Literatura y
dolor
Juan Manuel
García Ramos
La escritura literaria puede redimirnos
del dolor? Sí, pero hay que lograr que el resultado de
ese ejercicio de caligrafía imaginativa contenga brillo propio y no se quede en
la quejumbre, en la lástima que se lame a sí misma.
Recomiendo a todos los padres y madres de hijos adolescentes y algo más que
adolescentes con problemas de salud mental que lean la última novela de Luis
Mateo Díez: La piedra en el corazón (Galaxia Gutenberg,
2006), porque en esas páginas podrán comprobar que el sufrimiento también es un
material apropiado para la estética, que la literatura de calidad puede
ocuparse de todo lo que le dé la gana para demostrarnos que muerta no está, que
siempre hay algo que decir sobre lo dicho hasta ahora, aunque tantos
"emisarios de la nada" se jacten cada día de alejarse del compromiso
que la literatura ha contraído desde sus orígenes con la indagación de todo lo
humano.
El escritor leonés y miembro de
La piedra en el corazón es la historia de una familia, de una ciudad y
de un día: la familia que forman Liceo y Aurea y la
hija de ambos, Nima; la historia de Madrid y del once
de marzo de 2004, aunque estas dos últimas circunstancias sean más bien
espectrales frente a la fuerza que cobra en el relato la enfermedad padecida
por Nima, un trastorno bipolar agravado por la
ingestión periódica de pastillas y alcohol, y la desazón lúcida que produce ese
quebranto de Nima en el padre, que es la voz que
conduce y modela la narración de los hechos.
El trastorno bipolar es un simple desequilibrio bioquímico del cerebro que te
lleva del cielo al infierno, o viceversa, en un corto espacio de tiempo. Una
enfermedad del alma que no deja alcanzar, a quienes la padecen, el sosiego
emocional suficiente para pasar por este mundo como uno más de los tantos
capaces de enfrentar la vida sin mayores complicaciones. Las huidas hacia la
depresión, hacia esa muerte en vida, o hacia fases maniacas, hacia ese insomnio
permanente, hacia esa fiebre sin décimas, son las huidas que el enfermo hace de
sí mismo y del mundo que le ha tocado vivir y que él no acepta.
Dicen los estudiosos de ese mal que sus síntomas estaban en biografías
ilustres, como las de los escritores Mark Twain o Ernest Hemingway, como las de los músicos Tchaikovsky
o Schumann, como las de los pintores Van Gogh y Gauguin, o como las de los
líderes políticos Winston Churchill
y Oliver Cronwell.
Pero esa nómina de personalidades nada le dice a un bipolar, en nada le ayuda
en su diaria batalla por ordenar una vida condenada al desorden, a la
dispersión permanente y a la indefensión.
En su novela, Luis Mateo Díez parte de esta batalla perdida de antemano y trata
de encontrar en las palabras de la tribu, en ese número limitado de elementos
fonológicos que es el lenguaje, a su vez abierto a una ilimitada potencia de
creación semántica, la manera de combatir una enfermedad de mierda, como, en la
desesperación, llama Liceo, el narrador de la historia, al mal que agrede a su hija.
Ante la dramática experiencia familiar, el autor de La piedra en el corazón
pudo decirse algo parecido a lo que, en su día, proclamó un crítico
estadounidense tan divulgado como Harold Bloom después de ver de cerca la muerte: "Casi todos
nosotros sabemos que la sabiduría se va de inmediato al garete
cuando estamos en crisis".
Sin embargo, esa no fue su reacción. La mejor forma de luchar contra algo que
nos produce miedo es combatirlo a base de información fidedigna. El
conocimiento -¿el apalabramiento?- es una de las
armas más eficaces para descubrir cómo funciona la realidad.
Y esa es la misión que se impone Liceo/Luis Mateo Díez para saber algo más de
lo que pasa en su familia a través de la fábula que nos ha dejado escrita.
Liceo, el personaje narrador de La piedra en el corazón, se dice en un
momento determinado que la escritura es una norma de orden en el desorden, un
hilo de lucidez en la oscuridad.
Liceo ve a su hija Nima rellenar con furia cuadernos
"que, cada poco, tira a la basura y que jamás relee", esa hija no
hace otra cosa que perseguir el rastro de alguna emoción oculta que no va a
sustanciarse y que, si acaso lo hiciera, no contribuiría precisamente a su
sosiego. Pero la persecución en sí misma es una forma de liberación.
En cierta forma, ese Liceo/Luis Mateo Díez redacta La piedra en el corazón
bajo las mismas presiones anímicas, por los mismos motivos evasivos, de pura
catarsis.
Y en esas labores descubre que "las palabras acaban conformando la materia
de la realidad, acaban siendo la única realidad objetiva, no hay otra cosa que
lo que ellas son y expresan, por mucho que lo que sean y expresen no resulte la
auténtica verdad".
A la hora de enfrentar ese drama familiar de la imposible convivencia de padres
e hija, Liceo/Luis Mateo Díez cae en la cuenta de que las palabras sólo
recomponen de un modo improbable todo lo sucedido y padecido, esas palabras que
tanto le gustan y que tan inútilmente lo acompañan.
La piedra en el corazón es una novela útil tanto para su autor como para
cualquier lector familiarizado con casos clínicos como los tratados en ella.
Luis Mateo Díez nos demuestra en sus páginas líricas, en esa prosa depurada
hasta la exquisitez, que la fuente del recuerdo, nuestra memoria de lo sufrido,
también puede ser una vía para el presentimiento. Y esa es la estrategia que
sigue para acabar la historia triste de Nima con un
bello y promisorio final.
Hablando de su último libro estos días atrás con Luis Mateo Díez, durante una
fría tarde lagunera, me comentaba que él no podía moralmente echar mano de un
final trágico para su obra porque siempre hay que dejar una puerta abierta a la
esperanza, y en eso la literatura tiene una responsabilidad ineludible.
Escribimos para vivir situaciones que acaso la vida nunca nos hubiera
facilitado, y escribimos además para llegar a entender aquello para lo que no
existe explicación alguna. Entre otras cosas, para llegar a entender el dolor,
y de entre esos dolores, el más duro de todos: el dolor de un hijo.
Hasta ahora conocía una gran novela sobre ese asunto, Mortal y rosa, de
Francisco Umbral. Mi último hallazgo es La piedra en el corazón, de Luis
Mateo Díez. Una novela sobre la crisis de nuestra juventud, esa juventud que se
nos va de las manos y que nos obliga a su salvación aunque nuestras vidas
mismas se vayan en el intento.
La literatura de calidad no es que esté muerta es que es la única disciplina de
la que disponemos para saber lo poco que se nos permite sobre el conocimiento y
el desconocimiento del ser humano.
La contribución de Luis Mateo Díez a este
esfuerzo casi imposible es de agradecer.