Las leyes de la naturaleza
Wladimiro Rodríguez Brito
E
l pasado lunes por la noche sufrimos los perturbadores efectos de una violenta masa de aire proveniente de otras latitudes más cálidas. Es cierto que la presencia de una "tormenta tropical", tan violenta como anunciada por la autoridad y por los medios de comunicación, con profusión de información y fotografías de su hipotético recorrido, es un fenómeno nuevo por estos territorios.En este texto queremos analizar los efectos de esta tormenta y en qué medida pudieron haber sido agravados por una falta de consideración respecto a las propias leyes de la naturaleza. Sin dejar de lado la posibilidad de que el clima se encuentra en un proceso de cambio y que situaciones meteorológicas no conocidas por nuestra generación pueden convertirse en algo frecuentes. Las anteriores generaciones de canarios eran enormemente observadoras y respetuosas con la naturaleza. En esa línea las viviendas se construían en los lugares más protegidos y azocados de los vientos peligrosos, sobre todo los que descendían por las laderas, se localizaban en el sotavento de los vientos dominantes, o bien en las tierras labradas se dejaban surcos abiertos para drenar las aguas hacia los barrancos. En la actualidad, no paramos de construir edificios de muchos pisos, con grandes ventanales abiertos a los cuatro puntos cardinales. No se tiene ninguna consideración por los factores climáticos y de esos polvos acabamos teniendo estos lodos. En ese sentido, no deja de sorprender la gran cantidad de casas que tienen árboles de gran porte en sus inmediaciones, que suponen una amenaza real en este tipo de circunstancias insólitas pero posibles.
Lo más notorio de todo esto es la "electro dependencia" de una gran parte de las viviendas. Hasta el otro día, el gas que había sustituido previamente a la leña era la energía primordial para cocinar y para generar agua caliente. Desde hace diez años aproximadamente se ha ido sustituyendo por sistemas eléctricos, cocinas vitrocerámicas calentadores, etc. Lo que no habían descubierto mucha gente hasta el lunes es que apostando por este sistema eran mucho más vulnerables que sus padres y abuelos que, independientemente de que se quedaran sin luz, podían comer caliente y lavarse. Es una buena lección para el futuro que esperamos sea aprendida por todos.
Asimismo, hay que poner de relieve el aprendizaje y las lecciones que podemos extrapolar de esta desagradable experiencia. Para empezar, la alerta institucional de la llegada de la Tormenta Delta a Canarias transmitida a través de los medios de comunicación caló en la población, que se lo tomó en serio. Gracias a ello, fundamentalmente, hoy no tenemos que lamentar un gran número de muertes entre nuestra gente. Basta con echar un vistazo a nuestras calles y nuestros campos para comprobar los terribles efectos del vendabal y no deja de sorprender que sólo una persona, en Fuerteventura, muriera por los efectos de la tormenta. No contabilizamos a los pobres inmigrantes de la patera que naufragó en las costas africanas porque a ellos nadie les avisó ni pudieron ver la imagen vía satélite de lo que se les venía encima.
Más allá de las sombras y de los interrogantes que -indudablemente- un evento de estas características ha sembrado en esta comunidad, y que los que tenemos las diferentes responsabilidades estamos obligados a resolver para que no se repitan en un futuro más o menos cercano. Una vez dicho esto creo que también procede felicitar al colectivo ciudadano de las islas, por el civismo y solidaridad demostrado en un momento tan difícil y extraordinario. Pero también hay que recriminar a los que han ignorado en estos últimos años las leyes de la naturaleza esgrimiendo "el progreso" y la modernidad como filosofía de vida y obra. Todas las "meteduras de pata" que estas situaciones sacan a la luz pública no pueden ser incorporadas al debe del famoso "cambio climático", para eludir las sucesivas equivocaciones de arquitectos, ingenieros, políticos y ciudadanos comunes que han dejado de lado la sabiduría popular, la observación del medio y las leyes naturales, todo ello ha sido obviado en pro de un progreso fundamentalmente cosmético y falto de contenido real.
Hasta ahora, los temporales eran anónimos. No los bautizaba nadie, tampoco les hacían fotos. Ahora pueden ser anunciados con varios días de antelación, algo vital. La memoria humana es corta. A pesar de ello todos recordamos temporales que arrancan árboles, arruinan cultivos, destruyen carreteras o anegan casas. Sin embargo ni "descascarillaban" rascacielos ni doblaban torres eléctricas, porque no teníamos, pero sí destejaban las casas o tiraban las chimeneas; siempre han sido recordados los vientos del oeste que caen desde el monte hacia el Valle de Güímar o a la zona de Las Breñas, en La Palma. La torre del Hospital Universitario orientada al poniente o al sur debe tener unas cristaleras con mayores esfuerzos que las orientadas al naciente, por pura lógica. Quizás es que este tema ya no es importante para los nuevos diseñadores de edificios e infraestructuras que se han olvidado de que la naturaleza incluso en este "Jardín de las Hespérides" debe ser respetada. Ladera abajo, el viento forma remolinos y va acelerando su velocidad hasta alcanzar niveles no previstos en los estudios de resistencia de estos materiales, y a las pruebas evidente me remito.
A todo lo anterior hemos de añadir que tenemos una sociedad que bebe agua de pozos o del mar, elevada o desalada con energía eléctrica, que cocina y se ducha con electricidad y que, a pesar de ello, no quiere torres. De ninguna manera esto justifica los evidentes fallos de la compañía que monopoliza el sumistro de energía en Canarias y a la que hay que exigir el mejor servicio y garantías de subsanar lo antes posible este tipo de situaciones. Sin embargo, debemos extraer conclusiones de indefensión y vulnerabilidad que tenemos todos, tanto en el plano individual como el colectivo. Y es que ahora en Canarias se mira más a la nevera o al congelador que al gallinero o a la huerta.
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Consejero de Medio Ambiente y Paisaje del CabildoInsular de Tenerife