MAR Y TIERRA
Rosa Regàs
*
Lo
cierto es que nos estamos cargando el mundo igual que nos hemos cargado ya la mayoría de las costas, las
bellísimas costas convertidas hoy en montañas de cemento, que han enriquecido a
unos cuantos y han condenado a los demás a seguir siendo esclavos de las
hipotecas, mientras languidecen pensando en sus maravillosas casas colmena
donde para ver el mar hay que comprarse un periscopio.
Y
no estoy hablando del mal uso y de la destrucción de los elementos naturales
que harían posible la permanencia de vida en
Entonces,
¿por qué no se detiene el proyecto de construcción y se tiene en cuenta, aunque
sólo sea para iniciar un debate ciudadano, la protesta sistemática de
la ciudadanía, sus múltiples manifestaciones, y los elementos que ha
aportado, contundentes todos sobre la utilidad del puerto y sus funestas
consecuencias sobre el paisaje, así como los informes de instituciones y
personas no vinculadas al proyecto, profesionales honestos y catedráticos
conocidos por sus conocimientos en la materia? En nuestro país, igual que ocurre
con los Estados Unidos, que no aceptan las medidas que toma la comunidad
internacional para paliar los efectos de la sistemática destrucción del
planeta, miramos más por nuestros beneficios que por el bien de una Comunidad
que, se diría, no nos afecta. Como tampoco nos afecta el medioambiente, el
gasto de agua, la destrucción del paisaje, el alejamiento de aves migratorias,
el cambio climático o la pérdida de fauna y flora, y seguimos ajenos al hecho
de que nuestro enriquecimiento va en detrimento de los más pobres.
¡¡¡No al puerto de Granadilla!!!
* escritora y directora de
(artículo que se publica este fin de semana del 18-N en El
Correo de Bilbao y en algunos de los periódicos del grupo, en Murcia, Soria,
Valladolid, etc.)