EL MITO GRIEGO DE OCÉANO Y LAS ISLAS DEL ATLÁNTICO
Germán
Santana Henríquez (*)
En muchas
ocasiones suelen pasar desapercibidas un conjunto de realidades sutiles que
solemos captar y aceptar de manera inconsciente. Precisamente, en su parte
superior, el escudo de
Las aguas de Océano,
por otra parte, purifican y regeneran4. Desde su ocaso hasta su salida el agua de Océano
lava y purifica a los astros renovándoles su brillo. Estas cualidades de Océano
provocan diversos efectos sobre las islas y países que bañan sus aguas. De este
modo la imaginación poética colocó en las riberas de su curso fabulosos pueblos
como los Hiperbóreos e inquietantes monstruos como las Gorgonas.
Los Campos Elisios, residencia de las almas de los muertos, ocupan una isla en
medio del Océano caracterizada por un clima dulce y suave en la que la tierra
se ve regada por agua abundante que produce una vegetación maravillosa aunque
no llueva. Este suelo admirablemente fértil, verdadero vergel divino, se
corresponde con el paisaje de otra isla igualmente situada en la corriente del
Océano y habitada por las Hespérides. El hecho de situar en el Océano, lugar de
alejamiento por excelencia, todo lo que en el mundo era extraño y fabuloso
responde a una práctica presente en Homero y conocida como "oceanización", es decir, la tendencia a trasladar a
los bordes del Océano pueblos y lugares que de ordinario se situaban en otra
parte. Como señala el profesor Marcos Martínez5 la práctica de la oceanización tiene como corolario instalar en los contornos
del Océano los países y lugares utópicos, imaginarios o escatológicos en el
sentido teológico del término.
Pero la corriente de
Océano mantiene a través de las aguas subterráneas un estrecho contacto también
con el mundo de los muertos. El alma antes de abandonar los parajes infernales
para reencarnarse debía acudir a la fuente del Olvido
y beber el agua que le hará perder el recuerdo de su existencia precedente.
Igualmente,
Las Islas Canarias, ubicadas en el
Océano por antonomasia, en aquel mar exterior desconocido en el que los
antiguos colocaban países y pueblos cuya esencia era la de ser inaccesibles,
pues se trataba de tierra de dioses, de muertos, de frutos maravillosos, en
definitiva de "países de otro mundo", recibieron pasivamente la rica
tradición mitológica griega que se adaptaba y acoplaba a la naturaleza insular.
La historiografía canaria se hizo eco de este mito de Océano y en sus obras
todos los historiadores de siglos sucesivos recogen en mayor o menor medida los
antecedentes míticos del Archipiélago.
Un nombre señero en
los inicios de la historia referente a Canarias es, sin duda, Leonardo Torriani
y su Descripción e historia del reino de las Islas Canarias (1592)6, obra de carácter enciclopédico
donde la leyenda y la mitología se confunden con la realidad vivida por su
autor. Obra importante no sólo por los abundantes juicios que realiza sobre las
islas y sus habitantes, sino también por el caudal de datos que su trabajo nos
trasmite. La huella presencial de Océano aflora desde el capítulo inicial
referente a Si las Islas Canarias
son las verdaderas Afortunadas al comentar el pasaje de Plutarco de
Al hablar en el
capítulo IV de los primeros habitantes de las islas, Torriani
nos obsequia con una concepción cosmogónica romanizada que sitúa al titán
Océano como padre de los dioses: "Júpiter, en Homero, para descansar,
busca a los etíopes, que viven sobre el Océano, padre de los dioses; lo cual
alude evidentemente a cuanto escribieron los árabes de la felicidad del célebre
desierto Haiz, situado en el mismo paralelo que los
etíopes occidentales y de otros muchos lugares de Etiopía, y de esta parte del
mar Atlántico".
En la descripción de
la isla desierta de
El capítulo XI
referido a Lanzarote rompe con uno de los tópicos más frecuente de las Islas
Atlánticas o Afortunadas: el locus amoenus: "No
tiene agua de beber buena, más de la que llueve, que recogen en pequeñas
charcas que llaman maretas". En el mismo sentido se inserta la cita
siguiente recogida en el cap.XX dedicada a la
fertilidad de Fuerteventura: "Tiene pocas aguas y pocos árboles, con excepción
de un valle agradabilísimo, lleno con palmas salvajes". También la suerte
de las Afortunadas se ve atropellada por una vieja costumbre mediterránea: la
piratería: "Siendo estas islas molestadas por los corsarios que saquean a
través de este gran mar Océano" (cap.XIV).
La formación de la
isla de Lobos (cap.XVIII) refleja una sutil
comparación con otras dos del Mediterráneo, Volcano y
Estromboli, en el mar Napoletano,"y
Santa María, isla del Océano entre las Terceras".
Mayor información se
halla en el cap.XXVIII dedicado a Gran Canaria, donde
se establecen los lazos entre Océano y el mundo de los muertos: "Este mar
Atlántico también fue llamado de los Inferiores, por estar situado en la parte
inferior de toda la tierra de Occidente, donde los antiguos poetas fingían
hallarse la puerta de la noche; y, con variarse su nombre, le dijeron Estigio y
Lago del Infierno".
También en el mismo
capítulo aparece la denominación de Océano como padre, epíteto que adquirirá
vigencia permanente en la poesía insular: "... el número septenario
atlántico no era otro, en la intención de Mercurio, que el de las siete islas
Atlánticas habitadas, a las cuales llamaron después felices. Es verdad que este
mismo número se atribuye a los planetas y a Maya, una de las más importantes; y
quizá ésta era de Canaria, de la cual él tomó el nombre de la madre, por ser
Mercurio, con todos los demás dioses, nacido sobre este mar Océano, a quien
Homero llama Padre". La misma recurrencia al dios-río como principio
original con pleno poder generador en sus aguas acontece en el cap.XLII referente a la calidad y costumbres de los
canarios: "... y tampoco se equivocaron los poetas, al fingir que Venus
nación de la espuma de las fecundísimas olas de este
Océano Atlántico, llamado Padre de los Dioses".
El Océano Atlántico se
convierte frente al cumbroso Olimpo en sede de los
dioses inmortales según se indica en el cap. L que
aborda el pico de Teida en Tenerife: "Pero (si
bien me acuerdo de haberlo leído, hace ya muchos años), Píndaro,
al describir en este océano Atlántico la sede de los dioses, finge que la ninfa
Tirsis está sentada encima de este monte, cuyo nombre
significa en griego <<alto>> o <<cosa que está en lo
alto>>. Los antiguos isleños lo llamaron Eheide,
que significa <<infierno>>, por el fuego espantoso, ruido y temblor
que solía hacer, por lo cual lo consideraban morada de los demonios".
La inmensidad de su
longitud es tal que muchas islas están aún por descubrir: "Nadie duda que
por este gran mar Océano se hallan todavía más islas desconocidas, que hasta
ahora no se han encontrado, por no hallarse recorrido por todas sus
partes".
Un tema unido a la de
la figura mitológica de Océano y en cierto modo ligado a él es el de su
naturaleza, es decir, el tratamiento del agua y la benignidad de las condiciones
atmosféricas sobre las tierras que bordea. Así en la capítulo XXX se alude a
"los frescos vientos septentrionales, que el Océano manda continuamente
por estas islas" y en la descripción de la ciudad de San Cristobal de la isla de Tenerife (cap.
LIII): "La laguna se forma por la reunión de las aguas de los montes
circunvecinos, se llena por medio de un riachuelo que viene desde el norte, y
se desagua por otro que corre en dirección del levante". Del mismo modo,
de la isla de
El Hierro "es
famosa por los árboles de que hasta ahora se saca el agua de beber" (cap. LXII). La imagen de las fuentes, de fuerte
trascendencia en la literatura antigua, tiene su lugar en la descripción de la
isla de
Como señala A.
Cioranescu7 la obra de Torriani sigue siendo una de las
más valiosas históricamente, para comprender el pasado de las islas, así como
los arduos problemas de la historiografía canaria. El mismo hecho de que
escriba su obra sin la intención de elogiar o de hermosear, es una garantía de
que su reproducción de la fuente, defectuosa por otros conceptos, no está
embargada por escrúpulos localistas o personalistas.
Los inicios del siglo
XVII verán aflorar una historia de las islas en verso gracias a la poesía
manierista de Antonio de Viana y sus Antigüedades de
las Islas Afortunadas (1604)8. Aunque este poema será objeto de estudio en el
capítulo dedicado a la presencia de Océano en la literatura canaria, no
obstante, adelantaremos un aspecto particularmente llamativo; es el referente
al nombre del océano. En el canto I, concretamente los versos 23-24 dicen:
"En el oceano mar, término Adlántico,
yacen en medio de las ondas varias,"
Viana escribe la forma vulgar, sonorizada, aún viva en Adlántico por Atlántico, pero la culta es Atlante,
Atlántico. Atlante era el nombre del gigante que acaudilló a los Titanes contra
los dioses, por lo que éstos le condenaron a llevar sobre sus hombros la bóveda
del cielo; acabó petrificado, convertido en la cadena Áfricana
del Atlas y dio nombre al Océano.
Pero quizá la primera
síntesis del pasado canario, hecha, un siglo después de terminada la conquista,
pero sobre documentos de primera mano, sea la obra histórica de Abreu Galindo
titulada Historia de la conquista de las siete Islas de Canaria (1632)9. Desde el
principio se advierte la vieja concepción cosmográfica que sitúa al Océano como
fin del mundo conocido: "Así también pensaron que, viniendo del Oriente
hacia el Occidente, fenecía lo habitado en Galicia y no pasaba allende al mar
Océano". Esta inmensa franja de agua salada recibió el calificativo de
Atlántico, como se comenta en el capítulo II, por: "Otros autores llamaron
a estas islas Atlánticas, por caer en el mar Atlántico, dicho de este nombre; ... Este Atlas, después que quedó por rey de África, se
solía subir a una montaña alta que cae en África, hacia la parte donde están
estas islas, pero 330 leguas apartadas de ellas, poco más o menos, para que
descubriendo de allí más encumbrado el horizonte, pudiese considerar los cursos
de los planetas y otras estrellas y movimiento de los cielos. Al cual monte,
por la frecuentación y habitación que en él hacía Atlas, le llamaron del mismo
nombre, y al mar de estas islas que baña las costas de África, hacia la parte
donde cae este monte, le llamaron Atlántico ... Y de
este Atlas toma el nombre el mar Atlántico, que es aquella parte del mar Océano
que ciñe y cerca
El tratamiento del
agua, tanto dulce como salada, comprende además una serie de noticias relativas
a condiciones atmosféricas y clima, costumbres y ritos, organización social,
flora y fauna, etc. En el capítulo III se nos indica: "... sino que el
océano manda siempre las brisas del Céfiro, de sonoro soplo, para dar a los
hombres más frescura". Esta bonanza climática gracias al efecto refrescante
de las ondas del Océano conecta con el sistema judicial indígena de Lanzarote y
Fuerteventura en aquellos tiempos (cap.X): "Y la
ejecución de la justicia se hacía en la costa del mar". Del mismo modo,
Abreu Galindo es consciente de la escasez del agua como bien precario en las
islas orientales (cap.XI): "Tienen estas islas
poca agua".
La isla del Hierro (cap.XVII) tampoco escapa a esta triste realidad cuando se
indica: "Las aguas en esta isla son pocas, aunque algunos escritores,
tratando desta isla, la hacen tan estéril de agua,
que afirman no haber otra agua en toda la isla, si no es la que distila del árbol, que tienen con mucha guarda".
También el lugar común de las fuentes encuentra aquí un amplio desarrollo. En
el cap.XV dedicado a
En cuanto a los
primitivos ritos en relación con el agua, concretamente con la lluvia,
sobresale el que Abreu Galindo nos dibuja en el capítulo III del libro segundo:
"Adoraban a Dios alzando las manos juntas al cielo. Cuando faltaban los
temporales, iban en procesión, con varas en las manos, y las magadas con vasos de leche y manteca y ramos de palmas.
Iban a estas montañas, y allí derramaban la manteca y la leche, y hacían danzas
y bailes y cantaban endechas en torno de un peñasco; y de allí iban a la mar y
daban con las varas en la mar, en el agua, dando todos juntos una gran
grita".
Otro elemento de
concepción cosmogónica primordial es la relación que se establece entre el
líquido elemento y la naturaleza vegetal, presente en la disertación sobre la
isla del Hierro (cap.XVII del libro primero):
"... porque esta isla se sustenta con el agua que cada día destila por las
hojas de un árbol ... La manera que tiene en el destilar el agua este Árbol
Santo o garoe, es el que todos los días por las
mañanas se levanta una nube o niebla del mar, cerca a este valle, la que va
subiendo con el viento Sur o Levante de la marina por la cañada arriba, hasta
dar en el frontón".
Abreu Galindo siguiendo
una férrea lógica escolástica defiende la existencia de las isla de San
Borondón en el océano Atlántico merced a una curiosa teoría de las corrientes (caps.XXV y XXVI del libro tercero): "Y así digo que en
este mar Atlántico, como corren la aguas con tanta velocidad, repercute tanto
el agua en esta isla, que rechaza y expele fuera de sí los navíos, y los hace
la mesma corriente guiar por los lados de ella con
más velocidad de la que hasta allí han llevado. Y como la isla al parecer es
grande, hace mayor resistencia a las aguas; ... digo
que las aguas, en este mar Atlántico no muy lejos de tierra, tienen dos
corrientes naturales: una de norte a sur, cuando el mar mengua, y otra del sur
al norte, cuando crece".
La tradición mítica
griega del Océano alcanza un punto de inflexión en el análisis de una obra del
siglo XVII un tanto olvidada y que, sin embargo, es fuente y punto de
referencia para la historiografía canaria posterior. Se trata de Excelencias y
Antigüedades de las siete Islas de Canaria de D. Cristobal
Pérez del Cristo, obra impresa en la ciudad de Jerez de
"... puso en el
dilatado piélago del Occeano, tan respetado y temido
en tiempos antiguos, y hollado de navegaciones en los presentes"11.
Seguidamente se
expresa la cantidad de las islas del Océano Atlántico y la situación exacta de
las Canarias según
diversas fuentes:
"Y á treinta
contando todas las Islas del Oceano Atlántico, que en
ese sentido refiere el P. Lorino sobre el Psalmo 71, vers.11, que Jacobo de
Valencia, Obispo Cristopolitano pone treinta Islas
Afortunadas en el mar Atlántico.
La situación de estas
Islas es en el Oceano occidental Atlántico enfrente
de
Bajo el epígrafe Del
origen de los primeros naturales de estas Islas, y de los Autores, que en lo
antiguo y moderno hablan de ellas, comienza el capítulo segundo del que
extraemos un fragmento referido a la isla del Hierro relacionada con el
elemento del agua en su denominación:
"A
La identificación de
las Canarias con
otras islas fantásticas y maravillosas de
"De estas Islas
nombrándolas ya con el nombre moderno de Canarias, ya con los antiguos de Islas
Afortunadas, Atlánticas y Campos Eliseos, hacen
mención los autores siguientes: Ptolomeo, ... Plinio,... Pomponio Mela,... Plutarcho, ... Salustio,...
Luis de Carrión, ... Andrés Schotto, Estrabón, Solino, Homero,
Virgilio, Plauto, Horacio, Propercio,
Tibulo, Prudencio, Sidonio, S. Gerónimo,
Flavio Lucio, San Gregorio Niazanzeno, San Juan Chrisóstomo, S. Isidoro, Séneca, Francisco Petrarcha, Luis Vives, Vicencio,
Antonio de Nebrija, Ambrosio Calepino,
Carolo Stephano, Conrado Gesnero,
Lucio Marineo Sículo, Petrus Martir,
ALberto Myreo, Nonno Monge, Servio Honorato,
Luciano, Joan Sulpicio Verulano, Philippo
Beroaldo, Jacobo Prontano, Domínico Mario, Juan Luis de
El testimonio de
autores como Pomponio Mela prueba el ya mencionado
fenómeno de la oceanización y confirma la opinión
común de las Canarias
como sede de aquellos lugares maravillosos que nos transmitía la preceptiva
mítica clásica:
"Pomponio Mela de situ Orbis
lib.3, cap.11, hablando de las Islas del mar
Atlántico, después de haber dado sitio á las Hesperides,
que cree ser las Afortunadas en el lugar que hoy tienen las Canarias individuando el
ingenio particular de dos fuentes celebradas en una de ellas"15.
Del mismo modo,
Florián de Ocampo, historiador de las cosas de España, basándose en el periplo
sobre las riberas Áfricanas del general cartaginés Hannón, vincula las Canarias con las Islas bien Afortunadas:
"Descubrió el mar
Atlántico y en él contra la vuelta del medio día occidental las Insulas bien Afortunadas, que son las que llamamos agora de Canaria"16.
Se discute asimismo la
procedencia de la denominación de Afortunadas aplicable a islas tanto del
Mediterráneo como del Atlántico. En este sentido se concluye:
"Lo primero en
que lo más favorecido de todos los Autores antiguos y modernos es, llamar á las
Afortunadas Islas del Océano Atlántico: ... que este nombre de Islas Afortunadas
nació en el Océano Atlántico y que de allí se tomó para aplicarlo a Chios, Samos, Rhodas
y demás Islas de Sicilia"17.
Una de las cualidades
de las tierras de estas islas fantásticas era su gran fertilidad a pesar de que
no llovía en ellas. Significativo es el pasaje que ahora presentamos donde se
dice textualmente:
"Quien quisiera
leer ejemplares de la fertilidad de estas Islas lea á Peña, lib.1, cap.3, fol.23, y hallará alli,
que la fanega de trigo de sembradura acude á 100 y 110 y otras cosas á esta proporción,
por las cuales Manuel Faria sobre Camoens canto 9,
estancia 21, último dijo: << Hay en el Oceano
algunas Islas muy propias de las delicias de Venus en amenidades y regalos,
como las de Canaria>>"18.
Esta concepción de Canarias como Islas Amorosas refrendan la identificación con otras islas mágicas o
divinas. Así las Hespérides (literalmente "las Occidentales") fueron
unas divinidades que habitaron unas islas conocidas por sus hermosos jardines,
por la fecundidad de sus tierras, por el suelo donde la diosa Hera plantó las manzanas de oro que le había regalado Gea
con motivo de su matrimonio con Zeus, y por ser estas islas la sede del lecho
nupcial de la divina pareja. En el mito griego brotaba delante del lecho una
fuente que se comunicaba directamente con Océano. En una de las Canarias, en la isla de Gran
Canaria también se dice que existían dos fuentes de tal naturaleza que el agua
de la una era amarga y muy dulce la de la otra. Este recurso e imagen de las
fuentes está presente en toda la literatura griega, desde las famosas fuentes
troyanas del mundo épico, contrarias por el efecto de sus aguas, que nos
describe Homero19 hasta la parodia que de las mismas hace Luciano20 al
describirnos el paisaje de ciencia ficción en
En el tratado segundo
de esta obra dedicada al renombre de Campos Elisios se trata de probar que
"Llamaron a las
Islas Afortunadas Elisias, no por si, sino por estar enfrente del Océano
Gaditano, á donde están los Elisios Campos y el Río Letheo"21.
"... que pobló
las Islas cercanas al monte Atlante, infiérese como
sentir suyo, que poblaría las que hoy llamamos Elisias y Afortunadas que están
en el mismo mar Atlántico"22.
En el mismo sentido,
el padre de
"Fertiles in Occeano iacere terras, ultraque Occeanum rursus alia litora,
alium nasci orbem, nec unquam
naturam rerum de sinere, & c. Aspirat, inquam, nam plerique
Gentilium ultra Occeanum constituunt Elysa loca, &
beatas Insulas"23.
Mediante una serie de
razones y sostenimientos varios Pérez del Cristo pretende establecer que
"Dalo á entender
Horacio cuando en el lib.1, carm. ode.34,
Juntó estas dos palabras: Atlanteusque sinis, que Jodoco Bado Ascencio interpreta así:
<< & sinis, idest
terminus mundi occidentem
versus, scilicet Atlanteus,
hoc est maris
Atlantici>>. Y de aquí infiero, reputó por fin
del mundo á no culaquiera parte del mar Atlántico,
sino al fin de ese mismo mar Atlántico, que son las Afortunadas.
Fúndome. Lo primero, en que la parte del mar Atlántico, que
es fin del mundo reputada, es la que ocupan las Islas Hespérides; luego las
Islas de Canaria, porque estas son las Hespéridas de
la antigüedad ... Prueba también lo mismo, el que hablando los autores del mar
Atlántico, como fin del mundo, lo llaman en esa ocasión Hesperio, no por otra
razón , sino por dar á entender tocaba el mar Atlántico ser fin del Orbe por la
parte de las Islas Hespérides que en cierra en si ... Llama Hesperio al mar
Atlántico á donde el Sol tiene su ocaso y termino, diciendo:
Pronus erat Titan,
inclinatoque tenebat
Hesperium temone fretum.
Sobre las cuales
palabras habla así Raphael Regio comentador de Ovidio
<< Hesperium fretum Atlánticum mare in quo Sol condi videtur>>"24.
El tratado tercero
dedicado al renombre de Atlánticas plantea la conocida atribución a las Islas Canarias de ser los restos
del legendario continente de igual nombre, además de otros eventos y
circunstancias relativas a su denominación. La primera de las razones que se
aducen es el estar puestas en el mar Atlántico. Y el nombre de este mar donde
están ubicadas las Afortunadas lo dio el monte Atlante que mira esa parte del
Océano. Este aserto, sin embargo, queda desmentido al señalar:
"Y de la
equivocación de Atlante como el mar Atlántico de su nombre, nació lo que Platón
dice en su Timeo, que todo el mar Atlántico era una Isla
llamada Atlanta y que esta se convirtió en mar, llamado Atlántico, por
Esta referencia al
padre Anchieta es significativa por cuanto que la obra objeto de estudio
presenta problemas de autoría entre Pérez del Cristo y el mismo José de
Anchieta, considerado como apóstol del Brasil.
Sobre el renombre de
Atlánticas por estar situadas en el Océano Atlántico y porque en una de ellas
se encontraba el monte Atlántico dio pie para identificar el pico Teide con el monte que
"Es asentado
entre los Mytológicos, que Atlante tuvo siete hijas
llamadas Electra, Halcyone, Celeno,
Merope, Asterope, Teygete, Maya, ... con la cual
conjetura se podría la fábula descifrar así: que fueron siete las hijas de
Atlante, aludiendo a las siete Islas Afortunadas, que están en el mar
Atlántico, cercanas al monte de su nombre"26.
El final del tratado
tercero se cierra, tras una variada argumentación, con un párrafo que indica:
"También es de
notar, que cuando Delrio comm.
in Hercul. Fur. hablando de las Islas del
mar, dijo: << Vel in Fortunatis,
vel in Atlanticis,>>
no negó ser Atlánticas las Afortunadas: quiso dar á entender, que Islas
Atlánticas es término general,
que se extiende á significar todas las Islas que hay en ese mar, y que Islas
Afortunadas es diferencia, que contrae la generalidad de Atlánticas y con más
propiedad por estar, no sólo en el mar Atlántico, sino en una de ellas el mar
de este nombre"27.
El tratado cuarto
retoma el renombre de Hespérides y Gorgonas
concatenando el parentesco mítico de Hespero como
hermano de Atlante:
"Lo que hay
cierto es, que los antiguos pusieron en el Oceano
Atlántico unas Islas á quienes llamaron Hespéridas. Y
la razón de llamarlas así fué: porque en ellas
hicieron mansión tres hijas de Hespero, llamadas Aegle, Arethusa, Hesperthusa, las cuales por hijas de Hespero
se llamaron Hespérides y de estas las Islas á donde habitaron"28.
No obstante, parece
imponerse el sentido común en este apartado cuando se nos indica que:
"porque es muy
probable que aludiendo á uno, ú otro suceso diese la antigüedad todos esos
renombres á las primeras Islas que descubrieron en el Oceano
Atlántico, que parece fueron las Canarias; ... y lo demás de Hespérides y Gorgonas
los irían aplicando á las demás del mar Atlántico, aunque su principio y primer
origen fuese en unas"29.
Finalmente, el tratado
quinto, dedicado a las descripciones antiguas y modernas de las Islas
Afortunadas, realiza una división tripartita en capítulos alusivos a las
imágenes y descripciones poéticas, principalmente de Virgilio (Eneida 6.638) y Horacio (Epodos, Oda 16), relatos
históricos de Plutarco, Luciano, Diodoro Sículo y Salustio; y descripciones modernas, entendiendo por estas
las que se escribieron después de la conquista de Castilla. Entre estas
crónicas latinas figuran las de Jacobo Philippo Bergomas en 1490, la de Lucio Marineo Sículo y la de
Antonio de Nebrija, de la que extremos un fragmento
traducido por el propio Pérez del Cristo:
"En este tiempo,
cierto hombre llamado Bethancor de nación, como
dicen, Francés, va á los tutores del Rey niño y alcanza de ellos facultad de
explorar aquella parte, todavía no conocida, del mar Atlántico que baña el lado
occidental de África"30.
Esta pequeña incursión
en una obra tan apasionante y compleja, donde las fuentes se llegan a confundir
con los comentaristas e intérpretes de las mismas, donde los escritores de toda
época y nación se precipitan en cascada, donde los temas se interrelacionan sin
aparente lazo, donde las pruebas, razones y discernimientos que se aducen
encuentran simpatizantes y detractores de toda índole, manifiesta la
dependencia que mantiene la historia con respecto a la tradición mítica de
origen grecolatino, máxime en esta parte del mundo, en el Océano Atlántico
donde concibieron y elaboraron los más bellos y hermosos símbolos de su
imaginación.
Considerado como
cronista de segundo grado, Don Tomás Arias Marín de Cubas y su Historia de las
siete islas de Canaria (1687 ó 1694)31 representa un peldaño más en el
desarrollo de la historiografía canaria. Pese a seguir con una concepción
arcaizante de
En el capítulo II del
libro primero se nos informa de un tratado sobre el Océano: "Galleno de Betencourt, tratado de
las navegaciones de Francia en el occeano; dice que
el principe Fortuna tubo el dominio destas yslas coronandole
por Rey el Papa solamente para predicarles la fe; ... y esta armada llego a la ysla Gomera ... y fueron a el descubrimiento de aquellas Yslas en las costas del occeano
Peculiar es la
denominación de "río dorado" para referirse al Atlántico que se
recoge en el capítulo IX: "... y de otas partes
de África, decia que por el rio
dorado frontero de las Canarias
se navegaba a las ricas tierras del preste Juan". También se recogen las ya
conocidas imágenes de las fuentes, del árbol Garoe
del Hierro, de la escasez de aguas en algunas islas que hemos visto en los
autores precedentes.
En el capítulo IX del
libro tercero relativo a la isla de San Brandao, que
llaman la encantada se recoge la siguiente noticia que identifica a la isla del
Hierro con la oceánide Doris: "Los antiguos
dicen que la ninfa Doris, hija del mar Océano y de
Tetis, nieta de Juno, mujer de Nereo, muy hermosa, de
cabellos rubios y que es vagante, ocultándose y descubriéndose por el Océano,
de la cual dicen muchos poetas. Sabellico dice:
Insula quam Dorim
infusan lateque vagantem.
Y Mantuano la llama la
húmeda Doris, por los vapores o nieblas de que se
componía. Michaelo Angelo
dice que Doris no se desbarata en lluvia:
Nedifflua Doris telluri diffundat
aquas.
Aunque los antiguos
concedían encantados y tierras encantadas, en lo aparente y formal veían ser
vapores mediante los cuales el demonio les hacía engaños aparentes".
El siglo XVIII y
El libro primero se
abre con la pertenencia de las islas al continente Áfricano
y al mar que lo baña: "Ellas están en el océano magno Atlántico, en frente
de
En el capítulo XIV se
plantea el nombre de Atlánticas para estas islas y el de Atlántico para el mar
que las baña. En el cuarto discernimiento se lee: "... que el renombre de
Atlántida que tuvo la isla platónica, y de Atlánticas que tuvieron las
Afortunadas con toda esta parte del mar Océano, se derivó del monte Atlante de
Mauritania, que dio crédito a sus contornos".
El capítulo 90 del
libro XV titulado significativamente Resumen General de las Canarias nos propone la descripción del escudo
que se dibuja en la bandera de nuestra Comunidad Autónoma Canaria: "Las
antiguas Afortunadas (las Canarias)
son reino. Su escudo de armas representan en siete peñas sobre ondas azules las
siete islas, con corona real, y en el jefe unas letras de oro que dicen
<<Océano>>".
El siglo XIX se abre
con un eslabón más que añadir a esta larga serie de tratados y compendios
históricos que nos ofrecen el más apasionante y variopinto desfile de
testimonios, mentiras y verdades, cuando no verdades a medias, fantasías y
exageraciones que dan a nuestra historia esos fuertes tonos coloristas que van
desde lo romántico hasta lo surrealista; nos referimos a la obra de Bory de Saint-Vincent titulada
Ensayos sobre las Islas Afortunadas y la antigua Atlántida o Compendio de
La obra más
sobresaliente producida en el siglo XIX dentro de la historiografía canaria es,
según muchos,
Sobre el conocimiento
de Canarias antes de
Si la obra anterior
constituía la alfa de la producción histórica de la segunda patria de Sabino Berthelot, las Antigüedades Canarias (1879)35 suponen la omega de tan
ilustre obra; aparecida en París un año antes de la muerte de su autor,
representa un hito en el conocimiento del pasado canario. Comienza esta pieza
con unas nociones preliminares donde se pasa revista, con gran sentido crítico,
a las noticias antiguas sobre la figura de Océano: "El Océano, parecido a
un gran río, rodea el disco de esta tierra homérica, cuyo círculo está dividido
por el Ponto Euxino, el mar Egeo y las dos partes del
Mediterráneo Oriental y Occidental a las que Anaximandro
llamó más tarde Europa y Asia. El occidente de este singular mapa-mundi no
pertenece a un mundo real; ... y cerca de la entrada del Océano la región de
los desdichados Cimerios, que vivían en tinieblas ... La descripción de todas
estas regiones, embellecida por los colores de una poesía armónica, pudo
influir en la marcha de la geografía ... Así vemos, algunos siglos después, a
los griegos persuadidos de haber encontrado su Circe en las orillas de Tartesos, y a los geógrafos romanos reconocer los Campos
Elíseos en estas islas atlánticas a las que dieron el nombre de Afortunadas
..."
La leyenda de Atlas
toma también aquí carta de naturaleza (Sección II de las Nociones preliminares)
y con ella la posibilidad de múltiples visitantes: "... Atlas, soberano de
esta vasta región Áfricana a la que llamó después
Mauritania, da su nombre a la cadena de montañas que recorre su imperio, a la
parte del Océano que la baña y a la antigua tierra donde había venido. Los
mitólogos lo casan con Hespérides, y las siete hijas que nacen de esta unión
son llamadas indistintamente Atlántidas o Hespérides, denominaciones que por
alusión se aplica a las Afortunadas ... estas islas
Afortunadas, que se decía situadas al extremo del mundo, fueron visitadas, sin
duda, muchas veces en estas exploraciones".
Berthelot señala cómo la corografía histórica quedó largo
tiempo en el depósito común de todas las tradiciones populares (parte tercera):
"<<La vanidad de los hombres, como se ha dicho, creó monumentos
imaginarios; la ignorancia imaginó zonas ardientes, abismos sin fondo y ríos
sin límites. Lo que no podía explicarse fue atribuido a lo sobrenatural>> ... y la tierra estaba considerada como un gran disco
que el Océano rodeaba por todas partes".
También como apoyo a
tal consideración figura la referencia al repetido capítulo del general Sertorio (parte
cuarta): "El senado, que lo había proscrito, envió contra él una flota
potente, y el pretor romano rebelado se hizo a la mar con la suya para
combatirla, pero la tormenta que dispersó sus naves, le forzó a refugiarse en
unas pequeñas islas del Océano".
La parte sexta de las nociones
preliminares nos informa de que el florentino Angelino de Tegghia
sale de Lisboa el 17 de diciembre de 1341 para visitar las Canarias de insulis reliquis ultra Hispaniam in Oceano noviter repertis. Igualmente se
nos indica que Juan Bethencourt en 1402 "avanzó
sobre el mar océano para informarse acerca de los nuevos países". Estas
noticias que manifiestan una ávida curiosidad por las tierras de este lado del
Atlántico se completan con el análisis que realiza Berthelot
de la obra de Chil y Naranjo del que indica: "
El vasto Océano, con
sus islas como prolongación de la cadena del Atlas, se presenta en la segunda
parte del libro como barrera natural frente a pueblos de diversa naturaleza.
Así, analizando a uno de los historiadores españoles más competentes, Fernández
Guerra, y en alusión a la expansión de los antiguos íberos, se dice:
"<<Solamente el Océano, añade, pudo parar y oponerse como un dique a
las invasiones de este pueblo audaz y aventurero".
Finalmente, la parte
tercera, dedicada a los idiomas y escritura en general, recoge un fragmento que relaciona la
lengua de los guanches con la de otros pueblos norteÁfricanos que se extienden hasta el Océano Atlántico:
"Nuestra búsqueda ha demostrado por otro lado que el dialecto de los guanches de Tenerife se relaciona con la lengua bereber que, a pesar de sus numerosas variantes, fue común
a todas las poblaciones de la gran familia Áfricana,
y cuyas ramificaciones se extendieron desde los desiertos de Egipto hasta el
Océano Atlántico".
Las postrimerías del
siglo XIX se cierran con
Sigue la versión
romanizada del mito platónico de
A continuación figuran
las ya clásicas citas del viaje de Hannón, los
testimonios de Sertorio
y Juba y la noticia de Lucio Floro que nos afirma que aquel general aportó a las Canarias cuando dice
"que había penetrado hasta las Islas Afortunadas al tiempo de emprender
navegaciones por el Océano".
El libro tercero está
dedicado a
La leyenda cristiana
hace acto de presencia con el monje San Brendán,
llamado también Brandán, Brandón,
Brandenes y Borondón, que vivía en el siglo VI en la
abadía de Cluainfort en Irlanda. Refiérese
que, en una visita hecha por San Barindo a San Brandán, aquél había referido a éste las maravillas que
Dios le revelara en el Océano cuando, acompañado del monje Mernoe,
se dirigió a una embarcación ligera hacia el oriente en demanda de la isla de
la promisión de los Bienaventurados.
La historiografía
canaria, como hemos comprobado, dedica en la mayoría de sus obras unos
capítulos referidos a los antecedentes míticos de origen grecolatino del
Archipiélago. En este breve ensayo hemos pretendido fijar la dependencia histórica
del mito de Océano analizando el fenómeno de la "oceanización"
y su repercusión en el ámbito insular.
2. Junto con el
calificativo de apsórroos "que refluye" se
documentan otros adjetivos como palímporos "que
regresa sobre sus pasos" y atérmon "sin
término", todos ellos alusivos a que las aguas de Océano dan la vuelta al
mundo y regresan a su punto de partida, de tal manera que el río se nutre
fundamentalmente de sus propias aguas.
3. Se suele relacionar
conceptualmente el término Océano con el vocablo hetita
"uginna" que significa "círculo"
y con la voz sánscrita "a-çáyana-h" cuya
significación es la de "lo que rodea o circunda". A pesar de que la
noción de Océano como un río original y universal no tiene carácter
indoeuropeo, la falta de una etimología para este término no debe descartar su
posible designación en griego como aduce P. Chantraine
en su Dictionnaire Etymologique
de la langue grecque. Histoire des mots, París
1968-1980, p.1299. Por otro lado, la existencia de formas paralelas como "Ogenós", presente en los fragmentos de la cosmografía
de Ferécides y en la narración mitológica de
Orígenes, donde se menciona una región con tal denominación, hace que
lexicógrafos como Hesiquio identifiquen con Océano
esta amplia y vasta extensión y le confieran un carácter arcaico y primitivo (Ogénios=palaión).
4. Este poder
regenerador de las aguas oceánicas queda patente, por ejemplo, en el mejunje
que prepara Medea para devolver la vida y la juventud a Esón,
brevaje compuesto fundamentalmente por unos granos de
arena lavados en las aguas de Océano.
5. Cf. M. Martínez, Canarias en
6. Cf. la edición con
traducción del italiano, con introducción y notas por Alejandro Cioranescu, Santa Cruz de Tenerife, 1978.
7. Op.cit.,
p.XLII.
8. Cf. la edición de
Rosa María Alonso, 2 vols., Islas Canarias,
1991.
Cf. la edición crítica
con introducción, notas e índice por Alejandro Cioranescu,
Santa Cruz de Tenerife, 1977.
El ejemplar consultado
por nosotros es una reproducción de principios del siglo XX fechado en la
imprenta de
Op. cit. p.19.
Op. cit., p.22.
Op. cit., p.24.
Op. cit., pp.26-29.
Op. cit., p.35.
Op. cit., p.39.
Op. cit., p.42.
Op. cit., p.46.
Cf. Ilíada 22.147 y ss.:
"Y llegaron a los dos cristalinos manantiales que son las fuentes del Janto voraginoso. El primero tiene el agua caliente y lo
cubre el humo como si hubiera allí un fuego abrasador; el agua que del segundo
brota es en el verano como el granizo, la fría nieve o el hielo".
. Cf. Historias
Verdaderas, lib. II, cap.32-34.
Op. cit., p.56.
Op. cit., p.64.
Op. cit., p.68.
Op. cit., pp.78 y 79.
Op. cit., p.91.
Op. cit., pp.103-104.
Op. cit., p.109.
Op. cit., p.110.
Op. cit., p.115.
Op. cit., p.147.
Cf. la edición de
Ángel de Juan Casañas y María Régulo Rodríguez, Las Palmas de Gran Canaria,
1986.
Cf. la edición con
introducción y notas de Alejandro Cioranescu, con
índice onomástico y de materias por Marcos G. Martínez, Santa Cruz de Tenerife,
1982; también debe consultarse la edición de Antonio Béthencourt
Massieu, Islas Canarias, 1991.
Cf. la edición con la
traducción de José A. Delgado Luis, con un apéndice de voces canarias por Juan Álvarez
Delgado,
Cf. la edición con la
traducción de Juan Arturo Malibran, Santa Cruz de
Tenerife, 1978.
Cf. la edición al
cuidado de Antonio Concepción Pérez, con la traducción del francés por Helena
García Cano, Santa Cruz de Tenerife, 1980.
Cf. la edición
publicada en la misma fecha en Las Palmas de Gran Canaria por el propio autor.
(*) Universidad de Las Palmas G.C.