ElGuanchePress
, 30-05-2005Liberté, Egalité, Fraternité, Solidarité
Más de un diez (10), sobresaliente cum laude, es la nota de final de curso de la ciudadanía francesa al haber rechazado el denominado tratado constitucional europeo por más de un diez por ciento de los votos emitidos [del no sobre el sí].
El resultado vino a confirmar lo que todas las encuestas pronosticaban en sus sondeos, si bien es cierto que los defensores del reaccionario y antidemocrático tratado no daban crédito a la evidencia, motivo por el cual las citadas encuestas se repetían una y otra vez a ver si ocurría el milagro, lo que dio lugar a la convocatoria electoral probablemente más encuestada de toda la historia.
El desespero de la Europa de la reacción era tal que en un intento de manipular a la opinión pública las instituciones se lanzaron en una frenética y antidemocrática campaña por el voto afirmativo, instituciones que deberían ser escrupulosamente respetuosas con la opinión de los administrados, sea esta favorable o contraria a las tesis oficiales.
Lo mismo ocurrió en el estado español, experiencia que algunos pensaron que a la desesperada podían trasladar a Francia, para lo que, haciendo el mayor de los ridículos el gobierno español presidido por Zapatero (Zapatero a tu zapato) desplazó sin ruborizarse al mismísimo presidente y al presidente en la sombra Felipe González, algunos de cuyos altos cargos todavía cumplen condena y otros los han excarcelado ellos mismos, que continúan con su política de criminalizar a todos los que disientan del pensamiento único de ellos, sobre todo los que no abracen el nacional- sindicalismo español al que ellos rinden culto, sin caer en la cuenta de que el hecho mismo de que España apoyara el tratado, aunque fuera un resultado ilegítimo al haber participado en la convocatoria española apenas el 30 por ciento de los electores con derecho a voto y no cuadrando en el recuento los resultados con los participantes, o sea pucherazo, el hecho mismo, decimos, ya era un dato muy sospechoso para la ciudadanía francesa, culta y educada donde las haya, con un sistema educativo laico, uno de los más progresistas de todo el planeta, lo que les motivó a leerse el tratado, máxime cuando era uno de sus compatriotas el responsable de su redacción.
Los gobiernos españoles no le resultan precisamente simpáticos a los franceses, constante que se repite a lo largo de la historia con todos los pueblos que han tenido que lidiar con ellos, con los españoles, lo que motivó que la visita de los extranjeros alemanes y españoles, participando descaradamente en los asuntos internos de otro país, ratificara a los astutos franceses en su firme, clara y segura decisión de rechazar el tratado y no dejarse vender gato por liebre, con el debido respeto para ambos animales.
Esto constituye la primera victoria del frente del NO al tratado, lo que no puede atribuirse en absoluto a la postura de la extrema derecha francesa, cuyo representante más famoso tuvo que permanecer en la sombra, en la oscuridad, haciendo honor a su ideología, para evitar el rechazo de los electores, que oportunistamente se apuntó al no en una histórica premonición del resultado.
Otro que no se rinde y provoca desde el mismo día de la consulta, ofendiendo la inteligencia de los sabios electores, es el propio Giscard, sugiriendo repetir la consulta el próximo año, por ver si suena la gaita... ya sabemos que los fascistas sólo son demócratas cuando triunfan sus tesis.
Obligado resulta la exigencia a aquellos países que han usurpado a sus ciudadanos la oportunidad de conocer, discutir y manifestarse sobre el tratado que están moral y democráticamente obligados a convocar referéndums en todos los países que han escamoteado, timado, privado, desfalcado, hurtado, rapiñado, estafado, saqueado, afanado a sus compatriotas la oportunidad de decidir sobre el tratado.
Muchos falsos políticos incluso ahora intentan minusvalorar el resultado negativo expresado en Francia, al ver torcido el denominado eje franco-alemán, de que ha sido un rechazo a la política del gobierno francés y no al tratado constitucional, como si no fuera la misma cosa.
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