Revista EL GUANCHE nº 5.  Caracas, 6 de febrero de 1898.

 

¡MIS CANARIOS!

 

El grito de libertad está lanzado al mundo, no lo recogeremos jamás. Cuanto más dura sea la prueba más energía y tesón mostraremos al enemigo. El grito está lanzado: ¡Vivan las Canarias libres!

 

Dadas las borrascas en que nuestro enemigo pretende sumergir a EL GUANCHE, tal vez sea la última vez que en esta tierra os hable desde sus columnas con amor y cariño.

 

¡Canarios! El enemigo es astuto, poderoso y cobarde; pretendió hacerme odioso a vuestros ojos y salió frustrado. La Patria sólo ve en mí al hijo que la idolatra y expone su pecho en defensa de ella y mis hermanos.

 

Herido nuestro adversario por la lógica de EL GUANCHE, huye como la fiera, no atreviéndose a dar de frente la dentellada y nos acomete a mansalva. En su desesperación pone todos los medios pérfidos y consigue al fin separarme de vosotros.

 

No importa. Esta es su primera derrota.

 

Ah! Creyeron que EL GUANCHE era obra de un solo hombre; y había que quitarlo a todo trance: no importa por qué medio; el ridículo le es indiferente.

 

Mas, aquel no morirá ¡imbéciles! EL GUANCHE es obra de la época, ésta la trae en sí; sois vosotros mismos, gobernantes españoles, los causantes de su aparición; dejad de ser quienes sois y desaparecerán estas publicaciones que os echan a la cara vuestro mal gobierno, vuestra ambición, vuestra tiranía.

 

Las ideas de EL GUANCHE que tanto os asustan no sólo no mueren con mi separación, sino que no morirán jamás. Nunca me aterró ni la cárcel ni la deportación; mi ideal está por sobre estos detalles.

 

Desde muy joven, soñé con la idea de libertad que penetró en mi corazón y fue tomando cuerpo hasta poseer toda mi alma; hoy constituye una segunda parte de mi naturaleza y aunque quisiera prescindir de ella, no podría.

Ah! Cómo me da bríos el orgullo que noto en el venezolano cuando habla de su Patria, de su Bolívar, de su Sucre, de su Libertad en fin.

 

También yo he leído que nuestra Patria tan pequeña, pero tan fértil y tan cantada, fue en un tiempo libre, feliz y cariñosa con aquellos hijos cuya historia hace surgir una lágrima en mis ojos.

 

Nuestra demanda es tan justa que no hay un hijo de esta tierra cuyo corazón no sienta simpatías por nuestra independencia.

 

Tan pequeña es nuestra Patria, tanto mayor será la abnegación que despleguemos.

 

En vano buscará el español una mordaza para nuestras bocas y una losa para nuestros corazones. Ah! Nuestras bocas lanzarán su queja por sobre las murallas de un presidio y el viento la esparcirá y nuestros corazones oprimidos por la tiranía serán el motor eléctrico que sacuda y despierte del letargo a nuestros hermanos en desgracia.

 

El grito de libertad está lanzado al mundo, no lo recogeremos jamás. Cuanto más dura sea la prueba más energía y tesón mostraremos al enemigo.

 

No importa que sus ataques sean viles, los nuestros serán dignos de la idea que defendemos.

 

Es verdad que todo conspira contra nosotros, desde la influencia de la nación que guarda las llaves de nuestros grillos, hasta la obcecación de hermanos nuestros, ya envilecidos por la sumisión y las cadenas; mas, cuanto mayores sean los obstáculos, más grande ha de ser la abnegación por dominarlos.

 

¿Qué importa los sacrificios si algún día llega a alumbrar nuestra Patria el sol de la libertad?

 

¿Qué nos importa la herida que nos produzca algún canario si nuestra conciencia nos manda luchar en beneficio de él mismo?

 

Es doloroso ver hermanos nuestros por quienes derramaríamos gustosos hasta la última gota de sangre, laborando contra nosotros, y sirviendo de instrumento al adversario común, quien se esfuerza por lanzarnos al abismo.

 

Pero, aun cuando tales hermanos existan y nos excomulguen por el solo hecho de luchar por el bien de la Patria, debemos perdonarles su error. Ellos no son ni peor ni mejor que los demás pueblos. Cumplen con una ley ineludible pisoteando si fuera posible a los primeros que osaran pedir su libertad, su redención.

 

Nosotros, los que nos consideramos esclavos, pero rebeldes, los que no queremos pactos con el dominador, hemos de ser consecuentes con estos infelices aun cuando hagan de nuestras espaldas una alfombra y de nuestra vida honrada una leyenda vandálica. En su ignorancia, al querer escupirnos, se escupen a sí mismos.

 

Con el solo hecho de haber nacido en nuestra Patria debemos quererlos como a ella.

 

Nuestra inteligencia y nuestros bríos debemos guardarlos para combatir al tirano.

 

El grito está lanzado: ¡Vivan las Canarias libres!