El gran mito aglutinador

Bush: ese maldito nazi y "loco fundamentalista" que habita en la Casa Blanca

Por Manuel Freytas

Hay quienes se benefician del mito "anti-Bush" para alienar a las mayorías y esconder la relación existente entre las guerras imperiales y los negocios capitalistas de la conquista.

Hay un modismo común, extendido principalmente entre los intelectuales de la "nueva izquierda", de llamarlo "idiota" , "estúpido", o "fundamentalista" a Bush sin indagar ni analizar demasiado en las raíces formativas estructurales del "fenómeno Bush". Incluso, hay muchos en Washington que sostienen que Bush está rematadamente loco, que es un caso de psiquiatría profunda combinado con los negocios del Imperio capitalista norteamericano. En este universo calificativo, el Bush "nazi", el Bush "genocida", el Bush "estúpido", se impone sobre cualquier análisis del poder norteamericano donde lo económico, lo militar y lo político se interaccionan dentro de un mismo objetivo: la conquista militar de mercados y de recursos estratégicos vitales para la supervivencia del sistema capitalista estadounidense.

Las "perlas" discursivas de Bush con la Biblia y la religión son verdaderos "logros" que los medios norteamericanos, la mayoría de filiación demócrata, destacan en letra de molde para demostrar que el actual habitante de la Casa Blanca está más cerca del manicomio que de la política.

Bush, sin ninguna duda, es el presidente más atacado y demonizado de toda la historia de los EEUU, y su sola mención equivale a recrear lo más abominable de esa galería que la humanidad y sus mitos ha colocado en el santuario de los "malditos" de la especie.

Curiosamente, en los cinco continentes, las personas no odian a Bush por lo que representa (el Imperio norteamericano y el sistema capitalista) sino por todo lo que la mitología mediática concentró alrededor de su figura: "loco", "nazi", "fundamentalista", "borracho", etc.

Un informe del Financial Times de mayo de 2002, analiza que casi un 48% de las mayores compañías y bancos en el mundo son de los EE.UU. y un 30% son de la Unión Europea, sólo 10% son japoneses. El (único) culpable de todo es Bush.

Entre las 10 principales transnacionales del mundo: 90% son propiedad estadounidense; de las principales 25, 72% son propiedad estadounidense; de las principales 50, 70% son estadounidenses y de las principales 100, 57% son propiedad estadounidense.
El (único) culpable de todo es Bush.

En el mundo capitalista "transnacionalizado" del Imperio norteamericano las 200 empresas multinacionales mas poderosas dictan y condicionan la política mundial y el comportamiento de gobiernos, ejércitos, o instituciones mundiales oficiales o privadas.
El (único) culpable de todo es Bush.

Según el ranking anual de la revista Forbes, la "buena marcha" de los negocios del capitalismo transnacional queda demostrada en el listado de 587 multimillonarios que acumulan una fortuna que duplica la riqueza anual producida por un país como España, y representa casi la quinta parte de la gigantesca economía de EEUU, la primera potencia imperial del mundo.
El (único) culpable de todo es Bush.

La mayoría de las súper-fortunas difundidas por Forbes provienen de "negocios" relacionados con la finanzas, el "espectáculo", el deporte, la "cultura", las grandes producciones de Hollywood, las grandes cadenas de diarios, radio y televisión, la moda y los cantantes "fashion", y en general todo lo que "divierte y entretiene" a los televidentes y espectadores de todo el mundo, mientras el otro resto del planeta se muere de hambre marginado del "circuito" laboral y comercial del sistema.
El (único) culpable de todo es Bush.

En el otro extremo de la pirámide (los que fueron despojados de su tajada del pastel), según informes de la ONU del 2005, sobre una población mundial de 6.000 millones de habitantes, 2.800 millones de pobres sobreviven con menos de dos dólares al día.

Según los informes presentados por organizaciones humanitarias en la ONU en el Día Mundial de la Alimentación, en octubre del 2003- 840 millones de personas en todo el mundo carecen de alimentos básicos, y más de seis millones de niños menores de cinco años morirán en un mes (octubre de 2003) de inanición.
El (único) culpable de todo es Bush.

Las comparaciones numéricas de las cifras de riqueza concentrada en pocas manos con la pobreza y la marginación humana extendida masivamente por todo el planeta, son infinitas, y ponen al descubierto, más que ninguna imagen o palabra, la verdadera naturaleza del sistema capitalista instalado como "única civilización" posible en el mundo.
El (único) culpable de todo es Bush.

Y mientras el mundo entero es "anti-Bush", las redes financieras, industriales y comerciales del capitalismo trasnacional, los grandes charman y ejecutivos de bancos y consorcios multinacionales que deciden el destino del planeta en el Consenso de Washington, concentran riqueza, duermen en paz, y se reparten el mundo como si fuera un pastel.
El (único) culpable de todo es Bush.

Y mientras el mundo es fatalmente "anti-Bush", ese capitalismo trasnacional que "nadie ve", expresado brutalmente en el ranking de multimillonarios de Forbes, o en el listado de ganancias y facturación de las trasnacionales capitalistas, está ahí, al alcance de nuestras narices y gozando de buena salud.

Esa, sencillamente, es la trampa siniestra del mito "anti-Bush" inducido mediáticamente en la psicología de las mayorías planetarias, y que los propios teóricos de la "nueva izquierda", olvidados de Marx y de las leyes funcionales del capitalismo, difunden como la nueva biblia "revolucionaria".

A diferencia de otros presidentes norteamericanos, el nombre de Bush no se asocia con el Imperio estadounidense, con sus bancos y trasnacionales, con sus políticas de Estado orientadas a la conquista de países y mercados, sino que se lo asocia con una misión "mesiánica" de destrucción por la destrucción misma.

¿Cuál es el origen de esta ideología "anti-Bush" que eclipsa al propio sistema imperial-capitalista que lo procreó?

Sin ninguna duda, para entender el fenómeno "anti-Bush", hay que rastrear en la guerra por el poder en EEUU.

Los medios y el "anti-Bush"

La guerra por el poder en EEUU, entre demócratas y republicanos, tiñe la información mundial nivelada y planetarizada por las grandes cadenas y consorcios mediáticos del imperio capitalista.

Y hay un detalle a tener en cuenta: la mayoría abrumante de las grandes cadenas norteamericanas diarios, agencias y televisión) son simpatizantes y/o adhrentes del Partido Demócrata como quedó claramente demostrado en la última elección presidencial con su apoyo editorial explícito al candidato John Kerry.

Salvo The Wall Street Journal, todas las grandes cadenas y diarios (empezando por The New York Times y The Washington Post) editorializaron a favor de la candidatura de Kerry y del Partido Demócrata durante las elecciones presidenciales del 2004, en las cuales Bush consiguió su segundo mandato.

Lo mismo sucedió (y sucede) con las grandes cadenas y diarios europeos, la mayoría en manos de los sectores "progresistas" del capitalismo imperial, quienes se hacen eco permanente de las campañas de los demócratas contra la administración Bush, la mayoría de las veces vehiculizadas a través de denuncias, acusaciones, presentadas como "información objetiva".

Tal es el caso de las torturas, Guantánamo, el CIA-Gate, el Katrina, que los demócratas estadounidenses utilizan como línea permanente de ataque y desestabilización contra el gobierno de Bush.

La infernal guerra interna por el control de la Casa Blanca imperial, a su vez, alimenta y da sustento financiero y logístico (a través de las ONG "progresistas") a todas las organizaciones, sociales y sindicales que organizan marchas y movilizaciones para protestar contra la política de Bush, principalmente en Irak, además de cuestiones internas como lo es el de la inmigración ilegal.

En las movilizaciones de los inmigrante ilegales del lunes, 1 de mayo, por ejemplo, intervinieron todos los sindicatos y organizaciones sociales controladas por el Partido Demócrata.

En noviembre de este año se renuevan las dos cámaras legislativas en EEUU (hoy en manos de los republicanos) y todo lo que hoy sucede en el plano de la información mediática se relaciona con esa guerra mediática-electoral entre demócratas y republicanos.

Hasta ahí sería todo normal, una cuestión de guerra interna por el poder dentro del Imperio (sin relevancia para el mundo dependiente), sino fuera porque las grandes cadenas mediáticas ("progresistas" y pro-demócratas) presentan a esta contienda electoral como una lucha entre el "bien" (demócratas), y el "mal" (Bush).

Esta táctica manipuladora consiste en presentar todas las lacras coyunturales del Imperio capitalista norteamericano (invasiones, torturas, conquistas armadas, explotación económica, etc,) como productos "exclusivos" de la administración "de turno" de George W. Bush.

De manera tal, que las invasiones a Irak y Afganistán, las torturas en Irak, los presos de Guantánamo, las manipulaciones de la CIA para justificar invasiones militares, las persecuciones internas del FBI, las cárceles y presos clandestinos de la CIA, son presentados como fenómenos emergentes y "exclusivos" de la administración Bush, sin relación con la estructura del capitalismo trasnacional que controla la Casa Blanca, ni con las otras administraciones, republicanas o demócratas, que administraron EEUU para ese mismo poder a través de la historia.

La información masiva y niveladora que se difunde planetariamente presenta a Bush y a los halcones de ultraderecha como los "únicos culpables" de las guerras de invasión y ocupación por conquistas de mercados, y los engloban en términos morales del "bien" y el "mal".

Mediante estas técnicas manipuladoras (y sacándolo del contexto real del capitalismo imperial como estructura globalizada) han demonizado a Bush y a su entorno nivelando el "anti-Bush" a escala planetaria.

De manera tal, que el mundo, a escala masiva, no es anticapitalista, ni antiimperialista, es "anti-Bush".

La gran estructura mediática internacional (los nuevos ejércitos de conquista y dominio psicológico) han nivelado. por una cuestión de guerra interna imperial, el "anti-Bush" a escala masiva.

Desde los conductores, periodistas, presentadores de TV, hasta las grandes mayorías alienadas por el consumo y la información manipulada con fines de control social, practican la ideología "anti-Bush" casi como una postura transformadora y "revolucionaria".

En el mundo dependiente, principalmente América Latina, la ideología "anti-Bush" perfora las (hoy falsas) posturas de "derecha" o de "izquierda" y se convierte en una biblia moral, casi como una creencia religiosa, que las nivela en una especie de "partido único".

Así se puede observar y verificar, en cualquier país de América Latina o del mundo dependiente, que los estereotipos y líderes de la comunicación masiva (periodistas, intelectuales, conductores televisivos, "artistas", etc), pertenezcan tanto al sector "neoliberal" como al sector "progresista", están nivelados por los principios morales del "anti-Bush".

La matriz ideológica "anti-Bush", como una especie de milagro universal inexplicable, rompe las barreras ideológicas tradicionales y los junta a todos en una misma trinchera contra el "demonizado" presidente de turno en la Casa Blanca, George W.Bush.

Esta realidad, estadística y verificable, llevó a que, en octubre de 2004, una consultora internacional realizara una encuesta que arrojó como resultado que, salvo tres países, el mundo entero, de tener oportunidad de hacerlo, votaría contra Bush.

Es decir que, las mayorías nivel promedio estadístico (los Alienados Programados-AP), sin saber de que se trata el sistema capitalista, sin saber para que sirve la sociedad de consumo capitalista en que viven, sin conocer ni imaginar el poder imperialista-capitalista que hoy se vale de la gerencia de Bush para dominar el mundo, consumen "anti-Bush", así como consumen productos, música y "entretenimiento" exportado por las trasnacionales capitalistas.

¿A qué se debe este fenómeno del "anti-Bush" nivelado a escala planetaria? ¿Acaso Bush hizo algo diferente a otros presidentes que ocuparon históricamente la Casa Blanca imperial?

Si observa con atención, se comprobará que el fenómeno "anti-Bush" comenzó con la leyenda del Bush "fundamentalista y religioso" que las usinas mediáticas de los demócratas comenzaron a difundir por todo el mundo.

Esa teoría sostiene que Bush profundizó su proyección en la religión "evangelizadora" a partir de haber superado su dependencia con el alcohol y las drogas, a los que sustituyó con otro tipo de adicción: la locura mesiánica.

Luego se agregó lo del "Bush nazi", o el "Bush loco", que sus enemigos sostienen para atacarlo.

Parte, o toda, de esa historia es real. Sin embargo, Bush no es cualquier "loco" común que haya sustituido la alineación de las drogas por la alienación de la religión, y cuyo mensaje no va más allá del impacto que pueda producir en otras personas generando psicología y conducta social marginada de la realidad.

Lo que esconde el "anti-Bush"

El origen de las depredaciones y los genocidios del Imperio norteamericano actual no residen en la "locura" de Bush, sino en los intereses capitalistas de Wall Street y del Complejo Militar Industrial norteamericano desde donde se generan, diseñan y planifican las guerras de conquista de mercados y de apoderamiento de mano de obra y de recursos naturales.

Las acciones militares criminales y conquistadoras de Bush no responden a la "locura" de Bush sino a la voluntad y los intereses de los consorcios económicos (bancos, empresas, armamentistas y petroleras) que llegan detrás de los tanques, misiles y aviones, para apoderarse del petróleo y de los recursos naturales, y concretar fabulosos negocios con la "reconstrucción" de los países destruidos militarmente.

Bush, de 59 años, simplemente es el presidente de EEUU, la nación imperial más poderosa del sistema capitalista, cuya función no pasa por difundir la Biblia o hacerse el "loco", sino por conquistar países para apoderarse de sus sistemas productivos y recursos naturales, y proyectarse cada vez más en el plano del control militar estratégico del planeta.

Lo que quiere decir que Bush, además de loco y mesiánico, es un loco que tiene bajo sus órdenes y mando a la fuerza militar más poderosa del mundo y un arsenal nuclear estimado en decenas de miles de cabezas nucleares capaces de destruir el planeta centenares de veces.

En las espaldas de W. Bush, en la Casa Blanca, se encuentran los estrategas y articuladores, administrativos y militares, de los intereses operativos y concretos de los bancos, corporaciones transnacionales (tecnológicas, comerciales, industriales o de servicios), petroleras y armamentistas, que sacan la gran tajada capitalista por medio de las guerras de ocupación o del control de "gobiernos democráticos" diseminados por todo el planeta.

En los extramuros del "Bush idiota y fundamentalista" habitan los Cheney, los Rumsfeld, los Wolfowitz, los Feith, y el propio padre de W, George Bush, el ex presidente estadounidense y experto de la CIA a quien los especialistas sindican como el verdadero "presidente en las sombras de EEUU".

Más allá de que sea estúpido, loco, idiota o genocida, detrás de Bush subsiste un sistema de intereses complejos cuya dinámica define las políticas militaristas que ejecutan el presidente norteamericano y su camarilla de halcones, de las cuales se benefician las grandes corporaciones con sede en Wall Street y el Complejo Militar Industrial estadounidense.

Con el Plan Colombia, con los gobiernos "neoliberales" o con las administraciones "progresistas-dependientes" de los Lula o los Kirchner en el Cono Sur, con la cooptación de los gobiernos de las ex Repúblicas soviéticas en Europa del Este, con la ocupación militar de Irak y Afganistán, el objetivo siempre es el mismo: apoderamiento de los recursos naturales, explotación de mercados y de obra de mano barata, y regionalización estratégica del control militar sobre los territorios dominados.

Y así, como hoy detrás de Bush se encuentra el lobby judío de Rumsfeld y Cheney (versión halcón de ultraderecha) durante la administración demócrata de Clinton se encontraban el lobby judío de Berger, Albright y Cohen (versión liberal "progresista"), los que tuvieron una participación clave en los bombardeos y posterior invasión de EEUU a Yugoslavia lanzada con la complicidad militar de la OTAN, a fines del 90.

Y no hay que olvidar lo esencial: si Bush hoy no estuviera en el sillón de la Casa Blanca, otro (demócrata o republicano) cumpliría la misma función, dado que la maquinaria de expoliación del sistema capitalista liderado por EEUU sólo puede existir (generar rentabilidad y más concentración de propiedad privada en pocas manos) a partir de las invasiones y conquistas de nuevos "mercados".

Con lo que hay que concluir que la locura mesiánica de Bush (materia prima de construcción del "anti-Bush") no es de origen psiquiátrico-religioso, sino de origen capitalista-expoliador.

El carácter "mesiánico" de las "guerras de Bush" no hay que buscarlo en los sótanos de la psiquiatría, sino en los sótanos de Wall Street y del "poder real" del capitalismo norteamericano que se beneficia de la alienación mental de Bush para seguir concentrando ganancia y propiedad privada.

Son los ejecutores de "turno" -y también los beneficiarios económicos- de los proyectos de expansión y acumulación de los insaciables pulpos capitalistas que llegan detrás de los aviones de combate, tanques, marines y helicópteros artillados a disfrutar del botín de guerra de los países conquistados.

Los beneficiarios del mito "anti-Bush"

Generalmente los detractores de Bush (los productores del "anti-Bush") se concentran en su "discapacidad mental" o "locura mesiánica", sin ver ni analizar el sistema de poder capitalista que está detrás y se beneficia de sus invasiones.

Y también está claro que al sistema capitalista que hace lucrativos negocios con Bush en la Casa Blanca le conviene que la mayoría piense que todas las calamidades de la humanidad -incluidas las catástrofes naturales- >suceden porque Bush es el presidente de EEUU.

Y está claro también que si el mundo es "anti-Bush", no es ni antiimperialista ni anticapitalista, es "anti-Bush".

Por lo tanto, las marchas, las protestas, las movilizaciones contra la "guerra", no se realizan contra el sistema capitalista que controla el imperialismo de Washington, sino "contra Bush", un Bush alienado y criminal que ha superado a Hitler en "maldad".

Y está claro que esos poderes reales van a subsistir más allá de Bush, con Kerry, con Hillary Clinton o con cualquiera que ocupe transitoriamente el sillón de la Casa Blanca.

Los "Bush idiota", con diferentes nombres y apellidos, demócratas o republicanos, se clonarán periódicamente en el sillón de la Casa Blanca mientras el Imperio norteamericano siga hegemonizando las riendas del capitalismo unipolar.

La "demonización", de Bush manipulada día y noche por las grandes cadenas mediáticas, también ha calzado en un sector de la izquierda que se ha olvidado del sistema capitalista, de sus leyes históricas de conquista y genocidio de pueblos, para depositar y justificar en Bush su militancia "revolucionaria".

Los teóricos de la "nueva izquierda", poco estudiosos del sistema imperial capitalista como totalidad interactiva, justifican sus cruzadas "anti-Bush" (no anti-Imperio capitalista) argumentando que una administración demócrata abrirá canales mas "progresistas" en la política del Imperio.

Esta forma de argumentar su "alianza táctica" con los demócratas pasa por alto la dinámica histórica y las estadísticas de las administraciones demócratas, en cuyo turno, las líneas de conquista imperial de países y mercados permanecen inmutables.

Basta con estudiar atentamente las administraciones de Carter y de Clinton, para verificar que (salvo el discurso) los lineamientos estratégicos del Estado imperial norteamericano no se alteran ni con demócratas ni con republicanos ocupando el sillón de la Casa Blanca.

Por otra parte, estadísticamente, las políticas de saqueo y de invasión militar se diseñaron y fueron ejecutadas durante todos los turnos presidenciales norteamericanos (republicanos o demócratas), incluido el del demócrata Clinton, a quien nadie llamó "loco", "nazi", "estúpido" o "discapacitado mental" después de haber destruido Yugoslavia con 62.000 misiles o de haber asesinado a miles de iraquíes en los primeros bombardeos "preventivos" contra Irak.

Estas campañas mediáticas masivas y planetarias de nivelación "anti-Bush" (combatir a Bush y preservar el sistema) dieron como resultante que el sondeo internacional (citado más arriba), realizado antes de las elecciones de noviembre en EEUU, revelara que la totalidad de la población humana, si pudiera, votaría contra Bush.

Por supuesto que sobre el FMI, los bancos de Wall Street, las petroleras, las corporaciones del complejo militar industrial, nunca nadie hizo ningún sondeo ni explicó qué papel cumplen en la gestión de Bush al frente de la Casa Blanca.

O sea que, a los que digitan la "locura de Bush", les conviene que la humanidad piense que Bush (una pieza funcional y sustituible del sistema, y no el sistema mismo) es el único culpable de todas las lacras, injusticias y perversidades que azotan al planeta.

Y la lógica también es clara: si Bush es el "único" culpable de las lacras y los genocidios capitalistas, mañana lo sacan o lo matan (como lo mataron a Kennedy), y sus negocios seguirán funcionando con otro presidente que sea la contrapartida de la imagen de Bush.

Y esta lógica perversa se alimenta de un axioma: Bush se va, el sistema capitalista queda.

Y cuando, finalmente, llegue la hora del "cambio democrático", el lobby judío de "derecha" de Bush y los halcones republicanos será sustituido -como está previsto- por el lobby judío "de izquierda" de los demócratas liberales, en una continuidad estratégica de las mismas líneas rectoras del Imperio capitalista trasnacional. Algo a tener muy en cuenta para no comprar el "anti-Bush" por el "anti-Bush" mismo, que están vendiendo una parte del establishment norteamericano y las corporaciones mediáticas para derrocarlo y ocupar su lugar en la Casa Blanca.

Que es como decir, realizar los mismos negocios y masacres militares, pero sin Bush.

(*) Manuel Freytas es periodista, investigador y analista, especialista en inteligencia y comunicación estratégica.