La perversamente peligrosísima utilización de la palabra por parte de los malditos poderes tiránicos
Por
Jose Almeida AfonsoA poco que se agudice la atención, comparando detenidamente todo el cúmulo de información que vomitan, a diario y sin cesar, los mal llamados Medios de Comunicación de este idolatrado Primer Mundo, podemos llegar a la conclusión de que uno de los signos más identificativos de este ya más que convulso y frenético siglo XXI, y no sólo en el ámbito global, es la perversamente peligrosísima utilización de la palabra por parte de los malditos poderes tiránicos, con el nocivo y execrable objetivo de perpetuar sus mezquinos intereses, sus inconfesables deseos, en contra -y a costa- de la inmensa mayoría de la población mundial.
El enorme poderío económico y militar que ha conseguido EEUU en el último siglo a base del despojo, saqueo y expoliación de los recursos naturales y humanos de un gran número de países, y todo en nombre del progreso, la democracia y la libertad -para ellos, claro- han hecho posible que el mundo hoy esté dominado por los brutales y belicosos fundamentalistas yankees.
A esta descomunal y terrible supremacía económica y militar, hay que añadirle el inmenso poderío mediático, por medio del cual no sólo han logrado imponer, en prácticamente todo el mundo, lo que se ha venido a denominar como "pensamiento único" --"un solo mundo, un solo mercado, donde yo soy el que digo qué se puede hacer y cómo se puede hacer"-- sino que a través de sus muy bien pagados voceros han intentado acallar y desacreditar cualquier mínima pretensión de crítica o denuncia de sus cruentos, salvajes y sangrantes atropellos y viles tropelías.
Y muy serios ellos, con el rostro compungido, con cara como de quien no sabe de qué va la cosa, afirman --¿¡cómo no!?-- que todo cuanto hacen, todo cuanto tienen previsto hacer, es en nombre de la tan ansiada y sagrada Libertad, de la tan urgente y necesaria Justicia, de la tan deseada y prostituida Democracia.
Esta es la realidad que vivimos y sufrimos con indecible dolor cuando nos paramos a reflexionar sobre lo que acontece en el mundo. No la podemos eludir. No la debemos eludir si de verdad queremos cambiar esa terrible y espantosa realidad.
Artevirgo. La Aldea. Canarias. Agosto del 2006