Llanto por Masca
Adrián Alemán de Armas
Fue como el primer flechazo. La visión
del Caserío desde
Multitud de idas y venidas; por Santiago del Teide o por Buenavista. La
inmensidad de los Gigantes Acantilados; la siempre intrigante garganta por
donde se vislumbraba
Vi en el telediario los caminos iluminados por los
postes eléctricos. La luz daba una sensación de esperpento porque parece que
nos estaba diciendo ¡véanlo bien, Masca está ardiendo! Dos lágrimas asomaron a
los bordes y logré mantenerlas porque sabía que no iban a apagar el fuego; el
viejo Caserío moría como había muerto José Pérez, Leonila, Juan de Armas,
Masca, que en otro momento (1985) fue incoado como BIC, ha quedado desolado por
las arrogancias, las ineptitudes, las soberbias, las UTES, las carencias
económicas y sobre todo por la inoperancia de las autoridades regionales que ni
siquiera han sabido proteger ese medio del que tanto han presumido con
eslóganes ya marchitos y palabrerías inútiles. Lo siento. Me duele como
ciudadano y como estudioso del medio rural canario, a sabiendas que ya estará alguien
pensando restaurar sus modestas construcciones. Difícil me lo ponen; Masca es
un homenaje a la vida autogestionada, al ecosistema mínimo, a la
autosuficiencia. Así era su arquitectura irrepetible como trozos de lava
emergidas de la base volcánica de sus asentamientos. Es imposible copiar la
naturaleza, repetir sus formas y sus sentimientos, por muy osados
patrimonialistas que los haya. Masca ha sido mutilada por el fuego. Nadie le
había hecho caso como Bien de Interés Cultural; y ahora qué quieren ¿recopiar la miseria?, ¿resucitar la indigencia? Ahora Masca
debería convertirse en denuncia permanente de la estupidez política mostrando
su maltratadas estructuras como hiriente mensaje a la sociedad canaria y como
homenaje a todos aquellos que siempre han luchado por sacarla del olvido,
olvido en la que se vio envuelta tras las importantes horas previas que
pudieron haber impedido su destrozo. A mi me queda la última vez que estuve
inmerso en su paisaje, el primer domingo del pasado mes de Octubre, cuando se
descubrió un monumento en la misma plaza a José Pérez. Seguramente desde la
soledad de los laureles de Indias, Pérez habrá llorado junto con todos sus con
vecinos de antes y de ahora la desazón de la pérdida del pueblo vital más
pequeño de las Islas.