¿Por qué Alonso Fernández de Lugo durante la conquista de Tenerife no vino a La Palma?
Pedro Nolasco Leal Cruz
Para empezar, tenemos que tener en cuenta que los Reyes Católicos en 1492 dan la conquista de las islas que faltaban por conquistar, a saber La Palma y Tenerife, a Alonso Fernández de Lugo; éste arriba a La Palma por el puerto de Tazacorte el 29 de septiembre de ese año, por lo que en su honor fundó la iglesia de San Miguel, y después de siete meses de pactos y luchas logró acabar con la resistencia de la isla el 3 de mayo del año siguiente, 1493, y ese mismo día fundó Santa Cruz de La Palma. Las dos fechas de comienzo y finalización de la conquista están reflejadas en el nombre de la isla: San Miguel de La Palma, y de su capital: Santa Cruz de La Palma.
Hay que tener en cuenta que en esta isla se gesta la conquista de Tenerife; véase lo que nos dice Abreu Galindo: "Después que fue conquistada la isla de La Palma, como está dicho, por Alonso de Lugo, luego determinó venir a Tenerife con casi mil soldados que se hallaban bien aderezados; y con ellos se embarcó y vino a la isla de Tenerife, dejando buena guarnición en La Palma, y vino a tomar puerto en Santa Cruz, tres días de mayo, año de 1493 (realmente es 1494). Llamábase este puerto Añazo; y púsole nombre Santa Cruz, por haber tomado el puerto en aquel día". Es decir, Alonso Fernández de Lugo, un hombre, al parecer, sin escrúpulos, pero de profundas convicciones religiosas, parte de Santa Cruz de La Palma, uno o dos días antes de la Santa Cruz, para arribar el día de la Santa Cruz a lo que hoy es Santa Cruz de Tenerife, conocido como Añazo (valga la redundancia).
Probablemente el origen del nombre de las dos capitales canarias le venga de la alegría que le produjo el haber conseguido tal día la finalización de la conquista de la isla de La Palma (su primer éxito como conquistador).
Poco después tiene un gran revés en Tenerife. Sus tropas son totalmente arrasadas en la conocida como Batalla y Matanza de Acentejo. El Adelantado tiene que buscar refuerzos para poder continuar la conquista; pero aquí está la incógnita, ¿por qué no lo hace a "su isla recién conquistada de La Palma, de la que era dueño y señor", sino tiene que hacerlo a Gran Canaria, en la que había vendido todo lo que tenía para sufragar la conquista? Esta pregunta hasta ahora nadie se la ha hecho. Quizá se piense que, como luego Gran Canaria tuvo (y tiene) más población y más riqueza que La Palma, era la mejor solución. Pero en aquella época no lo era así, incluso el puerto de San Sebastián de La Gomera tenía más importancia que el de La Luz de Las Palmas, y más tarde el puerto de Santa Cruz de La Palma llegó a ser el tercero del Imperio Español, después de Sevilla y Amberes. El problema no era éste. El quid de la cuestión era que la isla de La Palma estaba en rebelión. Véase lo que nos dice Abreu Galindo: "Los palmeros, como (cuando) vieron al capitán Alonso de Lugo fuera de la isla (de La Palma), levantáronse más de trescientos palmeros, los cuales hacían mucho daño. De esto fue avisado Alonso de Lugo, que estaba en Tenerife; y por no dejar de proseguir la empresa comenzada, mandó por capitán de la isla de La Palma, para que la quietase, a Diego Rodríguez de Talavera, hombre plático y cursado en la guerra y conocido de los palmeros. El cual, venido que fue a La Palma con treinta soldados, recogió alguna gente y amigos que se juntaron, y con ellos, después de algunos reencuentros que tuvo, los desbarató, aunque le costó algunos soldados que le mataron, y muchos heridos. Pero al fin con su industria, los tornó a quietar, y puso la isla en paz y sosiego, haciendo en los alzados castigo ejemplar, con el cual estuvieron siempre leales y obedientes".
Abreu Galindo, tan dado y aficionado a dar fechas, no nos da ninguna aquí. No sabemos cuándo se acabó de apaciguar La Palma. Si leemos al grancanario Tomás Marín de Cubas (1694), éste nos dice, al terminarse la conquista de Tenerife: "Diose luego aviso a Sus Altezas enviando a España siete guanches, los más notables; y dejando Alonso de Lugo bastante guarnición (en Tenerife), dio la vuela a La Palma sobre ciertas discordias que luego apaciguó".
Cabe decir que todo lo que Marín de Cubas dice de la conquista de La Palma lo toma de Abreu Galindo. El manuscrito de éste sufrió muchas alteraciones, como bien nos dice Alejandro Cioranescu; quizá esta referencia de Marín de Cubas estaba en el susodicho manuscrito de Abreu Galindo que luego alguien, al copiarlo, desechó.
Por otra parte, la revuelta debió de ser cruel y atroz, pues según nos cuenta el palmero Pedro J. de Las Casas Pestana, a la ciudad de Santa Cruz de La Palma se la llamó El Apurón: "El nombre de Apurón, creemos nosotros, es un mote que le dieron a este pueblo por el apuro que los guanches hicieron pasar a los españoles cuando les atacaron con el fin de conquistar su independencia". El mismo escritor refiriéndose al origen del nombre de El Salvador nos dice: "Esta iglesia, se supone, con algún fundamento, fue consagrada al Salvador por haberse salvado los españoles de la mortandad a que estuvieron expuestos cuando los guanches se sublevaron con objeto de recuperar su independencia en 1494".