Un macabro regalo navideño
Ricardo Peytaví
C
ada sociedad es lo que sus gobernantes deciden que sea. "Una manada de ciervos dirigidos por un león es más temible que una manada de leones dirigidos por un ciervo", -o un bambi-, sentenció Plutarco. España es en el ámbito internacional lo que su Gobierno está resolviendo que sea. La política exterior que tenemos es la que hemos querido tener al votar por quienes lo hicimos hace unos meses. Sobra ahora rasgarse las vestiduras ante otra catástrofe humana propiciada por el vil afán lucrativo de la delincuencia magrebí.Se ha dicho que Marruecos carece de medios para controlar muchísimos kilómetros de costa desierta. Basta una cala discreta, una de las centenares existentes entre Agadir y El Aaiún, para que una patera zarpe con impunidad. Se ha dicho, asimismo, que las autoridades marroquíes miran para otro lado ante la actuación de las mafias, porque la salida de pateras alivia la inmigración clandestina que también sufre ese país, incapaz de impermeabilizar una frontera sur harto conflictiva debido al contencioso del Sáhara. De igual forma se comenta que los traficantes de personas han logrado suficiente peso económico, gracias a un volumen de negocio creciente, para sobornar no sólo a los simples agentes, sino a cargos importantes en el escalafón de la Gendarmería y hasta de la Administración. A fin de cuentas, viajar en patera a Canarías no es gratis. Cada "pasajero" paga unos mil euros, cantidad que antes era bastante superior. Teniendo en cuenta el número de personas que se hacinan en una de estas barcas construidas de mala manera, los traficantes obtienen unos 35.000 euros brutos con una sola salida. Cantidad suficiente en Marruecos para proporcionar jugosos beneficios marginales, inclusive después de untar a mucha gente.
Hemos recibido un macabro regalo de Navidad. No me atrevo a mencionar un número de muertos que, posiblemente, cuando estas líneas lleguen al lector ya esté desbordado por el hallazgo de más cadáveres. Se preguntaba una autoridad de Fuerteventura para qué queremos más medios de rescate, si lo que llegan a las costas son personas fallecidas. Luego, aunque en un tono menos subido, criticó al "Gobierno del Estado" y, en menor medida, a su política exterior. Por ahí debía haber empezado.
Para que no falte nada, el baboso de siempre aprovecha la desgracia de unos infelices para arremeter contra esta casa y sus articulistas. Desde luego, no me siento aludido -siempre he tenido la delicadeza de no mancharme con sus esputos de perro rabioso-, entre otras cosas porque no suelo quedarme en los despachos. Podría contarle algunas cosas que se ven cuando uno va a Marruecos por libre, y que él desconoce porque sólo viaja en inocuas comitivas oficiales; el pendejo en cuestión procura que lo incluyan en cualquier séquito. ¡Cuánto puede cambiarle a uno la vida una cama adecuada! En fin, sólo para reírme, me gustaría contarles dónde, cómo y con quién ha veraneado el no susodicho, pero no lo encuentro de interés general. Al menos mientras él mismo prefiera ocultárselo a sus lectores. Lástima que también le cueste tanto esfuerzo ideológico reconocer que el responsable último del actual drama atlántico es quien, como primera medida de política exterior, fue a besarle la mano a su majestad alauí para desagraviarlo de que el Irascible Aznar hubiese recuperado Perejil.
* Publicado en El Día, 26-12-04
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