¿Efecto llamada o efecto expulsión?

 

Justo Fernández Rodríguez

 

Pese a los mayores obstáculos, continúan llegando pateras y cayucos a Canarias, con inmigrantes indocumentados. Y no siempre logran alcanzar las costas canarias. Según el comisario europeo de Seguridad y Justicia, Franco Frattini, "el número de inmigrantes que han perecido ahogados, este verano, al intentar llegar a Europa es de 3.000", más del doble de las víctimas del reciente conflicto bélico del Líbano.


La inmigración sigue suscitando una confrontación política indeseable, interesada y electoralista. La injustificada acusación al Gobierno de Rodríguez Zapatero, de haber provocado el denominado efecto llamada, con la regularización de 600.000 inmigrantes irregulares que, sin documentación, deambulaban por las ciudades españolas, sin ser repatriados, explotados por empresarios sin escrúpulos -con la permisividad de los gobiernos de Aznar, incidiendo negativamente en el empleo formal y los salarios de millones de trabajadores españoles-, es una autentica falacia, sin mayores objetivos que los intereses electorales del Partido Popular y Coalición Canaria. En la Unión Europea viven más de quince millones de africanos que, en su mayor parte, han entrado ilegalmente.


No voy a entrar en las decenas de situaciones que provocan el denominado efecto llamada. Las antenas parabólicas de las televisiones, que muestran cómo es la vida en el mundo desarrollado, o las remesas dinerarias a las familias de los que han logrado entrar son un claro ejemplo. Sin entrar en las consecuencias del expolio que caracterizo la colonización, los terribles efectos de la esclavitud y el reparto artificial del continente en estados artificiales, la descolonización provocó permanentes luchas por el poder y la aparición de numerosos dictadores, crueles y corruptos, apoyados por las potencias colonizadoras, que desencadenaron persecuciones, matanzas y guerras, tribales, étnicas o religiosas, con millones de muertos y la huida de decenas de millones de personas.


El colonialismo y quienes han pretendido justificarlo han contribuido a crear una imagen de los africanos como seres primitivos, retrógrados y obstruccionistas de la modernidad. Esas descalificaciones continúan utilizándose por los grupos xenófobos y racistas, para mantener, con llamamientos alarmistas, el temor de los ciudadanos.


Los movimientos migratorios se incentivan, realmente, por lo que puede considerarse el efecto expulsión. Organismos especializados de Naciones Unidas consideran que la situación de hambruna en el África subsahariana, se agrava. Advierten que doce millones de personas corren serio peligro. La organización Oxfam ha informado que las hambrunas en África se están produciendo con una frecuencia tres veces superior a la década de los 80, pero la respuesta mundial continúa siendo "demasiado poca y demasiado lenta". Los conflictos, la pobreza, la falta de inversión en el desarrollo agrícola, las reglas comerciales injustas, el sida y el cambio climático están acentuando la escasez de alimentos para 750 millones de personas del África subsahariana. Oxfam, en su informe de julio de 2006, denuncia que los conflictos perturban el desarrollo de la actividad económica, reducen las inversiones y desvían recursos a fines militares. Muchas personas se ven obligadas a desplazarse o se refugian en centros urbanos; huyen del campo o son reclutadas, heridas o asesinadas, lo que ocasiona el abandono de las granjas, con drásticas consecuencias para la producción de alimentos. Las infraestructuras rurales y los mercados pueden ser destruidos y la tierra cultivable puede convertirse en inaccesible por culpa de las minas".


El número de de personas del África Subsahariana que sobreviven con menos de un dólar al día, prácticamente, se ha duplicado desde 1981, alcanzando la cifra de 313 millones de personas, lo que representa el 46% de la población. Una gran responsabilidad la tienen los malos gobiernos, la corrupción y el clientelismo. Un análisis de la FAO demuestra que los países en los que más aumento la pobreza y el hambre, "tenían los gobiernos más inestables, el Estado de Derecho más débil y la corrupción mas galopante". Oxfam denuncia que, en muchos casos, "las crisis alimentarias se dan incluso cuando hay alimentos disponibles en los mercados locales. Esto se debe, principalmente, a la pobreza, que limita la capacidad par comprar alimentos suficientes. Cualquier reducción, por pequeña que sea, de su poder adquisitivo puede volcar a estas familias hacia la crisis y el hambre".


La ayuda alimentaria salva vidas, pero no ofrece soluciones a largo plazo y, en el peor de los casos , puede incluso exacerbar la inseguridad alimentaria. El gasto en ayuda humanitaria se ha incrementado, pasando de los 946 millones de dólares en 1997 a 3.000 millones, en 2003; mientras, la ayuda para la producción agrícola en África Subsahariana ha experimentado un descenso del 43% entre 1992 y 2002. El 80% de la ayuda alimentaria que se dona procede de los países ricos. Estas ayudas suelen tardar en llegar más de cuatro meses y los costes de transporte las encarecen hasta un 50% más que si se hubieran comprado en la región. "La clave está en que para los países ricos, la donación de comida es una forma de subsidiar a sus propios agricultores y beneficiar a sus transportistas, aunque la ayuda salga más cara o pueda ser inadecuada para las necesidades nutricionales de los que la necesitan. Mientras el 70% de la población vive de la agricultura, la inversión en ese sector es de sólo el 5% de los presupuestos nacionales". Rafael Vilasanjuán, director de Médicos Sin Fronteras de España, advertía que "estamos dejando morir a toda una generación en África".


En estos días, los suizos fueron convocados a un referéndum para endurecer las leyes de asilo y extranjería, con un gran éxito para los partidos más reaccionarios. Pese a que no voto ni el 50% de electorado, los resultados fueron claramente favorables al blindaje contra la inmigración. Resulta sorprendente que una nación a la que no le ha importado ser refugio secreto para el dinero robado por todos los gobernantes corruptos del mundo, de los más crueles dictadores, de los grandes evasores de capital, del dinero del narcotráfico y de la delincuencia internacional, todos extranjeros, pongan toda clase de obstáculos a quienes vienen huyendo del hambre, la guerra y de los dictadores corruptos.


Al parecer, según algunos políticos, habría que tener un comportamiento represivo y xenófobo con los inmigrantes para que no se produjera el efecto llamada. ¿Por qué se les recoge en alta mar cuando están a punto de naufragar o morirse de hambre, de sed o hipotermia? ¿No sería más práctico hundirlos a cañonazos o atravesarlos con el acero de la proa de una fragata? ¿Por qué los canarios, cuando recalan algunas pateras en las playas de las Islas, los atienden en un ejemplo de solidaridad admirable, en lugar de dejarlos que se mueran en la arena? ¿Eso es lo que pretenden algunos políticos, miembros de ayuntamientos, presidentes de cabildos o consejeros del Gobierno autónomo, que pedían la intervención activa de la Armada, aunque luego derramen lagrimas de cocodrilo por la "situación humanitaria" de los inmigrantes? No quiero decir lo que hacían los nazis alemanes cuando "los campos de concentración", aludidos por Paulino Rivero, se colapsaban.