Mentiras, engaños y aniversarios
Justo
Fernández Rodríguez
Conozco a muchos militantes del Partido
Popular y no pocos de sus dirigentes nacionales, autonómicos y locales. En
términos generales, me parecen personas racionales, lógicamente con ideas
conservadoras e, incluso, reaccionarias, pero con los que se puede debatir y
discrepar, con mayor o menor acaloramiento. Sin embargo, la actitud del núcleo
de poder, controlado por Aznar desde
Oír a Aznar, Rajoy, Acebes o Zaplana, acusando de mentir, falsear o manipular
al Gobierno de Rodríguez Zapatero no es un chiste malo; es un sarcasmo
indecente que deja entrever hasta qué extremos de cinismo, desvergüenza e
ignominia están dispuestos a llegar para conseguir un peligroso estado de crispación
política y social que genere el odio y la división entre los españoles. Un odio
que viene haciéndose cada vez más visible en los rostros, los insultos y los
textos de las pancartas de los que acuden a las manifestaciones, convocadas por
Primero fueron las falacias sobre la "ruptura de la unidad de
España", por el Estatuto de Cataluña; después, la conspiración
mediático-política sobre la autoría del 11-M; ahora, la "rendición ante
ETA y la entrega de Navarra" a los nacionalistas vascos.
Nadie va a negar que todos los partidos políticos en alguna ocasión mienten.
Dirigentes políticos, ya sean nacionalistas, conservadores, socialistas o
comunistas, elegidos democráticamente, cuando gobiernan países, autonomías o
municipios, intentan dulcificar u ocultar los datos negativos de su gestión y
resaltar, con la colaboración de sus terminales mediáticas, los aspectos
positivos, incluso inventándoselos. Pero nada es comparable con la capacidad
compulsiva, no genética, para mentir de los dirigentes del PP. ¿Quién puede
olvidar las mentiras de Aznar, Rajoy o Zaplana, intentado engañar a los
ciudadanos para eludir las responsabilidades de la incompetencia mostrada en la
tragedia del Prestige? Resulta difícil no recordar la actitud de Aznar,
y de Federico Trillo, ministro de Defensa, junto con el grupo parlamentario del
Partido Popular, intentado engañar a los familiares de las víctimas del Yak-42
sobre las causas del accidente. Nadie olvida las falsedades de Aznar y todos
los dirigentes del PP sobre las "armas de destrucción masiva", las
"conexiones del régimen de Sadam Husein con el terrorismo
internacional" y el "peligro inminente para la paz mundial",
intentando justificar la invasión ilegal de Irak y su ocupación militar.
Pero el colmo del cinismo, digno de ostentar el récord Guiness, se produjo el
11 de marzo de 2003 y los días siguientes. Ante el terrible atentado del
terrorismo islamista en la estación de Atocha, que ocasionó 191 muertos y 1.800
heridos, el Gobierno del PP, especialmente Aznar, Acebes, Rajoy y Zaplana, una
vez más, pretendieron engañar al pueblo español, atribuyendo la autoría de la
masacre, con fines electorales, a la banda terrorista ETA, cuando ya sabían
quiénes habían sido los autores. Estos días, en el juicio que se está
celebrando en Madrid, hemos conocido que desde las dos de la tarde del 11-M el
Gobierno tuvo conocimiento de que ETA no tenía nada que ver con el atentado.
Pero continuaron con las mentiras, intentando elaborar un entramado
conspirativo de mentiras e indignidades que está siendo desbaratado, día a día,
en la sala donde se está celebrando el juicio de los acusados y sus cómplices.
Mariano Rajoy, el candidato designado por Aznar, alentado o dirigido desde
algunos medios de comunicación, ha venido cuestionando la decisión democrática
de los ciudadanos, el 14 de marzo de 2004, de desalojar del poder a quienes
habían mostrado su dejación, incapacidad e ineficacia para evitar un atentado
advertido por diversos servicios de información, internacionales y nacionales,
después de la foto de las Azores, donde se plasmó fotográficamente la
complicidad del Gobierno de Aznar en la invasión ilegal de Irak, la matanza
indiscriminada de civiles -cerca de 650.000 hasta ahora- y el establecimiento
de la tortura y el asesinato como métodos a aplicar a los detenidos ilegales o
a los prisioneros. La legitimidad democrática no la conceden, ni la retiran,
unos políticos resentidos por su derrota electoral e implicados en reiterados
intentos de engaños masivos a los ciudadanos.
Aferrados como único recurso de desgaste político y social del Gobierno actual
a los intentos, negociados, de poner fin a más de treinta años de terrorismo
etarra, sin cesiones políticas y la "prisión atenuada" otorgada,
dentro de la más absoluta legalidad, a un repugnante criminal que gozó de
cuantiosos privilegios penitenciarios del Gobierno de Aznar, los dirigentes del
PP, utilizando, manipulando y controlando algunas asociaciones de víctimas del
terrorismo, ha organizado, controlado y subvencionado ocho manifestaciones
contra el Gobierno, culminando con la concentración de Madrid.
Fue un acto electoral, fabricado sobre las mentiras a que nos tienen
acostumbrados los líderes del PP, adornado, no con ataques a ETA, sino con
insultos al Gobierno, especialmente, contra su presidente, utilizando toda
clase de amenazas de claro contenido fascista.
"¡Zapatero, al paredón!". Recuerdo cuando frases similares se
gritaban por las calles de Madrid contra un cardenal de
Rajoy debería explicar, con mayor exactitud, qué pretende con ese llamamiento a
"defender a la nación española". ¿A quiénes se está dirigiendo? ¿Está
buscando un pronunciamiento de los militares? ¿Busca un teniente coronel,
dispuesto a todo por España?
Cuando se cumplen cuatro años de la famosa reunión, con foto, de las Azores, y
desde el Pentágono se reconoce que la situación de Irak tiene rasgos de guerra
civil, se han celebrado nuevas movilizaciones internacionales contra la guerra
y la ocupación, por la retirada de las tropas de Irak y por el cierre de la
base de tortura de Guantánamo.
El pasado miércoles, día 14 de marzo, se cumplieron tres años del triunfo
electoral de Rodríguez Zapatero, aprobando