¡Mardones
y cierra España!
Francisco Javier González
El hispanodiputado de Coalición Canaria ha
querido emular al General Pavía y, subido en el albo caballo de Santiago, ha
galopado por entre el debate del Congreso español. Yo me barrunto que no eligió
para la hazaña al conocido "Babieca", no
por evitar cualquier malintencionada relación con el nombre del semoviente,
sino por aquello de que el bueno del Cid confraternizó, en su etapa valenciana,
con los moros que allí moraban, mientras que de Santiago estaba seguro de su
muy cristiana voluntad de decapitar moros a diestro y siniestro, que era lo que
la ocasión requería.
En realidad no se trataba de moros, ya que las barquillas saharianas
están en horas bajas, pero pueden valer para la ocasión los negros -"subsaharianos" en el lenguaje políticamente correcto- que,
a bordo de temibles cayucos y armados hasta los dientes de la más potente arma
de que los dotó la colonización, el hambre secular, nos abordan por cualquier
playa de nuestros asirocados sures
isleños. Así que el Sr. Mardones Sevilla, D. Luis, el que fuera otrora Gobernador Civil de Achinech en la época de Bartolomé García Lorenzo, se nos
descuelga bravío en el debate congresual
del envío de tropas españolas -más bien hispanoamericanas- a Líbano,
colocando en su sitio a las hordas zapateriles, que
envían sus legiones a tierras de cruzadas cuando los negros nos invaden,
provocando en estas colonizadas ínsulas "una situación explosiva".
El criollo hispanodiputado exigió del gobierno
colonial que, antes de aventuras orientales, "envíe a la Armada y a
efectivos del Ejército del Aire" a estas aguas africanas para
"obligar a darse la vuelta" a los cayucos invasores. "La
Armada tiene medios suficientes para actuar", para de esta forma poner en práctica las
declaraciones de la Vicepresidenta hispana y de su Ministro de Exteriores que,
según Mardones, "nos prometieron una política
de fuerza contra los cayucos". Para este émulo de Pavía, aventajado
discípulo del Berlusconi partidario de los cañonazos
como política frente a la inmigración irregular, las atenciones que Salvamento
Marítimo presta a los cayucos en las aguas que deberían ser canarias, para lo
que realmente sirven es como "efecto llamada".
No me quedó muy claro si su rotundidad, al afirmar que "hay que
parar la inmigración en orígen y eso se consigue haciendo
que la Armada bloquee las aguas y obligue a los cayucos a darse la vuelta y
retornar a sus países, ya que la Marina tiene medios para eso",
incluye una eventual declaración de guerra a Mauritania, Senegal, Gambia y
Guinea Bissau, extensible en su caso a Sierra Leona y Liberia, para invadir sus
aguas territoriales y repeler a los cayucos invasores. Por eso me lo tomé como
una volada del Sr. Mardones pero, a reglón seguido,
su jefe de filas, el Sr. Rivero, D. Paulino, nos dijo que "el Gobierno -de
España, por supuesto- ha abandonado a Canarias" y que "raya
en la indignación que el Ministerio de Defensa -también de España, of course- esté ausente ante
la inmigración ilegal". D. Paulino terminó su dramática perorata, no
exigiendo competencias para Canarias en el tema migratorio, mucho más amplio y
complejo que el de los cayucos, sino con un "no les vamos a permitir
que nos abandonen", dirigido al Gobierno de España, cosa que, de
producirse, podría ser la solución para muchos más problemas. Espero que, al menos,
en la reunión que tuvo sobre el tema la Ejecutiva Nacional de CC, D. Paulino
haya solicitado de Zerolo que restaure el castillo de
San Andrés y le saque brillo al nelsoniano
"Tigre" por si hay que defender Añaza con
uñas y dientes y se haya puesto de acuerdo con Mr.
Soria para artillar al de La Luz, que está más cerca de la costa que el de
Mata.
Es de todos sabido que, si bien a las pulgas no, al hambre se la debe
matar a cañonazos, pero si estas son las soluciones que aporta CC, les ruego me
guarden pa'cría
el cachorro más chico.