MERCADEO POLÍTICO

NICOLÁS GUERRA AGUIAR

A lo largo del pasado sábado, 8-1-05, se constató en la reunión del Consejo Nacional de Iniciativa Canaria la imposibilidad de un arreglo entre los dos sectores en discordia, los llamados "crítico" y "oficial" o, lo que es lo mismo, dos apéndices de una compacta estructura hasta hace poco (mientras duró el poder). Porque por más que intenten confundir, la realidad es machacona e insistente: no se trata de enfrentamientos ideológicos sino, desgraciadamente, de cotas de dominio. Por eso destacó el señor Mauricio en la reunión de sus afines la presencia de traidores al sector crítico (don Froilán Rodríguez y don Gonzalo Angulo, asesor de la señora vicepresidenta del Gobierno de Canarias el primero y viceconsejero de Pesca el segundo).

Para el señor Mendoza (sector crítico), el señor Mauricio (sector oficial) no es más que "un enterrador de proyectos progresistas". Y, para éste, los críticos "ya no tienen legitimidad" en cuanto que otros componentes no están de acuerdo con sus decisiones. Sin embargo, los grupos parlamentarios (Congreso de los Diputados y Senado) no se romperán, no asistirán a esos "enterramientos de proyectos progresistas" por una elemental razón: si desaparecieran como tales, sus componentes pasarían al Grupo Mixto, es decir, dejarían de recibir muy importantes aportaciones económicas... y eso ya son palabras mayores. Discutible afirmación, pues, la del señor Mendoza, en tanto que él seguirá siendo parte del grupo de CC en el Senado, es decir, el de ideas no progresistas. Lo mismo, exactamente, que el señor Rodríguez en el Parlamento... Progresistas sí, pero todo tiene un límite.

Echemos una ligera mirada atrás, a lo que lo fue el inicio de su caída. Recordemos que, a partir de los iniciales años noventa, ICAN se convirtió en una simple fortificación de acomodo político que repartió con dadivosidad los nuevos bienes gananciales obtenidos tras su abrazo fraternal y de ideas con el Partido Popular y la retirada a los cuarteles de invierno de los psocialistas. Fueron años de gozos y regocijos para todos los hoy enfrentados, pues no sólo cubrieron las ambiciones personales de muchos mediocres y vividores que se ampararon en el neonato nacionalismo, sino que disfrutaron de los escenarios sociales antes reservados a los sectores de la derecha chicharrera, es decir, a aquellos contra quienes en su juventud muchos de los nuevos convertidos lucharon. żTe acuerdas, W.? Coalición Canaria, como elemento englobador de los más variados grupos y pensamientos resultó ser, dijeron, el nacionalismo prometido, el sentimiento regional tras el que generaciones de canarios anduvieron desde siglos atrás y nunca habían logrado. Parecía que, según sus componentes, Canarias había encontrado ya su momento de gloria y presencia en la comunidad internacional. Y hubo cambios, vaya si los hubo: se sustituyeron pantalones vaqueros por otros "de marca"; se cambiaron chamarras por chaquetas a medida y -parece un símbolo- se colocó el nudo de la corbata allí donde la voz tiene un espacio vital para su realización. Los coches particulares fueron permutados por los oficiales y las nóminas definieron las distintas escalas del poder. Se repartió todo y, a veces, hasta se compartió entre la derecha (rigurosa en sus planteamientos) y los nuevos acomodados que -por aquello del respeto a los demás- evolucionaron hacia posturas más conservadoras, a fin de cuentas se sentían ya definidos en su nuevo papel. Y empezaron a ser presencia física allí donde estaban los poderosos, los organizadores de la economía, entre sonrisas ya nada resolutivas para aquellas clases sociales a las que habían prometido revolucionarias transformaciones.

Creó Coalición Canaria tan poderosa estructura que hasta los viejos críticos con la burguesía neoliberal se convirtieron en sus aliados, y daba igual que las presidencias de los Cabildos de Gran Canaria y Tenerife estuvieran en manos de la derecha conservadora porque ahora ellos iban a formar parte del poder. Y ejercieron de vicepresidentes o de consejeros de Medio Ambiente sin pudor o recato, toda vez que los principios éticos se habían metamorfoseado con la precisa laxitud. Y mientras todos gozaron de autoridad y mando en plaza y disfrutaron de los embelesos que subliman, nada pasó, muy al contrario, soberbia y petulancia forjaron mentes y comportamientos de aquellos ideólogos de una moderna y necesaria revolución para Canarias. Tercos e impávidos, desapasionados e inflexibles, se distanciaron de sus votantes y de las ideas. Y lo pagaron con creces porque el pueblo fue viendo la tremenda y compacta muralla que sus elegidos iban construyendo a medida que el tiempo pasaba. Y es por esto que surgen los problemas apuntados al comienzo. No se trata, en rigor, de diferenciaciones éticas o ideológicas. No hablemos de traiciones ni de sepulturas de ideas: todos, absolutamente todos los que tienen vela en este entierro, están en ICAN desde sus primeros momentos. Y todos, absolutamente todos, gozaron de los placeres ocultos del poder. Por tanto, la muerte de los pensamientos progresistas no se le puede achacar a un grupo.

Todos son responsables. Pero ICAN (en la que cabría un amplio sector de la izquierda canaria) no sólo tiene un importante papel en nuestra sociedad, sino que resulta absolutamente imprescindible para evitar la muy peligrosa bipolaridad política PSOE / PP. Necesita ICAN a nueva gente, a militantes más jóvenes que sigan ilusionados con ese bello proyecto que llegó a embriagar a decenas de miles de ciudadanos. Pero los que están ahora en los dos bandos contendientes deben retirarse (ˇdesvarío, ficción, quimera!) en beneficio de la región. La sede de Buenos Aires está vacía y cerrada con fechaduras a la espera de quienes sientan, de verdad, el plan nacionalista que merece mi más absoluto respeto porque también -como otros- responde a ideas y pensamientos para el pueblo.

* Artículo de Opinion. LA PROVINCIA/Diario de Las Palmas. 10 de Enero de 2005

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