Escrito
líbico-bereber en
Miguel Leal Cruz
Desde San Sebastián de
Se ha de partir de la teoría ya expuesta por la que el Sahara próximo (actualmente desierto arenoso) estuvo ampliamente poblado en otra épocas, aspectos deducidos por
estudios cronológicos en polinización, flora
o fauna para épocas relativamente
recientes en cronología histórica de
Por todo ello no ha de extrañarnos la identificación, ampliamente constatable
en lo humano, entre culturas de sustrato similar en todo el norte de África, pero extensible a las islas Canarias para diferentes épocas. Las industrias líticas, en hueso, la cerámica, y
especialmente en grabados de arte rupestre o pintaderas, que contextualmente nos demuestran un paralelismo cultural común.
Los grabados de El Julán,
al sur-oeste de la vecina isla de El
Hierro, se hallan inscritos en soporte de
basalto volcánico, escorias de lava
(sitos Frontera al sur de la misma) sobre
terrenos de pastoreo con gran inclinación de montaña hasta el Mar de Las Calmas. El descubridor de estos jeroglíficos, el presbítero Padrón hacia el año 1875, los consideró como caracteres de extraña apariencia, agrupados en dos o más, y que refutó como "signos primitivos (escritúrales o numéricos) de una época remota". Aparecen inscripciones alfabéticas, líbicas -que a su vez se encuentran en otros lugares de la misma isla- y sobre todo grabados domésticos
compuestos por círculos aislados partidos
por uno o más diámetros tangentes,
trazos sinuosos en herraduras, así
como la característica espiral de carácter
casi genérico en todas las islas (en concomitancia
tal vez con otras aparecidas en
Bretaña o Irlanda).
Múltiples han sido las interpretaciones en torno a tales grabados, pero todos son coincidentes con el emparentamiento norteafricano, de similar
estructura con los signos aparecidos en
lugares tan distantes como las estaciones
de Hagaar y Tibesti en el mismo centro del desierto sahariano.
Pero el colmo de la interpretación aislada,
posiblemente politizada o interesada, corresponde a Hernández Rubio Cisneros (ya desaparecido) que en uno de sus libros sostiene que "los petroglíficos canarios en
general son objeto de mucho teatro",
dudando incluso que sean grabados líbicos y de origen norteafricano, para añadir que "pudieran haber sido realizados
por cualquiera que vagara por aquellas
rocas (refiriéndose a los de El Julán) y se aburriera solemnemente, bien en tiempo prehistórico como histórico...", lamentable deducción a
nuestro entender que sí es capaz de aburrir a cualquier entendido en esta materia. Si nos atenemos a ello conduciría a otra lamentable
conclusión como es considerar los
grabados milenarios de
En
otra estación, la de Zonzamas (Lanzarote), los grabados aparecen en soporte de rocas fonolíticas (o en bloques de basaltos sueltos) y su contexto arqueológico se halla claramente definido por la
presencia de otras formaciones de sustrato
como las queseras y poblados de superficie, según nos dice la doctora Arco Aguilar o el doctor Jiménez Gómez, ambos de
Todo lo que antecede, ya definido en varios tratados
al respecto, nos conduce a pensar que el
trasiego entre África y Canarias (o hacia
la península Ibérica a través del estrecho brazo de mar que es Gibraltar), no tiene lugar ahora (con o sin cayucos), sino que data de épocas remotísimas que podrían supera los cien mil años pero que no existen (hasta ahora) elementos probatorios concluyentes, a decir de los expertos, aspecto que no discutimos por no ser esta nuestra especialidad.
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