La
moral del exterminio
Alexandro Saco
Una expedición científica acaba de comprobar la
extinción del delfín del río Amarillo en China. Luego de navegar por sus más de
No hay grupo humano que no se jacte de poseer una
moral que le sirve como guía o referente de sus acciones. Unos la introducen a
través de la religión, otros desde una superioridad intelectual. Pero dadas las
constataciones del exterminio que el humano produce en el planeta, y en el que
ninguna moral repara, toda esa superioridad es ridícula. Cómo la moral puede
permanecer quieta frente a destrucción más aberrante que existe: la de la
tierra, la vida mayor y de la que dependemos todos en el planeta. Se ha distorsionado
el valor de la vida en pro de una conveniencia en la que el humano es centro y
fin del universo.
La vida es una sola, es absoluta. Los principios
vitales no pueden medirse por capacidades intelectuales, técnicas, eróticas o
afectivas. La moral humana ha dejado de lado toda la diversidad de las vidas
que habitan el planeta para poner arbitrariamente a la vida humana como sujeto
de la defensa intereses humanos. No hay otra forma de entender el desprecio por
las millones de especies que pueblan la tierra. Y esto no tiene que ver con el
ciclo vital humano que impulsa a que diversos tipos de vida sean terminadas sobre todo por cuestiones alimenticias o de uso
de implementos humanos. El tema va más allá, y tiene que ver con toda una
concepción que ha elevado al humano al insostenible lugar de centro, desde
donde medios y fines se conjugan para favorecer la distorsión de su desarrollo.
En el colmo de incoherencia, cuando alguna persona que
tiene que ver con estas instituciones que dicen detentar la moral, eleva una
voz de protesta, se le arrincona. El caso del Padre Marco Arana, que ha
confrontado los excesos de las actividades mineras, es indicativo. En lugar de
valorar esa intención, el en Perú se le ha llegado a calificar de terrorista,
de manipulador y monsergas más. El humano pues se ha entregado al exterminio
imparable de las demás vidas y condena, desde medios de comunicación o
instituciones, pontificando el dogma del mercado.
Así, los predicadores de la moral, sean religiosos o
no, van a tener que pensar en ir a sermonear a los saturnianos,
porque en esta tierra que asumen suya ni los humanos van a estar en pie si el
ritmo del exterminio sigue sostenido. Y la palabra no es exagerada, el
exterminio es constante y comprobable. La moral humana es una burla, es
diminuta frente a los cósmico, como el tiranuelo feudal se contenta con que sus
dóciles siervos la respeten, y el miedo y la culpa que propaga no sirven de
nada. Cómo una moral puede avalar con su silencio la destrucción del hogar, en este
caso el planeta. Cómo una moral puede ser tan privativa y construir sobre una
especie su principio y su fin. No estamos frente a ninguna moral en este
planeta, sino frente a un discurso que escuda lo contrario a lo que dice
defender.
La manipulación mayor consiste en hacernos creer que
la vida humana es superior o tiene más valor que las demás. Desmembrado ese
argumento, toda construcción en ese sentido pierde validez. Pero siguiendo ese
limitado argumento, una vida extraterrestre más
desarrollada podría argumentar exactamente lo mismo y llegar a
Un poco de humildad es lo que le hace falta al humano,
hoy abrazado como un gusano, con el perdón de éstos, en un desarrollo falso,
enredado en la babosa sensación del crecimiento económico, de la técnica, de
sus avances atómicos. Nada de eso sirve sin un lugar en el que aplicarlos. El
destino de
14 12 2006