¡Feliz 2007!

 

LETANÍA A LOS REYES MAGOS

 

Queridos Reyes Magos:


La pura verdad es que, en nuestro mundo, poco creemos ya en vuestras venidas periódicas de Oriente. Además, tenéis que sufrir la competencia desleal de un tal Papá Noel.

De todos modos, si es cierto que vais a venir, -además de juguetes para los críos que han sido buenos y obedientes- podríais concedernos algunas cosas:

Que mantengáis la inocencia de los niños, que creen que la democracia es el gobierno del pueblo, que todos los hombres somos iguales y que su padre es el más listo del mundo.

Que disminuya, en esta nuestra hermosa tierra, la caza de brujas, la idolatría del líder y la fe en la fuerza bruta del sable.

Que quiebre y fracase y sea engullido por Hacienda todo negocio que utilice al hombre, o a la mujer, o al niño como mercancía.

Que nos deis suficiente sentido crítico para enfrentarnos a publicistas, promotores, difusores, propagandistas y políticos... que en el fondo sólo quieren lo que quieren: "llevarnos al huerto".

Que nos libréis de los necrófagos, gafes y flagelantes, por un lado, y de los gurus, salvadores y mesías, por otro.

Que todos los que cantan /"/gracias a la vida que me ha dado tanto/"/, florezcan, crezcan, se multipliquen y aumenten su poder de contagio.

Que no nos dejéis caer en la tentación de creer todo o de negar todo: ambas posturas nos evitan pensar... y eso no es bueno.

Que conservéis la libertad interior a los nómadas y trashumantes, porque no echan raíces y siempre ven horizontes nuevos.

Que hagáis comprender al hombre de hoy que no se puede vivir tan sólo de oscilaciones de bolsa, de ordenadores, de prensa rosa, de basura televisiva, de crucigramas y horóscopos.

Que no caigamos en el destino fatídico de pasar media vida equivocándonos y la otra media quejándonos de que los demás hagan lo mismo.

Que comprendamos, de una vez por todas, que los seres verdaderamente importantes no son los que en un momento nos dijeron "te quiero", sino aquéllos que tocaron nuestra vida de una manera especial, aquéllos que nos hacen sonreír cuando realmente lo necesitamos, aquéllos que permanecen a nuestro lado en silencio y conocen nuestras costumbres.

Que nos enseñéis a retroceder, enmendar lo dicho y desandar lo andado, porque sólo la mano que tacha puede escribir lo justo.

Que nos proporcionéis algo más de agilidad mental que la del mejillón, algo más de sensibilidad que la del cencerro, algo más de ternura que la del marrajo.

Que no nos dejemos engañar: detrás de una espléndida sonrisa puede haber mucha mentira, mucha maldad o mucha estupidez.

Que, de tiempo en tiempo, nos dejemos pasivamente llevar por la materia de la que están hechos los sueños.

Que, aun cuando nos enfrentemos a la certeza lúcida de la desesperanza, no cometamos la estupidez de afirmar que "cualquier tiempo pasado fue mejor".

Que aprendamos algo muy simple: tanto para ser feliz como para ser desgraciado se necesitan muy pocas cosas.

Que los responsables de arriba comprendan -que todos comprendamos también- que no haber podido eliminar la guerra es el fracaso mayor de nuestra especie, como especie inteligente que pretende ser.

Que alejéis de nuestro camino a los siniestros augures, cuyo oficio es sembrar angustia con sus negros presagios, premoniciones y catastrofismos.

Que, de una vez por todas, caigamos en la cuenta de  que las realidades humanas no son totalmente blancas o negras, totalmente buenas o malas, sino más bien grises, ambiguas y oscilantes.

Que no nos preñen la mente con posturas fanáticas, espasmódicas y viscerales. Ello nos lleva a luchar innecesariamente y toda victoria innecesaria es un crimen.

Que nos concedáis la fuerza necesaria para enfrentarnos a la verdad sin titubeos, a la decepción sin amargura, al amor sin acaparamiento, al éxito sin arrogancias... y a la muerte sin descomponer la figura.


Amén. Así sea.