La ley de D´Hont
El belga Victor
D’Hont inventó la ley que lleva su nombre y que,
tanto en Canarias como en España, se utiliza para asignar los escaños a cada
candidatura.
El sistema beneficia a los partidos
mayoritarios en detrimento de los menos votados, convirtiéndose en una barrera
más.
N.M., S/C de Tenerife
El profesor belga de
Derecho Civil Victor D'Hont
(1841-1901) ha pasado a la historia por ser el inventor de un sistema de
cálculo que tiene defensores y detractores, estos últimos especialmente entre
los grupos minoritarios, a lo que perjudica de una manera clara.
Los resultados de la
votación que hoy realicen el conjunto de los ciudadanos del Estado estará
sometida en sus resultados a los designios de este profesor y político oriundo
de Bélgica, cerebro gris de una forma de reparto de escaños entre las diferentes
candidaturas que se presentan a las elecciones, a las que garantiza lo que se
denomina una proporcionalidad corregida y que se utiliza desde Argentina a
Guatemala pasando por Austria, Chile o España.
Precisamente,
Entre sus defensores
se encuentran quienes lo consideran un método que, al primar a las formaciones
con un mayor número de votos, asegura instituciones estables, al tender
claramente hacia el bipartidismo y excluir a las formaciones minoritarias que
son las que, precisamente, peor percepción tienen del invento de este profesor
belga.
Hasta tal punto llega
la corrección del sistema que, incluso, permitiría la obtención de una mayoría
absoluta con apenas el 35% de los votos y sacándole apenas un par de puntos al
partido que quede en segundo lugar.
De hecho, no es poco
habitual en España la obtención de una mayoría absoluta por parte de un partido
que no ha logrado la mitad de los votos más uno. Un ejemplo, sin ir más lejos,
es el del Cabildo de Tenerife en las elecciones de 2003, donde CC obtuvo dicha
mayoría absoluta con el 46,17% de los votos válidos emitidos.
El jurista y experto
en procesos electorales Pedro Lasso explica que el sistema D'Hont
"va beneficiando a los partidos grandes, a los que más votos sacan, lo
cual es una barrera añadida si se tiene en cuenta que para acceder a las
corporaciones locales, además, es necesario superar el 5% de los votos válidos.
Esto indica lo absurdo que es mantener las barreras porque el sistema ya es de
por sí lo suficientemente duro, lo que convierte en intrascendentes esos topes
para garantizar cierta estabilidad".
A su juicio, la ley D'Hont no deja lugar a grandes variaciones en los
resultados electorales. "En el caso del Cabildo de Tenerife, por ejemplo,
si aumentan los apoyos electorales a un partido determinado, tendrían que
variar mucho los apoyos al resto para que variara la asignación de consejeros.
Tú puedes tener 50.000 votos más y, al final, ganar sólo un puesto".
La explicación que
Lasso da al éxito del sistema es que "después de
Fuente: http://www.eldia.es/2007-05-27/actualidad/actualidad5prn.htm