EL CENTINELA

 

LA LEY DEL SILENCIO O CUANDO EL BARRANCO SUENA

AGUA DEL JORDÁN NO LLEVA (I)

Por Jose Almeida Afosno

 

Ningún militar, clérigo, ni lxs políticxs cortesanos de turno, ni siquiera los pseudointelectuales o artistas, estuvieron a la altura de las especiales circunstancias que la ocasión requería. Uno -ingenuo e iluso que siempre hasta el final espera un inesperado acto de rebelde decoro, una acción por simple vergüenza insumisa, o acaso una respuesta de cierta dignidad libertaria, de sencilla y llanamente de humana justicia, aunque fuere por una vez -aunque sólo fuere una- y atreverse a ser sinceros y decirle a la cara "Usted sabe bien, MUY BIEN,  que es una verdadera anacronía el mantenimiento de las monarquías hereditarias en los tiempos que vivimos, incluida por supuesto la española a la cual usted representa".

 

Oye, nada de nada; de nuevo mi gozo en un pozo.

 

No es la primera vez  que afirmo que nada de lo que sucede en las "altas esferas" es casual. Todo, absolutamente todo está estudiado, elaborado y diseñado hasta los más mínimos e insignificantes detalles, y entre más se empeñan en demostrarnos lo contrario, más cerca de la razón estamos nosotros. Y aunque dudemos de todo cuanto nos dicen sus voceros mediáticos, ni los más suspicaces llegamos a desentrañar sus últimos o primigenios motivos...

 

Sin embargo, en esta ocasión de una cosa sí que estoy absolutamente convencido, de que la venida de Los Monarcas españoles a una de sus últimas "colonias" en África no fue tan casual como  nos quieren hacer ver. De lo que no me atrevo a aventurarme es de cuáles han sido las verdaderas causas, las más profundas razones de este viaje al Archipiélago canario en su conjunto. Lo que sí firmaría, sin dudarlo ni un instante, es el párrafo que aparece en el libro "Orgullosamente bárbaro" (el motín de los esclavos), escrito por el compatriota y amigo Isidro Santana León y que dice "...Y tenían serias razones para dudar en exceso. Porque en efecto, la tierra que ocupaban, explotaban y manejaban los petulantes tragaldabas, fue arrebatada -antes- antes a los ascendientes de los insubordinados plebeyos, por aquella "nación" extranjera, precepto de su totalitaria y codiciosa monarquía. Nación imperialista que, (haciendo uso de la fuerza de las armas, arropando y abusando de la superioridad militar con que contaban) se la entregaron --como rédito- a los elementos más notables que habían participado en la invasión, quienes a su vez nepóticamente la repartieron s sus familiares.-- Excepto la parte de la corona ..."faltaba más".

 

ARTEVIRGO. LA ALDEA. CANARIAS. NOVIEMBRE DE 2006