña Alonso Fernández de Lugo, empleando en adición la tortura y el asesinato de ancianos, mujeres y niños como chantaje de terror; práctica que intensamente también usó el sanguinario psicópata Pedro de Vera en Tamaran (Gran Canaria). Tácticas que, por otra parte, luego más tarde emplearían como arma de conquista en el Continente Americano, de las que Fray Bartolomé de las Casas hace espeluznantes relatos. En la región de Camagüey de Cuba quemaron vivos, como ejemplo de terror, al cacique héroe Hatuey, junto a su esposa, a la vista de sus vasallos indígenas, con la intención de desmoralizarlos y doblegarlos. Cuando los árabes ochocientos años atrás llegaron a la Península Ibérica, lo hicieron con mucho más ética y de forma más civilizada y constructiva, respetando a los sometidos infieles, para el Islam también "los sin alma", sin descender a los niveles de degradación infrahumana de la caterva de maleantes que en Canarias nos invadieron.

El aspecto más nefasto y trascendentalmente negativo del legado de la triste saga de la conquista y de su posterior colonización y aculturación es, sin duda alguna, el lengüicidio e identicidio, crímenes perpetrados contra nuestra Nación canaria para tratar de erradicar nuestras raíces y romper toda clase de eslabones que pudieran hacer posible unirnos con nuestro pasado.

El autor de la réplica en su escrito alardea de ciudadano libre en La Palma..., ¿Libre de qué? ¿De ser parte activa o pasiva del sistema colonial-totalitarista que visiblemente está destruyendo a nuestro pueblo y medioambiente?

Escribo sin la más mínima intención de personalizar, ni muchísimo menos de ofender a nadie en particular, puesto que en mis escritos sólo trato de exponer mis ideas y nunca por vanidad de incordiar. Pienso que es una gran lástima que en una isla, como es la nuestra, que ha producido mentes de la talla de Luis Felipe Gómez Wangüemert y de José Cabrera Díaz, fundadores del "Diario de Avisos", y en Cuba de la publicación canaria "El Guanche", haya degenerado hasta la mediocridad que está imperando hoy en día. Particularmente en nuestros patéticos dirigentes, políticos oportunistas "de la mano a la boca", serviles lacayos de la actual tiranía.

La conquista de Canarias, mírese por donde se mire, no tuvo razón de ser alguna. Y el colonialismo siempre fue, y lo continúa siendo, una gran canallada. No está al alcance de mi comprensión ni entendimiento cómo puede ser posible que un canario o canaria de cualquier lugar o época pueda justificar, y aún menos identificarse, con semejantes atrocidades y atropellos.

¡Canarias y su Pueblo, nos merecemos otra cosa!