Y si Yavé es Dios, entonces el Antiguo Testamento miente, y no pasa de ser una leyenda creada intencionadamente por el reino de Judá

Juan Gabriel

Me preguntan por qué insisto tanto sobre el tema Yavé y Dios, aun a riesgo de escandalizar a gente de buena fe, o de tener un dolor de cabeza con algún obispo.

He dicho y ratifico que, si lo que el Antiguo Testamento pone en boca de Yavé, es cierto ("matad a todos los cananeos, a los amorreos, a los eseos, a los filisteos, a los ... palestinos y a los libaneses... porque esa tierra te la he prometido a ti, pueblo elegido mío..."), si eso es cierto digo, entonces Yavé no es Dios. Y si Yavé es Dios, entonces el Antiguo Testamento miente, y no pasa de ser una leyenda creada intencionadamente por el reino de Judá, alrededor del siglo VI a.c., con el solo y avieso objetivo de justificar su conquista a sangre y fuego de las tierras vecinas (justamente y ¡sólo por casualidad!... la de los cananeos, amorreos, filisteos... palestinos, libaneses...).

Hay un pasaje del Antiguo Testamento que agrega una razón más (o una nueva mentira) para que yo me mantenga firme en mi aseveración anterior:

"Los hijos de Noé, que salieron del Arca eran: Sem, Cam y Jafet; Cam es el padre de Canaán (Génesis 9-18). Cuando despertó Noé de la embriaguez, supo lo que había hecho con él su hijo menor (se refiere a Cam) y dijo: "Maldito sea Canaán. ¡Que sea esclavo de los esclavos de sus hermanos! (Nota de Labaké: de uno de tales hermanos, Sem, nacieron los semitas según el Antiguo Testamento... que, por lo visto, antes de ser un pueblo como tal, ya recibieron el mandato "divino" de esclavizar a los cananeos...) ¡Bendito sea Yavé, Dios de Sem (de los semitas, y sólo de ellos, por lo visto), y sea Canaán esclavo suyo! (Génesis, 9-24 a 26). ¡Vaya, hombre!, así cualquiera se fabrica un dios personal que le tape todas las tropelías. Pero resulta que los libaneses (y buena parte de los sirios, de los jordanos y de los palestinos, igual que yo y mi familia) son (somos)... cananeos. Se me pueden pedir muchas cosas, menos:

1.- Que acepte como cierto que Dios (¡Dios!), por boca de un tal Noé, maldijo a mi primer antepasado (simbólico, claro está) y con él a toda su descendencia, es decir... a mí, entre varios millones.

2.- Que esa maldición de un dios terrible, invento de un ambicioso rey de Judá del siglo VI a.c., vaya a ser usada ahora para tratar de justificar cínicamente la matanza de palestinos y libaneses, descendientes (siempre simbólicos) de Cam y Canaán.

Esa macabra, discriminadora e interesada leyenda, ¿se me puede imponer como dogma de fe? ¿Alguien puede sensatamente acusarme de nazi o antisemita por no aceptar tal terrible y cavernícola leyenda?

Un abrazo.

Juan Gabriel