Liberar la pobreza
Juan Jesús Ayala
Las Naciones Unidas decidieron que el día 17 de octubre fuese considerado como Día Internacional de la Erradicación de la pobreza y basado en esto se ha programado una campaña de
sensibilidad con el fin de provocar que se
haga universal para que los poderosos, que en su mayor parte son los que
han propiciado la pobreza en el mundo acudan a socorrer a los desposeídos para
liberarlos de esa miseria que les atenaza.
Liberar
la pobreza tal como está organizado el mundo
del capital es pensar que estamos
instalados en la más certera de las utopías
ya que vemos como cada día que pasa
las diferencias entre el norte y el
sur son más lacerantes. Se estima
que la mitad de la población mundial vive con menos de dos dólares al día y la mayoría de ellos esta en situación
de malnutrición crónica y preocupados como obtendrán la próxima comida. Hay mil millones
que no tienen acceso a agua limpia, 2
mil millones no tienen electricidad y la higiene para 2.500 millones esta ausente.
Y
la pregunta sería ¿por qué hay tanta gente hambrienta si globalmente la
producción de alimentos basta para cubrir las necesidades
nutritivas básicas de la población
mundial? ¿Cómo se podrá solucionar el hambre en el mundo cuando se sabe que las
víctimas del Tercer Mundo ya sea por
enfermedades no vencidas, por la subalimentación
y por las catástrofes naturales que se han cebado en países que carecen de la
más mínima infraestructura que los salvaguarde ha costado 54 millones de víctimas durante todo un año? Cifra que es para echarse a temblar si existiese
conciencia universal del problema y más aun cuando se sabe que esos millones de muertes
es lo que ocasionó toda la Segunda
Guerra Mundial.
Los países del Tercer Mundo lo que ganan mediante la exportación de su materia prima no le dan
para pagar por la importación de productos
manufacturados de otros países. Así
Senegal, que nos toca de cerca, es
un país monoproductor de cacahuetes y exporta toda su producción para comprar
arroz que es la base de su
alimentación. Pero de 100 kilos de
cacahuetes compraban años atrás 70 kilos de arroz; ya son 32 kilos de arroz lo que pueden canjear por 100 kilos de cacahuetes. Lo mismo sucede con el azúcar de Nicaragua, Hondura o Brasil
que han perdido en el mercado mundial el 37% de su valor.
¿Qué hacer para que el problema
al menos se atenúe? Si nos atenemos a las
recetas de los países que integran el G-8 que son los que mandan en el mundo del capital oímos de ellos que son los pactos comerciales,
los acuerdos del libre comercio o la
política desubvenciones lo
que hay que proponer. Lo que es la pescadilla que se muerde la cola y que le ha hecho decir al ministro de Alimentación de Ghana "basta que mencionemos los subsidios para que
nuestros socios en el desarrollo empiecen a
aullar y quieran cogernos y
devorarnos". No hay deseo para
liberar a la pobreza, países ricos
en café, diamantes y oro mal viven maniatados por los tentáculos de las multinacionales que no han salido de sus territorios, que los esquilman
y expolian aun más que en la época colonial.
Y de la pobreza, los que pueden, huyen; los que se quedan se sienten instigados y como carne de cañón de guerras tribales facilitadas por los de afuera. Pobreza que sube de nivel y que no tiene visos de solucionarse y que pondrá
en pie de guerra, ¿por qué no? a millones de
seres humanos que serán la espoleta que traerá al mundo occidental en jaque.
La civilización occidental en el tiempo no ha sido
capaz de enderezar los entuertos que ha
producido y si en un momento determinado
como el día señalado para tal fin se quiere
tener clara conciencia habrá que
mirarse hacia adentro y con miles de
gestos políticos ir hacia la confrontación con la pobreza, para al menos intentar paliarla.
Pero
no olvidemos que estamos en una época de políticas imperialistas y quizás el
rasgo fundamental de este nuevo imperialismo sea el propiciar una guerra de
civilizaciones que se reviste y
disfraza con los ropajes para luchar contra el terror que en realidad es
la lucha por apropiarse de los recursos del
Tercer Mundo para mantener una posición
de dominio a ultranza. Así que ante este
panorama inquisidor que se percibe, los barrotes de la cárcel de la
pobreza cada vez son
más fuertes e indestructibles.