MEDIOS
DE COMUNICACIÓN ALTERNATIVOS:
UNA
GUERRA POPULAR
Marcelo
Colussi
En el Informe "Un solo mundo, voces múltiples.
Comunicación e información en nuestro tiempo", más conocido como Informe MacBride, presentado en
En la actualidad los medios de comunicación se han
vuelto una institución referente y constructora de la realidad humana, con toda
la implicancia social, política y cultural que este fenómeno tiene. Quieran o no,
los medios de comunicación cumplen un papel social educativo y formador de las
sociedades. Hoy -tendencia siempre en ascenso- los medios se constituyen como
los articuladores y creadores de los temas de interés nacional, al mismo tiempo
que son los difusores de los conceptos y valores que perciben pasivamente los
grandes colectivos.
Tal como lo puntualizaba el Informe MacBride, los medios de comunicación han transitado por la
lógica de grandes empresas, que responde no a la búsqueda de la verdad objetiva,
la imparcialidad y el desarrollo general de las comunidades sino a las reglas
comerciales imperantes en el mercado; es decir: a la incidencia en la sociedad
en términos de cantidad de consumidores y la venta en el mercado, la utilidad
comercial que se percibe a través de la publicidad y la venta directa de
servicios. Dicho sea de paso, la industria cultural (periódicos, libros, radio,
cine, televisión, discos, videojuegos, internet)
facturó en el 2005 cerca de 450.000 millones de dólares. En esta lógica extremadamente
comercial los medios de comunicación han empujado las funciones informativas,
educativas y de análisis de la vida y sus relaciones a responder también a esta
perspectiva comercial de hiper mercantilización en
favor de una representación de la realidad social cada vez más emocionante,
excitante y sorprendente. En otras palabras: "espectáculo vendible".
Los usuarios de todo este arsenal técnico somos
acostumbrados a ver el mundo sin actuar sobre él. Al separar la información de
la ejecución, al contemplar un mundo mosaico en el que no se perciben las
relaciones entre las cosas y se presenta todo previamente digerido, se crea
entonces un estado de aturdimiento, indefensión y modorra en el que crece con
facilidad la parálisis social. El "espectáculo" de la vida reemplaza
así a la vida. Pero como dijo Gabriel García Márquez: "La invención pura y
simple, a lo Walt Disney,
sin ningún asidero en la realidad, es lo más detestable que pueda haber".
Dado el grado de impacto social que alcanzan, los
medios de comunicación, por el contrario, podrían jugar un papel de importancia
decisiva en la transformación para una vida mejor. Pero la lógica del lucro no
lo permite; las grandes compañías mediáticas terminan siendo, en todo caso,
enemigas a muerte de cualquier intento de cambio; son, en otros términos, no
sólo aliados del poder sino parte fundamental misma de la estructura del poder,
con tanta o mayor preponderancia en el mantenimiento de las sociedades que las
armas más sofisticadas.
MEDIOS
ALTERNATIVOS
La guerra principal es hoy la guerra mediática. Surge
ahí, entonces, la necesidad de otro tipo de medios comunicativos: son los
llamados medios alternativos. Es decir: medios de comunicación no
centrados en la dinámica empresarial, no centrados en el espectáculo de la vida
sino en la vida misma, en la lucha de la vida. La única manera de lograr esto
es permitir, como lo manifestara el Informe MacBride,
que "los miembros de la sociedad y los grupos sociales organizados puedan
expresar su opinión." O sea: reemplazar el espectáculo, la representación
de los hechos por la palabra de los actores mismos de los hechos. Eso son los
medios alternativos de comunicación: instrumentos que sirven para darle voz a
los sin voz.
En una demostración de modestia, el desaparecido
periodista argentino Rodolfo Walsh decía para
referirse a los comunicadores: "Nuestro rango en las filas del pueblo es
el de las mujeres embarazadas, o los viejos. Simples auxiliares,
acompañantes". Tal vez había ahí un exceso de modestia; los medios de
comunicación que se pretenden alternativos son más que acompañantes: están
llamados a ser parte importantísima de la lucha por otro mundo.
Medios de comunicación alternativos hay muchísimos,
con una amplísima variedad en formatos, estilos, recursos y grados de
incidencia. ¿Qué elemento común tienen una radio comunitaria que transmite en
lengua suahili para algunas aldeas de Tanzania y una página electrónica como
Rebelión, donde escriben los más conspicuos intelectuales de la izquierda
mundial? ¿Qué une a un periódico comunitario de una barriada pobre de Bombay
con un canal televisivo como Catia TVe, de Caracas,
cuya consigna es "no mire televisión: ¡hágala!"? El trabajar por una
transformación social desde un espíritu solidario y no estar movidos por el afán
de lucro empresarial, el hacer jugar a la población no el papel de consumidor
pasivo sino el de sujeto activo en el proceso de comunicación.
Esta enorme gama de medios que se reconocen como
alternativos tiene como objetivo primordial ser un instrumento popular, una
herramienta en manos de los pueblos para servir a sus intereses. Por cierto
ello permite una gran versatilidad en la forma en que se implementan las
acciones, pero el común denominador es constituirse en un campo alternativo en
contra del discurso hegemónico de la industria capitalista de la comunicación y
la cultura. Ante la institucionalización de la mentira de clase, ante la
manipulación de los hechos y la presentación de la realidad como el colorido
espectáculo vendible al que nos someten las agencias capitalistas generadoras
de un tipo de información/cultura, surgen estos medios jugando el vital papel
de contraoferta cultural.
Constituirse en la instancia que da voz a los que no
la tienen, ser la caja de resonancia de colectivos populares, de organizaciones
de base y movimientos sociales organizados -asociaciones obreras o campesinas,
sindicatos, comunidades barriales, expresiones culturales alternativas, etc.-
es, en todo caso, un acompañamiento de vital importancia. En realidad no son
sólo acompañamiento solidario sino expresión de un genuino poder popular.
Por su misma naturaleza de extra oficiales, de vivir
en el sistema pero en confrontación con él, todos los medios de comunicación
alternativos padecen similares problemas: desde el ataque a la seguridad más
elemental cuando arrecia la marea represiva hasta la crónica falta de recursos
para funcionar en lo cotidiano. Ser "alternativo", en definitiva,
impone esa situación: quien critica al statu quo y propone otras vías se enfrenta
a los poderes fácticos. Ser alternativo -en todo, y en el ámbito comunicativo
más evidentemente aún- lleva a estar en guerra continua.
Si la lucha de clases, la lucha por un mundo más justo
y solidario, por constituir una aldea global basada en el beneficio democrático
de las mayorías y no sólo en el de las élites, si todas estas luchas implican
un combate perpetuo, el campo de las comunicaciones, dada la importancia
creciente que las mismas tienen en las sociedades modernas, pasa a ser un
especialísimo ámbito de estas nuevas guerras.
Los medios alternativos, populares e independientes
viven en una virtual guerra, siempre al filo; y no puede ser de otra manera. Su
papel en los procesos de cambio, de transformación profunda, es cada vez más
importante. Entre otros tantos ejemplos que lo demuestran puede mencionarse,
sólo por citar algún caso, el de
Los medios de comunicación alternativos son un
principalísimo embrión de poder popular, y más allá de posibles falencias
técnicas y pobreza crónica de recursos -quizá irremediables, dado su misma
condición de no-integrados, de "marginales" en el buen sentido de la
palabra- son una de las más efectivas armas de la democracia de base, de la democracia
revolucionaria.