CRONICAS METROPOLITANAS
Mentiras
FEDERICO ECHANOVE
El presidente del Cabildo majorero, Mario Cabrera, ha puesto por fin el dedo en la llaga al decir que el responsable directo de las trágicas muertes en el mar de estos días no es otro que Marruecos, que el país vecino las usa como moneda de cambio en otro tipo de negociaciones y que, en tanto no cambien las cosas, ni España ni la Unión Europea deberían seguir subvencionando esa satrapía medieval. Habla el hombre también de genocidio en el mar, quién sabe si porque tuvo un lapsus y estaba pensando en ese otro genocidio -del que se han visto siempre muchas menos fotos- que la monarquía alauita viene practicando en el desierto desde 1975. Se calcula que sólo en los primeros meses de 1976 el 'napalm' y el fósforo blanco de los invasores causó unas 5.000 víctimas civiles -casi todos ancianos, mujeres y niños- entre la población saharaui.
Y la operación para intentar borrar la identidad de ese pueblo no ha cesado. Así lo demuestran no solo el sistemático empecinamiento del Majzen en negarse a que aquéllos a quienes entonces agredió, contra todo derecho, puedan decidir libremente su destino, sino episodios tan significativamente silenciados como la destrucción, mientras nuestros gobiernos miraban para otro lado, del fuerte del siglo XIX bajo el que nació la ciudad de Dajla y bajo cuyos muros tantos niños saharauis y canarios crecieron juntos. Ya está bien de tanta corrección política y leche machanga: Definamos de una vez a Marruecos como lo que es: una monarquía absoluta de características feudales a cuya cabeza está alguien que la gobierna como un cortijo, con el atributo añadido de que, en tanto que comendador de los creyentes, es, además, su autoridad religiosa. Más o menos como si Rouco Varela reinara y gobernara en La Zarzuela, Echarren en Canarias o Juan Pablo II fuera desde Roma el dueño de nuestras vidas y haciendas.
Es en este contexto anacrónico de servidumbre, miseria e indignidad que impone la clase dirigente marroquí a sus súbditos en el que encuentran cabida personajes tan patéticos como el actual cónsul de Mohammed VI en Las Palmas, Abderrahman Leibek, que, siendo natural de Dajla, hace tiempo que, entre la libertad y estar arrimado a la sombra del sultán, eligió lo segundo. Allá cada cual con su vida, lo grave es que encima este señor se permita ir diciendo mentiras por los periódicos, como en una reciente entrevista en la que indica que antes de la colonización el Sáhara siempre fue jurídicamente marroquí. Fueron precisamente varios predecesores del sultán al que ahora sirve Leibek, quienes en distintos tratados internacionales reconocieron exactamente lo contrario. Y las contadas veces que en el XIX intentaron atravesar el cauce del río Draa, siempre fueron rechazados. Por no hablar del dictamen del Tribunal de La Haya previo a la invasión que, al margen de los lejanos vínculos religiosos (¡!) de unas pocas tribus, deja claro que nunca hubo soberanía territorial.