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Del mar los vieron llegar mis hermanos emplumados, eran los hombres barbados que la profecía anunciaba. Se oyó la voz del monarca, de que el Dios había llegado y les abrimos las puertas, por temor a lo ignorado. Iban montados en bestias, como demonios del mal, iban con fuego en las manos, y cubiertos de metal. Solo el valor de unos cuantos, les opuso resistencia y al mirar correr la sangre, se llenaron de vergüenza, porque los dioses ni comen, ni gozan con lo robado y cuando nos dimos cuenta ya todo estaba acabado. |
Se nos quedó el maleficio, de brindar al extranjero nuestra fe, nuestra cultura, nuestro pan, nuestro dinero. Y hoy le seguimos cambiando, oro por cuentas de vidrio y damos nuestras riquezas, por sus espejos con brillo... Tu, hipócrita que te muestras, humilde ante el extranjero, pero te vuelves soberbio, con tus hermanos del pueblo. Porque si llega cansado, un indio de andar la cuesta, lo humillamos y lo vemos, como extraño por su tierra. Oh, MALDICION DE MALINCHE, enfermedad del presente, cuando dejarás mi tierra, cuando harás libre a mi gente. |
HOMENAJE DE Amigos de