Mentiras, engaños y aniversarios

 

Justo Fernández Rodríguez

 

Conozco a muchos militantes del Partido Popular y no pocos de sus dirigentes nacionales, autonómicos y locales. En términos generales, me parecen personas racionales, lógicamente con ideas conservadoras e, incluso, reaccionarias, pero con los que se puede debatir y discrepar, con mayor o menor acaloramiento. Sin embargo, la actitud del núcleo de poder, controlado por Aznar desde la FAES, y los mensajes que trasladan a los militantes y ciudadanos, en general tienen un profundo aroma de ultraderecha, neofascismo y con atisbos de nostalgia franquista, donde con la mentira, la manipulación y la propaganda intentan, con reiteración, engañar a los ciudadanos, manipulando el terrorismo y a sus víctimas, para recuperar un poder que, según sus jefes, nunca debieron perder.


Oír a Aznar, Rajoy, Acebes o Zaplana, acusando de mentir, falsear o manipular al Gobierno de Rodríguez Zapatero no es un chiste malo; es un sarcasmo indecente que deja entrever hasta qué extremos de cinismo, desvergüenza e ignominia están dispuestos a llegar para conseguir un peligroso estado de crispación política y social que genere el odio y la división entre los españoles. Un odio que viene haciéndose cada vez más visible en los rostros, los insultos y los textos de las pancartas de los que acuden a las manifestaciones, convocadas por la Asociación de Víctimas del Terrorismo, con la colaboración organizativa y económica del Partido Popular, donde han encontrado acomodo las reorganizadas huestes fascistas, inactivas durante muchos años.


Primero fueron las falacias sobre la "ruptura de la unidad de España", por el Estatuto de Cataluña; después, la conspiración mediático-política sobre la autoría del 11-M; ahora, la "rendición ante ETA y la entrega de Navarra" a los nacionalistas vascos.


Nadie va a negar que todos los partidos políticos en alguna ocasión mienten. Dirigentes políticos, ya sean nacionalistas, conservadores, socialistas o comunistas, elegidos democráticamente, cuando gobiernan países, autonomías o municipios, intentan dulcificar u ocultar los datos negativos de su gestión y resaltar, con la colaboración de sus terminales mediáticas, los aspectos positivos, incluso inventándoselos. Pero nada es comparable con la capacidad compulsiva, no genética, para mentir de los dirigentes del PP. ¿Quién puede olvidar las mentiras de Aznar, Rajoy o Zaplana, intentado engañar a los ciudadanos para eludir las responsabilidades de la incompetencia mostrada en la tragedia del Prestige? Resulta difícil no recordar la actitud de Aznar, y de Federico Trillo, ministro de Defensa, junto con el grupo parlamentario del Partido Popular, intentado engañar a los familiares de las víctimas del Yak-42 sobre las causas del accidente. Nadie olvida las falsedades de Aznar y todos los dirigentes del PP sobre las "armas de destrucción masiva", las "conexiones del régimen de Sadam Husein con el terrorismo internacional" y el "peligro inminente para la paz mundial", intentando justificar la invasión ilegal de Irak y su ocupación militar.


Pero el colmo del cinismo, digno de ostentar el récord Guiness, se produjo el 11 de marzo de 2003 y los días siguientes. Ante el terrible atentado del terrorismo islamista en la estación de Atocha, que ocasionó 191 muertos y 1.800 heridos, el Gobierno del PP, especialmente Aznar, Acebes, Rajoy y Zaplana, una vez más, pretendieron engañar al pueblo español, atribuyendo la autoría de la masacre, con fines electorales, a la banda terrorista ETA, cuando ya sabían quiénes habían sido los autores. Estos días, en el juicio que se está celebrando en Madrid, hemos conocido que desde las dos de la tarde del 11-M el Gobierno tuvo conocimiento de que ETA no tenía nada que ver con el atentado. Pero continuaron con las mentiras, intentando elaborar un entramado conspirativo de mentiras e indignidades que está siendo desbaratado, día a día, en la sala donde se está celebrando el juicio de los acusados y sus cómplices.


Mariano Rajoy, el candidato designado por Aznar, alentado o dirigido desde algunos medios de comunicación, ha venido cuestionando la decisión democrática de los ciudadanos, el 14 de marzo de 2004, de desalojar del poder a quienes habían mostrado su dejación, incapacidad e ineficacia para evitar un atentado advertido por diversos servicios de información, internacionales y nacionales, después de la foto de las Azores, donde se plasmó fotográficamente la complicidad del Gobierno de Aznar en la invasión ilegal de Irak, la matanza indiscriminada de civiles -cerca de 650.000 hasta ahora- y el establecimiento de la tortura y el asesinato como métodos a aplicar a los detenidos ilegales o a los prisioneros. La legitimidad democrática no la conceden, ni la retiran, unos políticos resentidos por su derrota electoral e implicados en reiterados intentos de engaños masivos a los ciudadanos.


Aferrados como único recurso de desgaste político y social del Gobierno actual a los intentos, negociados, de poner fin a más de treinta años de terrorismo etarra, sin cesiones políticas y la "prisión atenuada" otorgada, dentro de la más absoluta legalidad, a un repugnante criminal que gozó de cuantiosos privilegios penitenciarios del Gobierno de Aznar, los dirigentes del PP, utilizando, manipulando y controlando algunas asociaciones de víctimas del terrorismo, ha organizado, controlado y subvencionado ocho manifestaciones contra el Gobierno, culminando con la concentración de Madrid.


Fue un acto electoral, fabricado sobre las mentiras a que nos tienen acostumbrados los líderes del PP, adornado, no con ataques a ETA, sino con insultos al Gobierno, especialmente, contra su presidente, utilizando toda clase de amenazas de claro contenido fascista.


"¡Zapatero, al paredón!". Recuerdo cuando frases similares se gritaban por las calles de Madrid contra un cardenal de la Iglesia que luchaba por la democracia y la libertad. "¡Tarancón, al paredón!", gritaban los sicarios de Blas Piñar, los llamados Guerrilleros de Cristo Rey y los militantes de Falange Auténtica, organización fascista en la que militaba José María Aznar. Por supuesto, en defensa de la ¡España, Una, Grande y Libre!, eslogan del régimen franquista.


Rajoy debería explicar, con mayor exactitud, qué pretende con ese llamamiento a "defender a la nación española". ¿A quiénes se está dirigiendo? ¿Está buscando un pronunciamiento de los militares? ¿Busca un teniente coronel, dispuesto a todo por España?


Cuando se cumplen cuatro años de la famosa reunión, con foto, de las Azores, y desde el Pentágono se reconoce que la situación de Irak tiene rasgos de guerra civil, se han celebrado nuevas movilizaciones internacionales contra la guerra y la ocupación, por la retirada de las tropas de Irak y por el cierre de la base de tortura de Guantánamo.


El pasado miércoles, día 14 de marzo, se cumplieron tres años del triunfo electoral de Rodríguez Zapatero, aprobando la Ley de Igualdad, que, con la Ley de Dependencia, vale por una legislatura.