La
memoria y las dudas
Juan Jesús
Ayala
Miles de españoles
vitorearon a Franco y vivieron mucha parte de su vida chupando de las ubres del régimen… Acordémonos, también, ahora que rebuscamos
en la memoria histórica, de los que por esta
tierra, por las islas, cooperaron de una
manera decidida con las políticas
franquistas y que andando el tiempo
fueron fieles servidores a la patria, considerando la patria su pecunio
particular y la defensa de su heredad y hacerla aun mayor a cambio de usurparciones, vejaciones y violencias.
Gunter Grass, al
cual se le ha vituperado achacándole un pasado tenebroso por pertenecer
en su viejo tiempo a las juventudes hitlerianas encuadradas en la SS, dio la cara días atrás en Berlín y con una pregunta que nos tiene que hacer reflexionar,
que escarbemos en la memoria y nos tiene que situar en el campo de la verdad de uno consigo
mismo alejados del escondite y de
las malas ausencias mentales: ¿Quién
tiene la memoria libre de dudas?
El premio Nobel
justificó la tardanza en proclamar la verdad
de su memoria aludiendo que ha sido un proceso largo y que tiene que ver con la desconfianza que siente por las autobiografías. Él insistió
que ha sido sincero con su memoria mientras que otros muchos se desenvuelven en la vida como si su memoria estuviese libre
de dudas.
Sacudamos la
memoria y sin ir muy lejos
acordémonos de la plaza
de Oriente en Madrid cuando el caudillo, el invicto Francisco Franco, convocaba en aquel recinto a multitudes fervientes que abrazadas al yugo y las flechas pregonaban
que España era "una unidad de
destino universal". Allí miles
y miles de españoles vitorearon a
Franco y vivieron mucha parte de su
vida chupando de las ubres del régimen. Salieron de sus decisiones gobernadores, ministros y un sin fin de mandos intermedios que conformaron la hechura del régimen impuesto tras una guerra fratricida.
Acordémonos,
también, ahora que rebuscamos en la memoria histórica, de los que por esta tierra, por
las islas, cooperaron de una manera decidida
con las políticas franquistas y que
andando el tiempo fueron fieles
servidores a la patria, considerando la patria su pecunio particular y la defensa
de su heredad y hacerla aun mayor a cambio de usurpar ciones, vejaciones y violencias.
La memoria está ahí, quieta, sin que intente decidir quien fue quien y
que sucedió cuando la historia transitaba
por otros caminos. Las dudas existen en los cerebros de muchos y que cuando
-pululan por la senda de la democracia
no se arrugan, son mas demócratas que
cualquiera, enarbolan unos
discursos, ahora, exentos de la
crudeza acida hitleriana dejando su vieja personalidad escondida en la memoria, tapados por las
brumas de un pasado que pretenden disimular con más o menos habilidad.
Y uno tiene que preguntarse: ¿Dónde
están aquellos miles y miles de la plaza de Oriente? ¿Dónde aquellos que aunque por allí no pasaron, sí que sintieron hondamente en su espíritu nacional
los impactos imperiales de rancias proclamas? ¿Se han diluido tal vez? ¿Se han evaporado? ¿Han dejado de existir?
No. Seguro
que no. Están entre nosotros disfrazados de corderitos y metidos en el cuerpo del más puro camaleonismo,
y tan es así que cuando se despegan,
porque no lo pueden evitar, de sus viejos
pronunciamientos, todo su afán es
meternos gato por liebre. Cuando se
disfrazan de demócratas todo su énfasis lo ponen en hacernos comulgar
con ruedas de molino.
Gunter Grass ha sido sincero. Ha tenido esa valentía. Su memoria ha sido capaz de vivir el malestar que la duda tenía reservada. Seguro que muchos lo imitarán mientras otros, confusos ellos, se empavonarán diciendo que
son honestos, leales y no se sabe que zarandajas más; pero otros también habrá que se metan el rabo entre
piernas y desde su
cara colorada sentirán, al menos, que han comenzado
a ser personas, desde el reconocimiento de
su memoria pasada. Aquellos que se
desenvuelven en la vida como si su
memoria estuviera libre de dudas son elementos peligrosos, muy peligrosos;
son los timadores, los indeseables de la política, los que aparentan
una cosa y son otra; los que están instalados en la mentira como argumento prioritario;
los embaucadores, los que piensan en
triunfos y que al final serán ellos mismos los testigos de su propia destrucción. En eso sí que la
naturaleza es sabia. Aquellos que van en contra de una
existencia coherente y de una relevante irrealidad, que quieren convertir en realidad, tienen su fin anunciado y no es otro que la depresión, o la desesperación conducente al suicidio.