Las montañas
como factor limitante
Wladimiro
Rodríguez Brito
En pocos
lugares del mundo se conoce más de la doble insularidad: la isla y los
barrancos. Los canarios han vivido desde
En
Otro ejemplo de este
fenómeno lo encontramos en el barrio de Gallegos, en Barlovento, que estaba
aislado tanto hacia Garafía como hacia el resto del
municipio, lo que, unido a la dureza del mar en el pequeño puerto de Prois, de Gallegos, provocaba en este barrio un aislamiento
al que sólo llegaban azúcar, aceite y algunos otros avituallamientos. De tal
manera que, a lo largo del siglo XX, en Gallegos más del noventa por ciento de
los matrimonios se realizaban entre vecinos del barrio, en consecuencia, dando situaciones
claras de endogamia en este marco isla entre los barrancos de Gallegos y
Franceses.
En Tenerife
encontramos casos similares a los ya mencionados, como Teno y Anaga. El exponente más claro de este fenómeno lo
encontramos en los vecinos de Masca -los masqueros-,
que han tenido un peso importante entre dicha comunidad. En ese sentido,
también hay que destacar la personalidad de los llamados "montañeros"
o vecinos de las montañas, tal y como se les conoce en Santa Cruz y
Anaga no es sólo paisaje agreste, laurisilva,
hombres y mujeres de la montaña. Sus paisajes y sus gentes nos brindan vinos y
vides prefiloxeras, papas borralla,
ñames de la montaña y unos dulces de batata deliciosos. Todo esto y mucho más
es la personalidad de Anaga, que siguen siendo las
señas de identidad para muchos "urbanitas" que, siendo urbanos de
nacimiento, se sienten identificados con las tierras de los padres y de los
abuelos. Así pues, las montañas y barrancos de Anaga
arrancan identidad, pertenencia, personalidad, sobre todo en una sociedad de la
"playstation" y de otros tantos elementos
estándares al uso.
Por todo ello, a la
hora de leer en nuestro territorio la cultura de los hombres y mujeres que han
convivido en esta peculiar orografía, que generalmente dominan a la perfección,
en muchos casos territorio y cultura han sido aliados en esa dura lucha por
hacer útil un territorio con numerosas dificultades.
La cultura de la
montaña es una cultura cerrada, muy apegada al territorio, e implica un gran
dominio de éste, mientras que la de las llanuras, ubicada cerca de las cuencas
de los ríos, tiende a ser más abierta. La cultura de la montaña está, por
tanto, viva y lo seguirá en la medida en que haya jóvenes que sepan leerla,
entenderla y vivir con ella. De lo contrario, las paredes que tanto costaron
levantar se nos caerán y la erosión devolverá a nuestra tierra a su estado
primario.
Las paredes no han
sido solo historia, cultura, esfuerzo, freno a la erosión, sino que, de alguna
manera, han sido jardines en los que se pueden obtener frutos singulares y
supervivencia; las paredes pueden ser también posibles naves de escape ante un
futuro coyuntural adverso que nos obligue otra vez a mirar hacia el interior de
la isla, hacia el barranco, y volver a una cultura de supervivencia repetida
tantas veces en la historia de Canarias.
Los periodos de
prosperidad siempre han sido cortos. Mantengamos la cultura del sacho y los bancales por si pinchan los neumáticos del
carro alegórico de
* Consejero de Medio Ambiente y Paisaje del Cabildo
Insular de Tenerife