Malthus, de vuelta por Canarias
Juan Jesús Bermúdez Ferrer *
El inglés Thomas Robert Malthus, uno de los grandes economistas clásicos, a caballo
entre el siglo XVIII y XIX, y autor del “Ensayo sobre el principio de la
población” (1798), estimó que había un problema de recursos para abastecer a
una población que crece de forma geométrica, de forma tal que, con una
producción agrícola que crecía de forma aritmética, era inevitable, salvo que
se adoptaran medidas drásticas que hoy probablemente consideraríamos inmorales,
que la miseria y el hambre se apoderara de la población pobre, de forma
creciente. Se basaba para ello, en parte, en las observaciones del dieciochesco
fisiócrata francés Jacques Turgot, que formuló
Garret Hardin, Al Barlett y una creciente pléyade de estudios de los recursos
de
El “asunto de la población” es uno de los tabús más importantes de nuestra sociedad. A pesar de que
Estamos a las puertas de una gran crisis alimentaria mundial, paralela a la crisis energética fósil.
El mundo no tiene, hoy por hoy, recursos para alimentar a su población como lo
hace, si empieza a disminuir el suministro energético, y éste afecta al sector
agropecuario, más aún con las reglas de comercio mundial, que ya matan de
hambre a millones de personas al año. Los tractores no funcionan con paneles
solares, ni existen sustitutos a la producción mundial de fertilizantes y pesticidas,
como tampoco hoy hay ningún buque del mundo, o sistema de riego que funcione
integralmente con otra energía que no sea la fósil. Tampoco hay mucha más
tierra: el Planeta no es infinito, y estamos agotando y desertificando la
tierra fértil. Tenemos que cultivarlo todo, pero ¿todo es suficiente? La
cuestión de la superpoblación mundial debería ser asumida por el conjunto de
los gobiernos del mundo para promover políticas de control y reducción
civilizada y humana de la misma. El experto en energía y alimentación, David
Pimentel (Universidad de Cornell), junto a multitud
de expertos, además de advertir de esta situación, propone inclusive medidas
que permitan a la población mundial decrecer a un “óptimo” de dos mil millones
de personas, menos de un tercio de los habitantes del Planeta hoy existentes, a
lo largo del Siglo XXI, al tiempo que hacer de la producción de alimentos una
actividad menos dependiente de los combustibles fósiles, y de forma urgente.
Malthus no saldría de su asombro en un viaje por Canarias. El
archipiélago es, sin duda alguna, uno de los territorios del mundo –junto a las
grandes conurbaciones– más vulnerable al
decrecimiento energético. El viejo párroco, cuyas tesis ya visitaran las
islas en épocas no tan lejanas de hambrunas y emigración masiva de los isleños,
contemplaría que los canarios se alimentan hoy vía marítima, de forma
increíblemente opulenta, como nunca soñara. Preguntaría probablemente por las
cosechas insulares y alguien le contestaría que desde hace años los lugareños
no se alimentan de su suelo y que, además, no sólo la producción agrícola
interior no crece de forma aritmética sino que está en una crónica vía de
extinción, y además están asfaltando el suelo. Sobrecogido, el inglés
contemplaría el gran espectáculo de una vulnerable población insular que acude,
solícita, a centros comerciales enormes, sólo sustentados con un recurso finito
del exterior, en declive irreversible en pocos años, y todo ello milagrosamente
importado de medio mundo. Mientras se aleja a su isla natal en una línea de
bajo coste, Malthus vería en Canarias la siniestra
confirmación de su tesis: un Planeta superpoblado, un archipiélago que ha
crecido exponencialmente se enfrenta ya no al crecimiento aritmético de la
producción alimentaria sino a su más que probable
retroceso, sin haber cuidado sus tierras ni los recursos más elementales para
gestionar de forma civilizada este nuevo estadío de
declive energético alimentario. “El banquete de Malthus”
(Garret Hardin, “Viviendo
en los límites”) simplemente está comenzando.
* Presidente de “Canarias
ante la crisis energética”