Medio Ambiente y Agricultura
Wladimiro Rodríguez Brito *
La agricultura siempre ha tenido un alto componente medioambiental, ya que siempre ha aprovechado los recursos que la tierra, el clima y la cultura que el entorno proporcionaba. Y es que no somos pocos los que pensamos que agricultura y cultura son sinónimos en una gran parte.
Sin embargo, en los últimos años, con la revolución de los transportes y la industrialización de gran parte de la agricultura, se incorpora a la actividad una creciente artificialidad, en la que los fertilizantes industriales y otros inputs hace que ésta pierda gran parte de su naturalidad, hipotecando en algunos casos el Medio Ambiente, pues hoy se producen gran número de residuos del mundo agrario.
Los plásticos, la lana de roca y de una serie de subproductos químicos que perturban nuestro medio. En Canarias, esta situación de artificialidad está creando nuevos problemas a otras actividades que han sido siempre complementarias a la agricultura, en este caso, la ganadería.
Agricultura y ganadería han constituido tradicionalmente las dos ruedas de una bicicleta desde que el hombre comenzó a cultivar la tierra en el lejano neolítico. Las dos actividades estaban firmemente entrelazadas desde el momento en que la fertilidad de los suelos dependía de la ganadería.
Sin embargo, hoy, en Tenerife, encontramos que gran parte del estiércol generado no tiene demanda. Incluso, tenemos que algunos ganaderos han sido multados por el transporte de gallinazas o purines de cochino, por las nuevas exigencias en el transporte de estas sustancias.
Aquí encontramos una vez más una contradicción entre lo que denominamos sostenibilidad y lo que ocurre en nuestro entorno. Pues la ya mermada cabaña ganadera, que soporta de por sí pesadas cargas para sobrevivir, no sólo por el problema mencionado del estiércol sino sobre todo por la expansión de la urbanización en el medio rural, que limita y reduce cada día más el espacio para estas instalaciones agropecuarias.
Estas contradicciones se ven más reforzadas si cabe por los más de 7 millones de kilos de abonos orgánicos, en algunos casos cargados de sales, con restos incluso de lodos de depuradoras, y 60.000 Tms. de abonos químicos, que se importan anualmente a este territorio, con un coste superior a los dos mil millones de pesetas. Por otro lado, tenemos serios problemas para colocar en los mercados insulares el compost que se elabora en los vertederos.
En definitiva, estas líneas pretenden llamar la atención de nuestro sector agrario y de los responsables políticos de agricultura, para que entre todos fomentemos una agricultura más sana para nuestra salud pero también para nuestro medio ambiente, en el que el estiércol no sea un mero residuo que almacenar sino que puede y debe ser un recurso para mantener ecológicamente nuestro ecosistema y la fertilidad de los suelos agrícolas.
El aprovechamiento de restos agrícolas y forestales serviría para reducir en gran medida el creciente volumen de materia orgánica que llega a los saturados vertederos insulares, desde la poda de jardines urbanos hasta una gran variedad de restos orgánicos podrían ser utilizados para mejorar la calidad de los suelos agrícolas y, por otra parte, minimizar las importaciones masivas de abonos orgánicos.
*
Consejero de Medio Ambiente del Cabildo Insular de Tenerife