Pena de muerte y matanzas bélicas

 

Justo Fernández Rodríguez

 

Se ha celebrado el IV Día Mundial contra la Pena de Muerte, bajo el lema de "La pena de muerte es un fracaso de la justicia". La organización corresponde a la Coalición Mundial contra la Pena de Muerte, que está integrada por más de 50 organizaciones, entre ellas Amnistía Internacional, colegios de abogados, sindicatos y autoridades locales y regionales, unidas en un esfuerzo común por erradicar la pena de muerte en el mundo. Consideran que "la pena de muerte no es aceptable nunca y cada ejecución constituye una violación extrema del derecho a la vida. La discriminación, los juicios injustos, los errores judiciales y la ejecución de menores, en el momento de la comisión del delito y de personas con discapacidades mentales, equivalen, sin excepción, a un fracaso de la justicia".


La privación de la vida en razón del delito cometido es la más severa de las penas y desde el comienzo de su aplicación ha sido objeto de las más fuertes críticas. En la Edad Media la censura se realizaba desde un punto de vista teológico. La pena de muerte se aplicaba, incluso, para delitos menores. Por crímenes comunes, incluso, existían diferencias en su ejecución: los plebeyos eran condenados a la horca y los nobles, decapitados. El parricidio, el envenenamiento o los delitos contra natura eran castigados quemando o enterrando vivo al culpable. En ocasiones, se le cortaba en trozos o se le cocía en aceite, por supuesto vivo. La diversidad de las formas de ejecución eran muchas, tanto como las modalidades de tortura que se aplicaban antes de la ejecución. Las mutilaciones eran frecuentes. Se cortaba al reo la mano, la nariz, las orejas o la lengua.


A partir del siglo XVIII, la crítica tuvo un contenido jurídico, por su carácter irreversible, que podía convertir en crimen un error jurídico. Muchos escritores y filósofos abogaron por importantes reformas de los sistemas penales, consiguiendo la limitación de los delitos castigados con la pena de muerte, hasta su completa abolición en muchos países.


Actualmente, la polémica continúa y se centra en la ejemplaridad que produce entre el resto de los ciudadanos y que no se alcanza con penas de privación de libertad. Los abolicionistas, aparte de consideraciones de orden ético, rechazan el principio de ejemplaridad e insisten en la posibilidad de error y la indefensión de aquellos acusados, sin recursos económicos que no podrían pagarse una defensa eficaz. Resulta paradójico que, en aquellos países donde se ejecuta la pena capital, no disminuye el número de delitos cuyo castigo es precisamente la pena de muerte.


Desde 1977, 87 países han abolido la pena capital para todos los delitos, mientras la Comisión de Derechos Humanos de la ONU aprueba cada año una resolución instando a los países que no han abolido la pena de muerte a que suspendan las ejecuciones.


Con motivo del Día Internacional contra la Pena de Muerte, Amnistía Internacional ha presentado una campaña en la que se denuncia que tres países, EE.UU., China e Irán, fueron responsables del 80% de las ejecuciones en el mundo, durante los meses transcurridos de 2006.


En 2005 se produjeron, según los manipulados datos oficiales, 2.148 ejecuciones en 22 países del mundo y 5.186 personas fueron condenadas a muerte. El 94% se registraron en China (1.770), EE.UU. (60), Irán (94) y Arabia Saudí (86). Los especialistas mantienen que las personas ejecutadas en China superan las 10.000 cada año.


Muchos de los condenados no tuvieron un juicio justo, confesaron bajo torturas, carecieron de asistencia letrada adecuada y, desde luego, no tuvieron un juicio justo. El riesgo de ejecución de inocentes ha sido ratificado por las excarcelaciones producidas de personas que habían sido condenadas a muerte por error. ¿Cuántos inocentes han sido ejecutados?


En EE.UU. se avanzó con la decisión de la Corte Suprema de no aplicar la pena de muerte a menores de edad cuando cometieron sus delitos, pero se continúa ejecutando a condenados con discapacidad mental. En China, el tiro en la nuca está siendo sustituido por la inyección letal, para facilitar la extracción de órganos, que da lugar a un aberrante tráfico internacional de los mismos.


Amnistía Internacional ha resumido bien lo que significa la pena de muerte: "Es la forma más extrema de pena cruel, inhumana o degradante. La pena de muerte constituye una violación del derecho a la vida. La pena de muerte es irreversible y entraña el riesgo de que se ejecute a inocentes. No se ha podido demostrar nunca que la pena de muerte tenga mayor efecto disuasorio frente a la delincuencia que otros castigos".


Amnistía Internacional ha recordado a España que, pese a la derogación en el Código Penal Militar de la posibilidad de aplicar el pena de muerte en tiempos de guerra, la Constitución española continúa manteniendo, en su artículo 15, una alusión a la posibilidad de que pueda ser aplicada por "las leyes penales militares para tiempos de guerra".


Irak: mentiras sangrientas.

 

La sospecha de que nos engañaban, una vez más, con las bajas reales entre la población civil de Irak -producida por los misiles, bombas, balas, ametrallamientos o, simplemente, asesinatos, de las fuerzas estadounidenses, la resistencia iraquí o la violencia terrorista, desatada entre diferentes comunidades- se ha confirmado, desvirtuando las mentiras oficiales sobre bajas, que ha venido publicando el Gobierno de Bush o la mismísima ONU, controlada por los intereses norteamericanos. Uno de sus trabajos señala que la violencia se cobra la vida de 3.000 iraquíes cada mes. Multiplicando esa cifra por 40 meses, nos aporta la cantidad de 120.000 muertos, alejada de la realidad y de las cifras facilitadas por las fuentes informativas estadounidenses de 30.000 víctimas civiles.


La prestigiosa publicación médica británica The Lancet ha dado a conocer un informe de la John Hopkins Blomberg School of Public Health, que nos acerca más a la realidad de una invasión ilegal basada en las mentiras y la manipulación.

 

Desde el inicio de la invasión, en marzo del 2003, superan los 655.000 los iraquíes muertos por acciones violentas. Estas cifras son 20 veces superiores a las facilitadas por el Pentágono. Superan el 2,5% de la población de Irak y equivalen a más de 500 muertes violentas cada día. Según los autores del informe, muchas familias ocultan las muertes de soldados o familiares en sus viviendas para evitar represalias. Asimismo se oculta la muerte de niños.


George Bush, un mentiroso compulsivo, ha tachado de "no creíble" el estudio publicado, mientras se negaba a poner fecha a la retirada de las tropas. Sus "razones" para no hacerlo reflejan el cinismo y la catadura de quien dirige los destinos del mundo, con la complicidad de los "empleados" de Murdoch, en España o Gran Bretaña: "Si abandonamos Irak antes de que los iraquíes puedan defender su joven democracia, los terroristas tomarán el control y establecerán un nuevo refugio desde donde podrán lanzar ataques contra EE.UU.". Desatar el miedo, sea con los terroristas o los inmigrantes, es una estrategia fascista que, normalmente, da resultados ante una próxima convocatoria electoral.