¡Las mujeres al poder!
Ramón Moreno
¡Sí!, ¡las mujeres al poder! ¿Por qué no? Personalmente, no tengo el más mínimo inconveniente, al contrario. Máxime, si se trata de personas preparadas y capaces de desempeñar cualquier puesto en la sociedad.
Pero antes de continuar, debo pedir disculpas a los amables lectores, a los que emplazaba en mi escrito anterior, "¡Tenerife hunde a Gran Canaria!", a buscar en las hemerotecas un magnífico artículo titulado El Rey Desnudo, publicado en la prensa de las Islas; y donde está la respuesta, a la proliferación de ciertos editoriales dominicales. Un involuntario lapsus, o la inoportuna presencia del eterno duende de la linotipia, daba una fecha de publicación errónea, cuando en realidad es el 9 de junio de 2004. Lo digo, por si alguien interesado/a ha estado buscando infructuosamente el egregio despelote, en una fecha equivocada.
Dicho esto, reitero que no tengo ningún tipo de reticencia a que las mujeres ocupen puestos de responsabilidad o accedan al poder. De hecho, yo que no soy en absoluto nada machista, no me importaría tener de jefa a una fémina; siempre y cuando diera la talla y supiera más que yo, lo que no es nada difícil. Porque la realidad es que, en demasiados casos, se ocupan puestos relevantes, simplemente por ser agraciada o más agradable. Lo que no beneficia, precisamente, la imagen del enorme colectivo de mujeres con la cabeza bien amueblada, aparte de poseer otras prendas de carácter personal.
Resulta de lo más indignante y bochornoso, que al ostracismo al que siempre han estado sometidas las mujeres históricamente, en la actualidad se las siga postergando, sometiendo, y hasta ¡eliminando!
De escalofriante podríamos catalogar lo que sucede, por ejemplo, en Méjico, con la matanza de mujeres en Juárez y otros lugares. ¡Un auténtico feminicidio!, que la escritora y periodista mejicana, Elena Poniatwska, de origen polaco, denuncia cuando dice: Méjico barre a sus mujeres. En su última novela, El tren pasa primero, recrea la figura del mítico revolucionario mejicano Demetrio Vallejo; y sus páginas, que están repletas de revolucionarios que leen a Marx, y luego golpean y esclavizan a sus esposas, reflejan también, a las mujeres que descubren su libertad más allá de convencionalismos. Como ocurre en la novela del Conde León Tolstoi, Anna Karenina, el libro de Poniatowska, tiene también mucho que ver con las mujeres y con sus anhelos de libertad.
No en vano, la novelista ha estrenado su carrera política como asesora del político izquierdista López Obrador (candidato a las elecciones presidenciales del verano próximo) en las que el énfasis está en las cuestiones de género: "Méjico se rompería en mil pedazos sin las mujeres, son el gran aglutinador social. Y, sin embargo, siempre nos barren", sostiene la escritora.
No es, pues, una anécdota el avance de la mujer en el mundo contemporáneo, pese a los graves episodios que se suceden en el planeta. En Chile, como ahora veremos, ha ocurrido un fenómeno aleccionador.
Muchas han sido las mujeres que han ocupado lugares privilegiados en la historia de sus respectivos países. Recuérdese, por ejemplo, a Golda Meir, primera ministra de Israel; Indira Gandhi, jefa de Estado de la India; o la famosa Dama de hierro, Margaret Thatcher, jefa de Gobierno en Gran Bretaña.
La irrupción, por tanto, de la mujer en tareas de gobierno es algo frecuente en nuestros días; y ahí está la muestra reciente de Angela Merkel, primera mujer que accede a la presidencia de un gobierno en Alemania. Pero los casos más paradigmáticos de mujeres que han llegado a lo más alto del poder político, los tenemos ahora en Liberia y Chile.
Empezando por nuestro continente, vemos como la flamante presidenta de Liberia, Ellen Johnson-Sirleaf, de 67 años, se hizo con la Jefatura del Estado en su país al ganar las elecciones con el 59% de los votos, en segunda vuelta, a su oponente el ex futbolista George Wech. Licenciada en Economía por Harvard y de una vieja tradición política, esta mujer liberiana fue ministra de Finanzas, trabajó para el Banco Mundial, y ostentó la presidencia de CityCorp. En su toma de posesión, a la que asistieron 3000 invitados, entre ellos, la primera dama estadounidense, Laura Bush y la secretaria de Estado Condoleezza Rice, y los presidentes de Ghana, Nigeria, Senegal y Sudáfrica, la primera presidenta de África, prometió "luchar contra la corrupción, el principal enemigo de Liberia". Y en el Cono Sur americano, el voto femenino fue crucial y determinante para elegir a la primera presidenta de la historia de Chile, la socialista, Michelle Bachelet, de 54 años, y pediatra de profesión; que obtuvo el 53,22% de los votos escrutados, frente al 46,77% de su principal opositor, el líder de la derecha, el millonario Sebastián Piñeiro, que contaba con el apoyo del ex candidato presidencial, Joaquín Lavín.
Esta valerosa chilena, represaliada por la dictadura pinochetista, y torturada por la DINA, la policía política del régimen (su padre, el general de la Fuerza Aérea, Alberto Bachelet, fue asesinado por su lealtad al presidente constitucional, Salvador Allende), ya fue ministra de Sanidad y Defensa en los Gobiernos del presidente, Ricardo Lagos. La nueva inquilina del Palacio de la Moneda es, según los cronistas, una "líder vitalista, espontánea y con una enorme vocación de trabajo". Como ha señalado la escritora uruguaya, Cristina Peri Rossi, "no hizo campaña a partir de su sufrimiento personal, porque no tiene ánimo de venganza ni de revancha"... ¡Michelle Bachelet es, sin duda, todo un referente para las mujeres del mundo!