MI ÁRBOL DE NAVIDAD
Ramón Moreno
La casualidad -o la "causalidad", nunca se sabe-, ha querido que mi ineludible artículo de todos los sábados saliera hoy 24, día de Nochebuena. Por ello me he imbuido de la magia de estas fiestas navideñas, y he puesto manos a la obra con una sensibilidad a flor de piel, de la que no he podido sustraerme, a pesar de que todos "hemos vuelto a casa".
Escribo a los sones de la maravillosa orquesta El Gran Combo de Puerto Rico, escuchando especialmente la canción "El Arbolito" -de mi tocayo Ramón Rodríguez-, que con otras melodías completa un CD recopilatorio de la popular banda, titulado "Nuestra Música"; producido por el sello discográfico "Manzana", de tantos éxitos musicales.
"El Arbolito" es un precioso y emotivo villancico, que refleja musicalmente el más puro y genuino costumbrismo portorriquense, extrapolable a toda América Latina. Con una música pegadiza, a ritmo de salsa, y una letra bellísima que dice así: "Máma ponme el arbolito/ porque llegó la Navidad/ si supieras que bonito/ que bonito en la sala quedará./ Si no se puede, no te apures mamá/ en la ventana podemos poner/ las bombillitas del año pasado/ que la guardamos en la bolsa de papel/ debajo la cama". Bis
"En la bolsita tenemos pastores/ tres camellitos, la mula y el buey/ y aunque le falta la Virgen y el Niño/ es con cariño y yo le quiero hacer/ lo que tu me enseñaste". Estribillo: "Ponme el arbolito calypso de Navidad/ el día de Nochebuena que bonito se verá/ ponme el arbolito calypso de Navidad/ ven ponme las bombillitas en la ventana, mi mamá/ ponme el arbolito calypso de Navidad/ mamá ponme el arbolito sea grande o sea chiquito/ ponme el arbolito calypso de Navidad/ ponme muchos arbolitos que los quiero compartir/ con todos mis amiguitos/ arbolito, arbolito, tradición"…
Y yo he puesto mi particular "arbolito". No se trata del abeto convencional; ni siquiera de un ciprés, que sería lo más lógico, ya que Canarias ha entrado en un "coma" irreversible, No. He puesto un laurel de indias, aprovechando una hermosa rama de un bello ejemplar de uno de estos árboles centenarios que proliferan por nuestra geografía, y que son tan característicos de nuestros parques, plazas, alamedas o avenidas.
Con ello he querido rendir un sentido homenaje a nuestra masa arbórea, tan descuidada, y que se ha visto seriamente dañada por los embates de los vientos huracanados de la tormenta tropical Delta, de triste recuerdo. Y aprovecho la oportunidad, para solidarizarme con todas las personas que de una forma u otra han sufrido los terribles efectos de este fenómeno atmosférico, tan poco frecuente en Canarias, pero que podría repetirse.
Mi árbol de Navidad es pues, un frondoso laurel de indias; y como si yo fuera un experto decorador de interiores, lo he adornado con toda la parafernalia de guirnaldas y figuritas, con sus bombillitas y todo. Aunque, eso si, alimentadas por pilas porque no me fío ni un pelo del suministro eléctrico de Unelco/Endesa, y mucho menos de sus valedores.
Pero lo que me sigue llamando poderosamente la atención -como atento observador de todo lo que sucede en la sociedad-, año tras año, cuando llegan estas fechas de Navidad y Reyes, es el desaforado consumismo (alimentado por una estrategia de marketing muy bien diseñada) en el que está inmersa la población en general.
Un auténtico consumismo compulsivo que hace que todo el mundo se eche a la calle de compras, independientemente de su poder adquisitivo. ˇDe locura!. Con el agravante, de que la mayoría se endeuda hasta las cejas, con tal de aparentar y presumir en su entorno más próximo, quién tiene la mejor marca y el último modelo de tal o cual artilugio. ˇEs la fiebre del regalo!, y las bandas magnéticas de las tarjetas de crédito de bancos, cajas, grandes almacenes etcétera, se asemejan a diminutas pistas de patinaje sobre hielo.
Parece que la cuestión que se dirime en esta sociedad, que adolece de una serie de valores, no es si ésta es más culta, mejor articulada en lo social, más emprendedora e imaginativa, con conciencia de pueblo y más solidaria con los propios canarios, no. El asunto se circunscribe al plano personal, y en algunos casos -no en todos- al familiar; lo que nos lleva a un individualismo feroz, que es una de las lacras y la gran rémora de este pueblo. A ello hay que añadir un indisimulado culto al dinero -no importa su procedencia-, que convierte nuestra existencia en una carrera del gran slalom por conseguir el "vil metal", al precio que sea.
Y no cabe duda, que desde esa óptica (dando por sentado la legalidad de los "ingresos"), el dinero abre muchas puertas, proporciona mayor calidad de vida, y hasta puede alargar ésta en determinadas enfermedades. De todas formas, ˇque "pobres " son los que solo tienen dinero!.
Yo, consecuentemente con lo que pienso, hago mía la letra de esa vieja canción que todos conocemos: "Tres cosas hay en vida/ salud, dinero y amor/ el que tenga esas tres cosas/ que le dé gracias a Dios"...
Mi más ferviente deseo en estas Navidades, es que el pueblo canario consiga esas "tres cosas", y que cada cual las coloque en el orden que desee. ˇMuchas Felicidades!.
Canarias, diciembre de 2005