Era domingo, 31 de marzo de 2002,
de la era cristiana y Añaza se vio ¿sorprendida? por una de tantas catástrofes
naturales que azotan nuestro maltrecho planeta, una riada ¿imprevisible? de
agua, barro y piedras que dejó a su paso miles de damnificados, daños psíquicos
y materiales incalculables y por lo menos ocho personas fallecidas, a las que
rendimos un sentido homenaje y expresamos nuestras más sinceras condolencias a
sus familiares y amigos.

Lo que se observa es que en ese plenilunio se
desestabiliza generalmente la atmósfera, dando lugar con relativa frecuencia a
fenómenos como el sufrido por nosotros el 31 de marzo de 2002, lo que no
implica que no haya Semanas Santas, o sea primeros plenilunios de la primavera
de verdadera bonanza meteorológica. Nuestros queridos antepasados sabían muy
bien de la influencia de las fases de la luna en el tiempo meteorológico, pues
para garantizar su supervivencia, la de sus ganados y sus cosechas utilizaban un
calendario lunar, como el geométrico que nos legaron los habitantes de Tamarant
en la cueva pintada de Gáldar, (los 4 cuadrados horizontales y los 3 verticales
representan doce lunas, figura denominada acano) que no es ni más ni menos que la geometría
llevada a sus más insignes consecuencias en forma de calendario lunar, diseñando
un sistema de previsión meteorológica aún no superado en la era de los satélites.
Cuando
se ven los relámpagos y se oyen los estruendosos truenos, tambores y cornetas más
de un ingenuo feligrés hinca la rodilla al tiempo que se acuerda de todos los
santos.
Antiguamente
los sacerdotes egipcios, con muchos conocimientos científicos en general y
astronómicos en particular, utilizaban dichos conocimientos para arrodillar a
los creyentes utilizando hábilmente la información que sobre la previsión de
los eclipses totales de sol poseían: “¡ Como castigo, por la lentitud en la
construcción de las pirámides -les decían justo antes de que ocurriera el
eclipse- Dios ha adelantada la noche! Y las pirámides crecían a ritmo de vértigo,
látigo, miedo y religión, mucha religión.
También
a los Wa-n-Chinet (habitante de Chinet-Tenerife-, y que algún lingüista
castellano más bien duro de oído tradujo como guanche) algunas
“autoridades” eclesiásticas intentaron arrebatarles el Weñesmen del 15 de
agosto, fiesta de las cosechas y juegos weñesmares, para celebrar la fiesta de
la virgen de Candelaria, que en realidad se celebra el 2 de febrero, desde hace
un par de años festivo precisamente en Chinet, fracasando dicho intento de
apropiarse de una de nuestras festividades más señeras, pues afortunadamente
todavía los habitantes de Chinet celebran el Weñesmén en dicha fecha de agosto
procedentes de los más recónditos lugares.
Lo cierto es que nuestros aguerridos compatriotas, rescatando víctimas de las turbulentas aguas de la riada, de las casas inundadas, en las que entraban por los techos y ventanas, de los vehículos y de cualquier sitio donde hubiera alguien necesitado, allí estaban, ayudando aún a riesgo de sus propias vidas, avisando por teléfono a familiares y amigos.
Jamás olvidaremos, y exigimos justicia.
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