SOBRE EL LLAMADO
"PACTO SOCIAL POR LA SANIDAD CANARIA"
Arturo Borges Álamo *
Últimamente, el Gobierno de Canarias viene desarrollando una intensa campaña propagandística con el mencionado título que nos emplaza a insistir en el debate acerca de tan vital asunto para la ciudadanía de nuestras islas. Y nunca mejor dicho lo de vital, ya que para mucha gente la situación de la sanidad canaria es actualmente una cuestión de vida o muerte y puede serlo en cualquier momento para todos salvo para los que están por encima de los comunes mortales, es decir, la oligarquía, a esos no les afecta esta problemática ni a los burócratas que están a su servicio como es el caso del concejal de CC Antonio Bello que sirve de ejemplo hecho público como demostración de lo que estamos señalando.
Desde hace años venimos asistiendo a un considerable deterioro de la sanidad pública, paso necesario para que la gran potenciación de la sanidad lucrativa privada, a base del dinero público de los conciertos que los gobiernos de CC han desarrollado con sus mentores y amigos empresarios de la mencionada sanidad privada (tenemos el crecimiento más desproporcionado de la inversión y del número de camas privadas), pudiera ser rentabilizada mediante la derivación de la asistencia más "rentable"así como la canalización del descontento de las clases medias y dado su poder adquisitivo la consiguiente atracción hacia la sanidad privada vía aseguramientos profesionales, de empresa o como particulares. Por otro lado se va produciendo la descapitalización del sistema público que al perder esos recursos desviados sufrirá el consiguiente languidecimiento de programas, equipos y personal.
Entre las deficiencias más destacadas de la asistencia sanitaria, cabe señalar las largas listas de espera que son las más largas de todo el Estado español y de la Unión Europea, amén de otras deficiencias comunes al conjunto del Estado como el escaso tiempo de visita del médico de Atención primaria (escasez de recursos y elevado número de pacientes por médico) y otras pésimas condiciones de trabajo como la alta precariedad laboral. El gasto de un 5,8% del PIB, muy por debajo de la media de la Unión Europea (7,3%) y si descontamos de ese gasto el 20% que corresponde a farmacia, nos queda realmente un 4,7% del PIB en gasto público sanitario no farmacéutico que es la cifra más baja de la UE (junto con Grecia).
Esta falta de recursos explica en gran parte las graves deficiencias del sistema sanitario español. Tenemos el porcentaje más bajo (30%) de población que manifiesta satisfacción con el sistema sanitario (Encuesta de salud del EUROSTAT). Además debemos señalar la gran pobreza de la infraestructura de los servicios de Salud Pública, contando con las mayores tasas de nuestro entorno en cuanto a mortalidad por enfermedades infecciosas y parasitarias resultado del control deficitario de la higiene alimentaria y ambiental. La exposición a ruidos por el tráfico es de las más altas de la UE (Encuesta de salud del EUROSTAT) así como las tasas de mortalidad en el lugar de trabajo que nos sitúan a niveles del Tercer Mundo.
Otra clave para abordar los problemas de la sanidad, decisiva para reorientar y reenfocar el debate político al que debemos lanzarnos con decisión, es la consideración de la asistencia sanitaria en el seno de un más amplio contexto de "política eficaz de salud". Es decir, las medidas preventivas o la falta de ellas, ya que poseen mayor valor social que los tratamientos curativos, abordando la salud como producto de la organización social, económica y por tanto de la política.
En este terreno cabe aclarar que la lucha contra "los malos estilos de vida" es absolutamente insuficiente. Es evidente que el tabaco mata, pero ¿por qué un hombre o una mujer van a privarse del placer de fumar si su vida es deprimente y aburrida, su trabajo alienante y sus perspectivas de futuro inexistentes?. Pensemos en la pobreza, en el estrés y en la ausencia de control sobre la propia vida tanto laboral como social y económica que padecen muchos ciudadanos, en la marginación de los desempleados, de los enfermos mentales y en la soledad, aislamiento y exclusión de muchos mayores (¡para qué llegar a viejos¡).
Partimos de unos indicadores de desarrollo económico-social como el porcentaje del PIB que se dedica a gasto social (20,2% del PIB), o el porcentaje de la población adulta que trabaja en los servicios del Estado del bienestar, como sanidad, educación y servicios de ayuda a la familia (5,6%), que son mucho más bajos que los promedios de la Unión Europea (28% del PIB de gasto social y 10% de la población adulta trabajando en aquellos servicios). Así mismo son peores otros indicadores específicos como porcentaje de la población bajo el umbral de pobreza, en situación de desempleo y de empleo precario, pensión promedio, etc.
La observación más frecuente y persistente de las investigaciones de salud pública es que en líneas generales cuanto más abajo se esté en la jerarquía social, definida en términos de trabajo, vivienda, educación, ingresos, o lo que sea, menor probabilidad se tiene de mantener una buena salud, e inferior esperanza de vida.
Así pues, es necesario luchar por los cambios sociales, económicos y políticos imprescindibles para sentar las bases de otra sociedad, de otra situación de salud y de otra sanidad. Frente al modelo imperante tanto en Canarias como en el resto del Estado hay que ofrecer otra perspectiva que para resolver las necesidades de la población habrá de ser muy distinta o no servirá. Ese debe ser el pacto social y político de la mayoría de la sociedad canaria frente a la oligarquía, su burocracia y su sistema. Debemos eliminar las desigualdades impuestas por el sistema capitalista, transformándolo y con ello también la enfermedad, la pobreza, los malos tratos, los asesinatos, los suicidios, las violaciones, la falta de salud y el sufrimiento.
Dichas transformaciones deben conducir, en la lucha decidida contra la pobreza, a medidas de empleo, de pensiones, de vivienda, de salubridad ambiental y de desarrollo comunitario.
En la aplicación de políticas de empleo con readaptaciones profesionales y pleno empleo, seguridad en el mismo, mejora de los salarios inferiores, reducción máxima de tareas repetitivas y sin interés y control sobre el proceso de trabajo así como de la salubridad del ambiente laboral.
Con una política de viviendas sociales, en condiciones de habitabilidad y salubridad. Además, deberá dedicarse una especial atención a la educación continuada y al desarrollo personal.
En el terreno estrictamente sanitario se deberá profundizar en la prevención y salud pública frente a la asistencia sanitaria. Ello traerá consigo un modelo sanitario más racional en el que las comunidades estén involucradas participando, donde la higiene y prevención contendrá la tendencia expansionista del gasto sanitario incontrolado. Evidentemente, en el proceso dirigido a alcanzar todos estos objetivos la sanidad privada habrá de ir retrocediendo a favor de una potente sanidad pública en la que también se integre una farmacia pública como expresión de que en lo que respecta a la salud no cabe que ésta sea considerada como una mercancía más y por tanto que la tendencia imperante sea la contraria de la actual, verdaderamente a favor de la mayoría social. Ese debe ser el pacto social por la sanidad canaria y no otro.
* Médico