Escrito líbico-bereber en La Gomera

Miguel Leal Cruz

 

Desde San Sebastián de La Gomera, en noticias de prensa, leemos que hallan en la isla colombina el mayor tex­to líbico beréber de Canarias aparecido en las paredes de una pequeña cueva. El presidente cabildicio y rector institucio­nal gomero don Casimiro Curbelo califi­ca este descubrimiento como "crucial pa­ra las investigaciones de las sociedades prehistóricas", evidentemente avalado por el dictamen del profesor de Prehisto­ria de la Universidad de La Laguna el doctor Francisco Navarro Mederos quién aclaró que las inscripciones rupes­tres encontradas se incluyen dentro de un conjunto arqueológico relativamente bien conservado en un paraje natural muy poco modificado y que se espera ha­llar nuevas estaciones que corroboran la relación cultural entre Canarias y Norte de África (actual Libia), ya demostrado en los jeroglíficos de El Julán (Hierro).

 

Se ha de partir de la teoría ya expuesta por la que el Sahara próximo (actual­mente desierto arenoso) estuvo amplia­mente poblado en otra épocas, aspectos deducidos por estudios cronológicos en polinización, flora o fauna para épocas relativamente recientes en cronología histórica de la Humanidad (10-2000 años AC). Poblamiento éste considerado en función paralela con variadas micro osci­laciones climáticas que tuvieron lugar en dicho periodo y que el investigador fran­cés J. Hugot ha estudiado meticulosa­mente en un capítulo de Historia de Áfri­ca editada por la Unesco (recomendado a estudiosos en esta materia).

 

Por todo ello no ha de extrañarnos la identificación, ampliamente constatable en lo humano, entre culturas de sustrato similar en todo el norte de África, pero extensible a las islas Canarias para dife­rentes épocas. Las industrias líticas, en hueso, la cerámica, y especialmente en grabados de arte rupestre o pintaderas, que contextualmente nos demuestran un paralelismo cultural común.


Los grabados de El Julán, al sur-oeste de la vecina isla de El Hierro, se hallan inscritos en soporte de basalto volcánico, escorias de lava (sitos Frontera al sur de la misma) sobre terrenos de pastoreo con gran inclinación de montaña hasta el Mar de Las Calmas. El descubridor de es­tos jeroglíficos, el presbítero Padrón ha­cia el año 1875, los consideró como ca­racteres de extraña apariencia, agrupa­dos en dos o más, y que refutó como "sig­nos primitivos (escritúrales o numéricos) de una época remota". Aparecen inscrip­ciones alfabéticas, líbicas -que a su vez se encuentran en otros lugares de la mis­ma isla- y sobre todo grabados domésti­cos compuestos por círculos aislados partidos por uno o más diámetros tan­gentes, trazos sinuosos en herraduras, así como la característica espiral de ca­rácter casi genérico en todas las islas (en concomitancia tal vez con otras apareci­das en Bretaña o Irlanda).

 

Múltiples han sido las interpretacio­nes en torno a tales grabados, pero todos son coincidentes con el emparentamien­to norteafricano, de similar estructura con los signos aparecidos en lugares tan distantes como las estaciones de Hagaar y Tibesti en el mismo centro del desierto sahariano. La Sociedad Geográfica de Madrid en 1877 o nuestro Sabino Berthelot consideran posible su pertenencia al mismo tipo de escritura libio-beréber y relaciona estos grabados con los apareci­dos en distintas zonas del Norte de Áfri­ca. No pretendemos desvirtuar la teoría de Pablo Novoa arqueólogo gallego y au­tor del libro Los araguaco-taínos: una cultura precolombina en las islas, por ser otra posibilidad más de poblamiento arcaico.

 

Pero el colmo de la interpretación ais­lada, posiblemente politizada o interesa­da, corresponde a Hernández Rubio Cisneros (ya desaparecido) que en uno de sus libros sostiene que "los petroglíficos canarios en general son objeto de mucho teatro", dudando incluso que sean graba­dos líbicos y de origen norteafricano, pa­ra añadir que "pudieran haber sido reali­zados por cualquiera que vagara por aquellas rocas (refiriéndose a los de El Julán) y se aburriera solemnemente, bien en tiempo prehistórico como históri­co...", lamentable deducción a nuestro entender que sí es capaz de aburrir a cualquier entendido en esta materia. Si nos atenemos a ello conduciría a otra la­mentable conclusión como es considerar los grabados milenarios de La Palma, Bretaña, Irlanda o Escocia (espirales con un formato común), e inclusive los hititas o egipcios como obras de pastores abu­rridos y no de artistas despistados pero sí creadores de arte, que el ser humano lle­va implícito desde que tuvo raciocinio.

 

En otra estación, la de Zonzamas (Lanzarote), los grabados aparecen en soporte de rocas fonolíticas (o en bloques de basaltos sueltos) y su contexto ar­queológico se halla claramente definido por la presencia de otras formaciones de sustrato como las queseras y poblados de superficie, según nos dice la doctora Ar­co Aguilar o el doctor Jiménez Gómez, ambos de la ULL. Aparecen dos técnicas para ejecutar el grabado: el picado y la incisión que pueden o no coexistir en el mismo yacimiento con motivos diversos. Así aparecen con caracteres líbico beré­beres en Peña de Juan del Hierro o Luis Cabrera que pueden ser considerados pleno - históricos o pompeyanos de es­critura latina (propios del castellano anti­guo), según A. Betancort, con trazos rec­tilíneos aislados o formando combinacio­nes asimétricamente cruciformes, o com­binados con motivos curvilíneos que apa­recen con carácter general en todas las Islas del Archipiélago.

 

Todo lo que antecede, ya definido en varios tratados al respecto, nos conduce a pensar que el trasiego entre África y Canarias (o hacia la península Ibérica a través del estrecho brazo de mar que es Gibraltar), no tiene lugar ahora (con o sin cayucos), sino que data de épocas re­motísimas que podrían supera los cien mil años pero que no existen (hasta aho­ra) elementos probatorios concluyentes, a decir de los expertos, aspecto que no discutimos por no ser esta nuestra espe­cialidad.

 

* Publicado en  La Gaceta de Canarias, 7 octubre 2006