Pena de
muerte y matanzas bélicas
Justo
Fernández Rodríguez
Se ha celebrado el IV Día Mundial contra
La privación de la vida en razón del delito cometido es la más severa de las
penas y desde el comienzo de su aplicación ha sido objeto de las más fuertes
críticas. En
A partir del siglo XVIII, la crítica tuvo un contenido jurídico, por su
carácter irreversible, que podía convertir en crimen un error jurídico. Muchos
escritores y filósofos abogaron por importantes reformas de los sistemas
penales, consiguiendo la limitación de los delitos castigados con la pena de
muerte, hasta su completa abolición en muchos países.
Actualmente, la polémica continúa y se centra en la ejemplaridad que produce
entre el resto de los ciudadanos y que no se alcanza con penas de privación de
libertad. Los abolicionistas, aparte de consideraciones de orden ético,
rechazan el principio de ejemplaridad e insisten en la posibilidad de error y
la indefensión de aquellos acusados, sin recursos económicos que no podrían pagarse una defensa eficaz. Resulta paradójico que,
en aquellos países donde se ejecuta la pena capital, no disminuye el número de
delitos cuyo castigo es precisamente la pena de muerte.
Desde 1977, 87 países han abolido la pena capital para todos los delitos,
mientras
Con motivo del Día Internacional contra
En 2005 se produjeron, según los manipulados datos oficiales, 2.148 ejecuciones
en 22 países del mundo y 5.186 personas fueron condenadas a muerte. El 94% se
registraron en China (1.770), EE.UU. (60), Irán (94)
y Arabia Saudí (86). Los especialistas mantienen que
las personas ejecutadas en China superan las 10.000 cada año.
Muchos de los condenados no tuvieron un juicio justo, confesaron bajo torturas,
carecieron de asistencia letrada adecuada y, desde luego, no tuvieron un juicio
justo. El riesgo de ejecución de inocentes ha sido ratificado por las
excarcelaciones producidas de personas que habían sido condenadas a muerte por
error. ¿Cuántos inocentes han sido ejecutados?
En EE.UU. se avanzó con la decisión de
Amnistía Internacional ha resumido bien lo que significa la pena de muerte:
"Es la forma más extrema de pena cruel, inhumana o degradante. La pena de
muerte constituye una violación del derecho a la vida. La pena de muerte es
irreversible y entraña el riesgo de que se ejecute a inocentes. No se ha podido
demostrar nunca que la pena de muerte tenga mayor efecto disuasorio frente a la
delincuencia que otros castigos".
Amnistía Internacional ha recordado a España que, pese a la derogación en el
Código Penal Militar de la posibilidad de aplicar el pena de muerte en tiempos
de guerra,
Irak: mentiras sangrientas.
La sospecha de que nos engañaban, una vez
más, con las bajas reales entre la población civil de Irak -producida por los
misiles, bombas, balas, ametrallamientos o, simplemente, asesinatos, de las
fuerzas estadounidenses, la resistencia iraquí o la violencia terrorista, desatada
entre diferentes comunidades- se ha confirmado, desvirtuando las mentiras
oficiales sobre bajas, que ha venido publicando el Gobierno de Bush o la mismísima ONU, controlada por los intereses
norteamericanos. Uno de sus trabajos señala que la violencia se cobra la vida
de 3.000 iraquíes cada mes. Multiplicando esa cifra por 40 meses, nos aporta la
cantidad de 120.000 muertos, alejada de la realidad y de las cifras facilitadas
por las fuentes informativas estadounidenses de 30.000 víctimas civiles.
La prestigiosa publicación médica británica The
Lancet ha dado a conocer un informe de
Desde el inicio de la invasión, en marzo
del 2003, superan los 655.000 los iraquíes muertos por acciones violentas.
Estas cifras son 20 veces superiores a las facilitadas por el Pentágono.
Superan el 2,5% de la población de Irak y equivalen a más de 500 muertes
violentas cada día. Según los autores del informe, muchas familias ocultan las
muertes de soldados o familiares en sus viviendas para evitar represalias.
Asimismo se oculta la muerte de niños.
George Bush, un mentiroso
compulsivo, ha tachado de "no creíble" el estudio publicado, mientras
se negaba a poner fecha a la retirada de las tropas. Sus "razones"
para no hacerlo reflejan el cinismo y la catadura de quien dirige los destinos
del mundo, con la complicidad de los "empleados" de Murdoch, en España o Gran Bretaña: "Si abandonamos
Irak antes de que los iraquíes puedan defender su joven democracia, los
terroristas tomarán el control y establecerán un nuevo refugio desde donde
podrán lanzar ataques contra EE.UU.". Desatar el
miedo, sea con los terroristas o los inmigrantes, es una estrategia fascista
que, normalmente, da resultados ante una próxima convocatoria electoral.