EL MARRUECOS QUE YO CONOZCO (y III)

 

Jose I. Díaz

 

Como todos los campesinos, los bereberes realizan una vida sencilla, estando enteramente integrados en el círculo de la naturaleza. En cada estación sin penas, celebran sus fiestas, las cuales son aplicables también a los sedentarios, al igual que a los nómadas o semi-nómadas. El otoño, es el periodo de las labores, el hombre remueve la tierra para depositar las semillas, en todos los pequeños campos de cultivos hay actividad; la gruesa azada rústica (aguelzim) se bate regularmente al ritmo de una canción, el arado labra su surco en la pisada monótona del asno. En el simbolismo de este acto trasciende la vida humana, es también periodo de contraer matrimonio. Los inviernos suelen ser duros en las altas mesetas y en los altos valles. Durante los días o tal vez algunas semanas, la nieve mantiene a todos en sus casas. Para las mujeres no escasea las labores, la hacen todos los días, aunque tengan que meter los pies en la nieve, para ir a recoger leña al bosque, y traer agua para el té verde. Las mujeres de los pastores, transforman su lana en mantas y abrigos durante su existencia. La primavera transcurre en los campos, donde ha crecido de nuevo las flores, comenzando a reconstruir los diques y canales maltratados por las intemperies climáticas, cortar las malas yerbas, plantar las papas, sembrar los nabos y otras legumbres etc. Los pastores comienzan sus rutas para recoger los forrajes de verano.

 

La temporada de verano ha bendecido la tierra, depositando sus frutos; todo el mundo trabaja con ardor, las mujeres agrupadas cortan con la hoz la cebada, los hombres atan las gavillas y las amontonan sobre los mulos. Cada semana la monotonía cotidiana, es rota por el Souk, dado que no es solamente un mercado donde se vende e intercambian los productos de la tierra, sino también un lugar de encuentro, donde se intercambian ideas, y circulan las últimas noticias y novedades sociales. Tiempos pasados, el siempre se mantenía igual, lo mismo en tiempo de guerra, el Souk es un lugar de paz.

 

Con las primeras luces del alba, la aldea bereber se despierta lentamente con el sol. Las sombras furtivas de los salmones que saltan en el río. Un vaso de té con menta (hierbabuena) o un café con leche para los más pudientes, acompañado ya sea de cous-cous de sémola (ta'am) o pan de cebada mezclado con trigo (aghoum), y untado con mantequilla o algunas veces con miel, suele ser el desayuno bereber.

 

Al mediodía, muchas personas se encuentran trabajando en el campo, por lo que el almuerzo suele ser muy frugal. Un puñado de dátiles, y un vaso de leche, o tal vez una mazorca de maíz tostada. En la cena, sé reúne toda la familia alrededor de un plato de tajines donde sobresalen las papas, y un plato de sémola de cebada regada de manteca rancia fundida, o una sopa de guarnición de cous-cous- con trozos de carnes y tripas tostadas. La alimentación bereber, para no causar desequilibrio, al faltarles las frutas escasas en las montanas, es bastante equilibrada, razones por las cuales la gente es fuerte y sana.

 

La casbah tradicional, correspondía en tiempos pasados a una necesidad elemental y estratégica, para la defensa de los ataques enemigos, por lo que están construidas y fortificadas con piedras y ladrillos resistentes por su grosura al tiempo, con una escalera que conduce a los torreones aéreos, desde donde se divisa el exterior, al igual que sus amplios ventanales defensivos. Cada región tiene su propio modelo de casbah, pero ninguna se encuentra inmutable a la imaginación y fantasía de su constructor, adornadas con toda clase de detalles inéditos, aunque lo principal consiste en el grosor de las mismas. Se entra por una puerta que generalmente va a parar al vestíbulo.  El primer piso al cual se accede por una escalera o un simple tronco de árbol tallado con escalones, que da al granero. En el segundo piso, se encuentra la galería la cual una parte se encuentra reservada a las mujeres, con sus muebles, algunas esteras o alfombras, y a veces cojines, y en la esquina un cofre de madera. El último piso, consiste en una terraza donde se cuelga la ropa a secar durante el verano.

 

La arquitectura bereber es intrigante, supuestamente la de antaño, la cual refleja la presente, ya que después de León el Africano en el Dades, se conserva aun las cuevas del siglo XVI. Muchas personas creen que las casbah bereber, tiene su influencia en la jemenita, hipótesis que no se puede totalmente rechazar, pero se nota en el pasaje, de los especialistas que han estudiado la arquitectura de Yemen, que tiene una importante influencia babilónica.

 

Entre las mujeres bereberes, existe una gran variedad de peinados y vestidos, las mismas suelen usar joyas de plata. Las monedas antiguas europeas en plata son utilizadas en los collares, algunas piezas son muy valiosas, dado que datan del siglo VIII y del IX, al igual que las piezas con la esfinge de Napoleón o Isabel II de Castilla. Las monedas marroquíes que mas se han utilizados, es el douro del Sultan Moulay Hassan. Siendo por lo tanto la plata el material preferido por los bereberes, aunque se puede admirar, muchas materias heteróclitas, como el amba, el coral, las conchas, cuernos de jirafa, cristal  o plástico. Aunque por lo regular, los collares de ambas con algunas alhajas de plata, es una joya tradicional entre las mujeres de Ait Haddidous. Estas raras ambas proceden de los fósiles sahararianos. Debemos destacar a los artesanos judíos que trabajan los adornos en metal sin comparación con los imitadores.

 

Aunque los hombres, utilizan prácticamente lo mismo; una simple djellaba sobre una camisa de mangas largas, un puñal (touzelt), el morral (choukara o akorab) cruzado sobre el pecho. Sobre la cabeza el turbante blanco (taharamt), el cual esta cuidadosamente enrollado, y que puede alcanzar 5 metros de largo, aunque en algunos casos muy raros les pueda servir también de sudario.

 

La mayor parte de los marroquíes mayores de edad que profesan la religión islámica, suelen ser muy reservados en sus tradiciones, y bastante supersticiosos con las nuevas modas consumistas occidentales que les llegan del exterior, razones por las cuales no fueron nada fácil en su principio la introducción de la Coca-Cola en el país, de manera especial en los pueblos y aldeas. Por lo que tuvieron que realizar una falsa campana de publicidad, sobre que dicha bebida elevaba la virilidad orgánica de sus consumidores.

Los jóvenes marroquíes por regla general son muy curiosos y sociales con los extranjeros, por lo que sin conoce leer ni escribir el idioma árabe, muchos son capaces de aprender con muy poco esfuerzo cualquier idioma europeo.

 

Lo pude comprobar durante mi estancia en la ciudad de Tánger, donde la mayor parte de la juventud puede hablar el idioma español o francés, sin haber estado en ninguna academia de idiomas, dado que lo aprenden desde su niñez a través de los canales televisivos españoles y franceses, dado que prefieren dichos canales antes que las televisiones locales en árabe.

 

La amistad y la fidelidad es muy tenida en cuenta en la vida de los marroquíes, desde muy temprana edad, donde cada cual tiene un amigo íntimo en el cual deposita su confianza y secretos, como si fuera su mejor hermano, ya que nunca le suele fallar en su amistad, al igual que sucedía hace muchas décadas en Canarias, lo cual se ha ido extinguiendo con la entrada del turismo y el propio consumismo desenfrenado de los canarios.

 

Razones por las cuales muchos se quedan desconcertados al comprobar cuando emigran a los países consumistas y degenerados europeos, que no existe dicho tipo de amistad, y los verdaderos amigos a quien confiarles sus problemas y emociones de la vida cotidiana. Se me viene a la memoria en estos momentos, cuando residía en mi juventud en los Países Bajos, donde me encontraba alojado en una pensión, donde también se alojaba un joven bereber procedente del Atlas, y llamado Omar, al cual le llevaba dos anos de  edad, me consideraba como si fuera su hermano mayor dado nuestra amistad,  nos comunicábamos en francés. Omar era un joven bien parecido que vestía muy elegante al estilo francés, por lo que resultaba muy raro el día que no traía a la pensión a una bella joven campesina holandesa, digo campesina, dado que en aquella época los holandeses en los pueblos pequeños casi convivían con las vacas. Pues bien, solía traer a bellas mujeres a la pensión, las cuales tenía la cortesía de ofrecérmelas primero a mi para que me acostara con ellas. También estaba empeñado Omar en que me casara con su bella y joven hermana Fatiha, cuando viajáramos a Marruecos.

 

Debo destacar como guanche amazigh, que siempre me he sentido identificado con su idiosincrasia y modo de vida con los hermanos continentales imazighen, tanto hombres como mujeres, los cuales siempre me han recibido con los brazos abiertos, tal vez, por mi propia fisonomía amazigh.

 

En Tánger solía residir en la zona del Charf, no muy lejos de la vieja plaza de toros construida por los colonialistas españoles, que se encuentra abandonada. Ya que el gimnasio de Karate Detroit donde impartía clases de kick y thai boxing,  se encontraba en una pequeña calle travesera del boulevard Mohamed V, concretamente detrás de la sinagoga judía, es decir a unos 15 minutos andando desde mi casa, aunque solía visitar a mis alumnos en los conflictivos barrios de Malabata, Casabarata o Beni Makada un par de veces por semana, o nos encontrábamos en cualquiera de las diferentes cafeterías emplazadas en el famoso boulevard de Mohamed V, de manera especial en el Café Paris que se encontraba enfrente del Consulado de Francia. Desde donde podía sentir el palpitar de la ciudad y escuchar por las tardes al muezzin de la gran mezquita llamar por el altavoz a los fieles a la oración. La tranquilidad era reinante, después de que pasaban las horas puntas y cerraban los negocios por las tardes, sentado en la terraza saboreando un delicioso vaso de te con menta, y contemplando el paso de las bellas mujeres tangerinas, con una belleza muy singular con unos exóticos en su mayoría de color ojos almendrado.

 

Mis amistades solían ser vario pintas, desde políticos, estudiantes, hasta islamistas radicales, con sus largas barbas enraizadas y miradas interrogantes, con los cuales practicaba tomándonos un vaso hirviendo de té, sobre religión y política. Dadas mis creencias religiosas, me consideraban un buen musulmán, ya que para los islámicos la palabra musulmán, traducida al español significa; el creyente, es decir, aquel que creer en Dios que es Ala.

 

Los viernes considerado el día festivo de los musulmanes, solían acudir a las mezquitas, vestidos con sus radiantes djellaba blancas y babuchas amarillas.

 

Debo indicar, que las babuchas amarillas en el pasado reciente, las portaban solamente los hombres, dado que las mujeres podían portarlas de cualquier otro color, excepto el amarillo. Las mujeres que solían portar las babuchas en color amarillo eran solamente las rameras o prostitutas para distinguirse en su profesión y atraer a los clientes masculinos a mantener relaciones con ellas.

 

La ciudad imperial de Rabat, que fue fundada en el siglo XII, siendo su antiguo nombre Bibat Al Fath (Campo de Victoria), con la finalidad de conmemorar la victoria mora en España. En el corazón de la ciudad se encuentra la Catedral cristiana y a los alrededores algunas de las diferentes embajadas extranjeras, rodeadas de edificios al estilo colonial francés. La ciudad es famosa por se la capital del reino, aunque la capital económica sea Casablanca. También conocida por sus trabajos artesanales en pieles.

 

Durante mi estancia en Rabat suelo alojarme en algunos de sus Fonduk(hotelitos) en el distrito de Agdal, ya que allí se encuentra el conocido gimnasio de thai boxing de mi amigo Dris el Hilali, concretamente en la avenida de France. Muchas de sus espaciosas casas, suelen tener un gran patio interior, al igual que en las antiguas casas capitalinas canarias, al propio estilo andaluz, adornadas con mosaicos damasquinos o estilo toledano. En sus macizas puertas de maderas podemos observar una mano abierta de cobre, un amuleto de la suerte que recuerda la mano de Fátima, la hija del profeta Mohamed. Los judíos suelen residir en sus propios barrios o mellah, una manera de autoexcluirse de los marroquíes.

 

Rabat es bañado por su río Oued Bou Regreg, el cual va a desembocar al mar. Su torre Hassan fue construida en piedra roja, y es considerado un monumento nacional. El Sultán negro, Abou el Hassan, tuvo una esposa cristiana a la cual llamaba "Sol de la mañana", siendo la favorita de su haren.

 

Existe también un viejo dicho sobre Rabat, de que era una ciudad con tanta riqueza, que los perros llevaban collares de oro, pero la gente satisfecha con sus riquezas, se olvidaron de labrar sus campos. Quien quiere labrar la tierra cuando sus perros tienen collares de oro? Así se murió el pueblo, con el tiempo de la hambruna, dado que el oro no lo pudieron sustituir por los cereales.