Chávez
muerto o asesinado
Alexandro Saco
Avalar al chavismo
hoy, es como justificar el combate a la insurgencia armada con el terrorismo de
Estado. Es decir, aplicar al contrincante las mismas armas o peores a las que éste usa. Eso es lo que está pasando en el caso de
RCTV. Ante la arbitrariedad informativa de este medio de comunicación, la
arbitrariedad de un presidente que dice: yo decidí que la licencia no se debía
renovar. Es una represalia política y no un acto legal. El discurso chavista invisibiliza al 40% de
la población venezolana que no votó por Chávez, los estigmatiza. Si se
confronta la estigmatización de la derecha y del falso liberalismo hacia el
pensamiento distinto, no se debería avalar una acción similar desde la otra
orilla.
Raúl Wiener
en su último artículo: Libertad de expresión, qué maravilla, hace precisiones
de lo ilegítimo que puede resultar el ejercicio de la libertad de expresión en
el Perú, y demuestra que nuestros canales de TV en el mejor de los casos tienen
cuentas pendientes con la legalidad y manipulan el ejercicio informativo.
Cierto, pero esa realidad no puede justificar el acto político represivo chavista. No se trata de defender la línea informativa que
tenía RCTV, que más que un medio de comunicación era un partido antichavista, sino de establecer una cuestión sustantiva y
no adjetiva. Lo sustantivo es: o se avala el autoritarismo cuando viene en
teoría desde la izquierda, o confrontamos todos los actos que atentan contra
una convivencia social mejor. Chávez existe porque por décadas en Venezuela una
política señorial hizo poco y medró con el poder. Pero, ¿cómo dotar de
perspectiva a un gobierno, otros lo llaman proceso, que depende de una persona?
Mi percepción es que Chávez sale del poder o asesinado o muerto: no va a dejar
la presidencia.
La aspiración chavista es agradable. Como cuando confronta a Bush y le dice sus verdades a la política externa de los
EEUU, cuando coloca en su lugar a los entes financieros internacionales o
aspira a que los recursos naturales estén en función de las necesidades
nacionales o regionales. Pero lo insalvable aparece cuando al interior de
Venezuela se conforma un sistema político en el que la oposición debe ser
arrinconada hasta su virtual extinción. Un congreso con un partido único, un
partido único del que los disidentes tienen que alejarse, un canal de TV que
pasa del interés político a una supuesta función social. Y quizá lo más
peligroso del chavismo sean los chavistas,
incapaces de aceptar que hipotecaron su libertad al único que piensan puede
cambiar las cosas.
El Estado no es fuente de
legitimidad, la sociedad, sus logros y aspiraciones son la fuente de
legitimación de los cambios. Guiar a la masa desde la autoridad estatal es muy
similar a hacerlo desde el poder mediático y financiero. La oposición debería
ser a todo intento que encorsete a la sociedad en un destino manifiesto. La
libertad de la que Chávez habla no es tal porque los venezolanos deben dormir
bajo su manto y guarecerse bajo su ubicua voz. El chavismo
puede crear los canales de TV que quiera con unos cuantos millones de dólares,
para que la gente opte por cual ver.
Esta actitud del chavismo, trae en ella el germen de su autodestrucción. Las
banderas que podemos compartir con el chavismo, no
flamean al lado del mesianismo, de la respuesta igual o peor al contrincante
hoy enemigo. Venezuela está impregnada de odio. El gobernante no debe ser una
incubadora de resentimiento, sino tener
un desenvolvimiento que implique a sus gobernados por igual. El poder estatal o
no estatal, las creencias que no admiten discusión, el autócrata que hace las
cosas ante sí y por sí o el conductor de TV que pontifica, son anécdotas frente
a una aspiración válida y perenne: la de liberarnos de las tutelas de los
falsos liberadores y de los falsos liberales que aplastan el pensamiento
distinto.
Alexandro Saco
31 5 2007