LA MÁQUINA DEL TIEMPO
Manuel Fernández *
Relájate... Respira hondo; no te digo que cierres los ojos porque no podrías leerme, pero esta historia requiere que te encuentres relajado o relajada, muy, muy, muy relajado o relajada, y, además, des rienda suelta a tu imaginación.
Imagínate, dentro de 25 años...
¿Pero que ves? Pero si eres tu mismo. Estás acostado, en una habitación casi sin luz, casi sin ventilación, en el más absoluto silencio.
Estás enfermo. Gravemente enfermo. Un cáncer te está comiendo tus órganos vitales: tienes metástasis.
Estás en fase terminal, solo te quedan uno o dos días de vida a lo sumo.
Te encuentras en la Unidad de Cuidados Paliativos.
Ya no te alimentan.
Tu cara, que no hace mucho lucía demacrada hasta asustar, hoy parece mucho más repuesta.
Es el efecto de la cortisona, que no te cura, pero al menos te da una mínima apariencia.
Los médicos dicen que aumenta tu calidad de vida, pero no te dicen que alargue la vida misma. Sólo te queda un hilo de lucidez. Ya no hablas, balbuceas frases, a veces incoherentes.
Tu familia, que tanto te quiere y a quién tanto quieres tu, ya no desea otra cosa sino que descanses en paz, que dejes de sufrir, habida cuenta de lo irreversible de la situación.
En tu soledad... en tu infinita soledad, consciente de tu lamentable estado, haces un repaso mental de toda tu vida:
¡Cuanto egoísmo! ¡Cuanta desidia!
¡Cuantas experiencias vividas...!
¡Cuantos celos¡ ¡Cuanta envidia!!
¡Cuantos libros por leer!
¡Cuantas páginas web por visitar!
¡Cuantas ciudades por recorrer!
¡Cuantas bellezas naturales por encontrar!
¡Ahora me arrepiento de tantas acciones!
¿A cuantas personas habré hecho sufrir?
¡Si hubiese actuado en tantas situaciones!
¡¡Pero... Ya es tarde ...es hora de morir!!
¡Cuanto tiempo perdido, ahora que daría cuanto tengo por un solo día más de vida!
Pero... algo rompe tu monotonía: te viene a ver tu médico de cabecera, al que ya consideras más amigo que médico.
El mismo que tantas veces te recomendó que dejases de fumar, el mismo que tantas veces te dijo que caminases al menos una hora diaria, el mismo que te puso a dieta para bajar esos kilos demás, ese colesterol... esos triglicéridos.
No se por que, pero con la sola presencia del médico te sientes mejor, quizás porque piensas que estando el presente no te puede pasar nada malo.
Viene acompañado de tu médico del centro de cuidados paliativos y de un chico joven, con aspecto de extranjero, a quién desconoces. Todos con bata. Es un joven médico, enfrentándose quizás a su primer caso de enfermo terminal. Notas en su rostro un gesto de desagrado que no puedes disimular.
Es la lógica reacción del profesional inexperto y de las visitas inoportunas, al ver la cara de la muerte y el mal disimulado olor que desprende tu cuerpo en estado de descomposición en vida, a pesar de los diferentes algodones empapados en colonia, que, dentro de pequeños vasitos, ha colocado tu familia, semiocultos, para que no los veas y preguntes que hacen ahí, incapaz de percibir olor alguno, ya que perdiste el olfato hace mucho tiempo. Pero tú estás contento porque vino el médico, tu amigo, a visitarte.
Es tu última esperanza, a la que te agarras con tus muy escasas fuerzas. Siempre piensas, cuando aparece por tu habitación, que te trae alguna novedad, que te va a decir que los últimos análisis denotan una mejoría: ¡quieres que te engañen!...¡te engañas a ti mismo!
Pero esta vez no es como las otras visitas, notas que hay algo diferente: amplias sonrisas de tu amigo el médico de cabecera así como el del Centro, además, el médico joven transporta un carrito con una serie de cajas de medicinas que no habías visto antes.
¡Hay buenas nuevas para ti! Te dicen los médicos casi al unísono, rivalizando entre ellos para ser el primero en darte la noticia: Un médico, por cierto de Telde, más concretamente de Las Remudas, que hace años trabaja en el Massachusetts Institute of Technology, en los Estados Unidos de Norte América, en un proyecto innovador, extraordinario, polémico y verdaderamente revolucionario, ha concluido su trabajo y han fabricado bajo su dirección técnica una máquina que marcará un antes y un después en la historia de la humanidad. Ha inventado:
¡¡LA MÁQUINA DEL TIEMPO!!
Tus ojos brillan de nuevo, tu imaginación se desboca, aciertas a preguntar, demostrando que aún te queda un poco de aquel desbordante humor que, en salud, prodigabas:
¿Pero no estaba inventado ya el reloj?
El médico joven, que en realidad no es tan joven, aunque lo aparente, es un científico que trabaja a las órdenes del inventor de la máquina, te explica, con un marcado acento inglés-americano:
"Hemos inventado la máquina del tiempo. Le metemos a vd. en ella y programamos el P.C. de la máquina, le damos 25 años atrás y aparece vd. tal y como se encontraba en ese año: pletórico de juventud y de salud, pero con la experiencia vivida, por lo que tiene Vd. una segunda oportunidad para cambiar de actitud frente a la vida y corregir comportamientos insanos que le ha llevado a esta enfermedad y al estado de deterioro físico y psíquico en que se encuentra.
Te han metido en camilla dentro de una especie de sarcófago de estructura metálica lacada en blanco con paredes y tapa de metacrilato, transparente, junto a una máquina como la torre de un ordenador, pero de al menos de dos metros de altura por uno de ancho, con multitud de tubos y cables que la unen al sarcófago, así como de relojes, interruptores, leds, contadores, pantallas y diales.
Se despiden de ti después de suministrarte diferentes medicamentos, y observas, antes de quedarte profundamente dormido como el científico opera con los interruptores, palancas y diales, apareciendo en una de las pantallas, donde lees YEAR la cifra de - 25.
Luego caes en una profunda inconsciencia, a la que no puedes llamar de otra manera, puesto que no sientes absolutamente nada, ni siquiera te afloran sueños. ¡Es la nada! Es lo más parecido a la muerte! ¡Es un paréntesis en el tiempo!
Posteriormente comienzas a soñar... ves como miles de puntos brillantes se acercan a ti, a toda velocidad, rodeándote totalmente, tal como has visto en las películas de viajes intergalácticos, te desplazas a gran velocidad por un universo oscuro, donde lo único perceptible son los puntos de luz, que, partiendo de un punto en el infinito, te circundan dándote consciencia de tu viaje ¿estelar?
Al fin ves una luz, es como la luz al final de un túnel, que se va agrandando a medida que te desplazas por el... es como esa luz que dicen ver los que han estado a punto de morir.
De repente despiertas de un gran sobresalto: ha sonado el móvil, lo coges instintivamente y te lo llevas a al oído...una voz muy dulce, casi celestial te pide disculpas diciendo haberse equivocado, sin haberte preguntado absolutamente nada.
Te preguntas ¿Cómo sabe que se equivocó, si a mí, nada preguntó?
¡De repente te das cuenta que estás bien!, ¡Estás totalmente curado!, ¡Te encuentras fuerte!, ¡No fue un sueño! ¡¡La máquina del tiempo funcionó!! ¡Tienes una nueva oportunidad!
Estás sentado frente a tu ordenador leyendo un periódico digital, y escuchando la radio.
Te miras en el espejo y estás... ¡como hacía 25 años!, ¡Te han dado una segunda oportunidad!
¡Puedes rectificar en todo lo que desees!
¡¡HOY ES EL PRIMER DÍA DEL RESTO DE TU VIDA!!
P.D. ¿O es que te quedaste dormido ante el ordenador?
*
Mafersa