Moratoria universal
Rafael Morales
El espectáculo medieval dedicado al ahorcamiento de Sadam Husein provocó al menos dos
consecuencias políticas importantes. Naciones Unidas solicitó al Gobierno de
Bagdad, por medio de Louise Arbour,
que no se ejecute a dos colaboradores del ex dictador iraquí condenados en el
mismo proceso fraudulento. Por otro lado, Italia y Francia sumaron esfuerzos
para defender ante la ONU
la aprobación de una “moratoria universal” contra la pena de muerte. El nuevo
secretario general, Ban Ki-moon, se mostró partidario de esta iniciativa.
El embajador italiano Marcello
Spatafora comunicó la decisión al presidente de turno
del Consejo de Seguridad, el ruso Vitaly Churkin, proponiéndole que la Asamblea General
se ocupe lo más pronto posible de esta cuestión. El ministro de Exteriores,
Máximo d’Alema, solicitó a Alemania, que preside este
semestre la Unión
Europea, un debate en el encuentro oficial de los días 11 y
12 de enero. Angela Merkel
acogió positivamente la propuesta italiana. Que la moratoria universal prospere
o no divide a los observadores. Los optimistas sospechan que la batalla contra
“la forma más extrema de pena cruel, inhumana o degradante” (Amnistía
Internacional) puede ganarse a medio plazo. Otros opinan lo contrario.
Los intentos anteriores de 1994 y 1999 salieron mal. El primero obtuvo 36 votos
a favor, 44 en contra y 74 abstenciones. El de 1999 ni siquiera llegó a votarse
gracias a las divisiones internas en la Unión Europea. Si
acudimos al Consejo de Seguridad como referente actual, la relación de fuerzas
se manifiesta de manera desigual. De los cinco miembros permanentes con derecho
a veto, Francia y el Reino Unido son abolicionistas, Rusia se acogió a la
moratoria, China y Estados Unidos continúan aplicando la pena de muerte. Entre
los miembros no permanentes, Italia, Bélgica, Panamá, Perú, Sudáfrica y Ghana
son abolicionistas, la
República Democrática del Congo aplica de hecho la moratoria,
mientras Indonesia y Qatar todavía usan el patíbulo.
La ONU acoge a
192 miembros. 140 países abolieron la pena capital o no la aplican y 52
recurren a esta forma de barbarie. La muerte de Estado va perdiendo consensos.
Durante los últimos diez años, los abolicionistas de hecho sumaron 37 países
más. Mantienen la pena de muerte seis menos que en 2004. Sólo 24 aplicaron el
máximo castigo durante 2005. Algunos recuperaron la pena capital. A saber,
Irak, Libia, Botswana, Guinea Ecuatorial y la Autoridad Nacional
Palestina. Por otra parte, de los aproximadamente 5.000 ejecutados o más (de
los 5.500 confirmados en el mundo durante 2005) corresponden a China. La lista
prosigue con Irán (113), Corea del Norte (77) y Estados Unidos (60). Siguen
Pakistán (42), Vietnam (27) y Jordania (15).
La tendencia general favorece a los optimistas, aunque los pesimistas aseguran
que nada hay que hacer mientras dos miembros del Consejo de Seguridad (China y
Estados Unidos) mantengan su posición y corresponda a la legislación de cada
país soberano la decisión de mantener o acabar con la pena de muerte. Se trata
precisamente de impulsar las posibilidades de la opinión pública europea y su
autoridad en este terreno. Una amplia votación de la Asamblea General
a favor de la moratoria universal representaría una presión política de primer
orden sobre cada Estado, entre ellos China y Estados Unidos, para que
modifiquen sus normas espantosas sobre este tema. No merece la pena dar por
perdida la batalla política y diplomática cuando apenas comienza. Creo.
rafaelmorales@canariasahora.com
Fuente:
CanariasAhora.es