8 DE MARZO DÍA DE
Miguel Mata Bentancor
Después de largos y terriblemente duros
años de lucha, no se ha conseguido alcanzar iguales condiciones laborales,
políticas y sociales para la mujer respecto al hombre. Por más que las
instituciones públicas y las constituciones generosas, la carta internacional
de los derechos humanos, etc., lo contemplen, la igualdad de derechos de todas
las personas es una irrealidad palpable y evidente, que se manifiesta
cruentamente en las relaciones de género que se dan en nuestra sociedad.
La mujer hoy, en nuestra tan “moderna sociedad”, sigue soportando insoportables
-valga la redundancia- dosis de sexismo (llamémosle machismo): falta de
reconocimiento profesional e infravaloración de las potencialidades de la
persona por el hecho de ser mujer, cargas en las responsabilidades familiares
infinitamente superiores a las de los hombres; salarios inferiores a igual
tarea; mayores dificultades para acceder a puestos más relevantes en la
empresa, la política, etc.; exposición diaria a un lenguaje generalizado
cargado de machismo y estereotipos de todo tipo que condenar a la mujer, por el
simple hecho de serlo, a peores condiciones de vida que los hombres.
Mucho queda por andar, aunque el camino andado no sea desdeñable. Esta lucha
tiene sus avances y sus retrocesos. Por ejemplo: el tremendo drama que vivimos,
el peor de los posibles, la abominable, detestable y vergonzosa violencia
machista contra las mujeres que cada día, como un goteo incesante, se cobra una
nueva vida de mujer a manos de “un hombre”. Otro ejemplo de estos retrocesos o
atascos lo vemos en instituciones como
El día internacional de la mujer
trabajadora se justifica porque recuerda la lucha de la mujer por sus derechos
y sus libertades. El día de la mujer trabajadora no puede quedarse en un mero
día de celebración u onomástica, como si del día de los enamorados se tratara.
Muchas mujeres se han dejado la vida en esta lucha, desde antes de los
terribles acontecimientos de Nueva York. Acontecimientos que marcaron un punto
de inflexión para la lucha. En aquellas fechas de principios del siglo pasado,
más de cien mujeres que defendían sus derechos como trabajadoras y también como
mujeres, fueron asesinadas cobardemente, de la más vil de la maneras: los
patronos prendieron, o mandaron prender, fuego a aquella fábrica e impidieron
su salida de las trabajadoras para que allí murieran, quemadas.
Pero después de aquellos terribles acontecimientos, que desde luego marcan un
hito en la lucha de la mujer, han seguido luchando, andando y dando imponentes
ejemplos de lucha, dejándose la piel y, en muchas ocasiones, la vida por la
causa.
Muchos han sido los logros, pero mucho es lo que está aún por conseguirse. En
este, esperemos, último tramo de la lucha, alcanzaran los objetivos. Pero se
exige el esfuerzo de todos, tenemos que levantarnos juntas y juntos, mujeres y
hombres, hombre y mujeres, codo con codo y mano con mano, para luchar, no
porque la tortilla se vuelva, sino para que se reparta equitativamente.
Y es que, esta sociedad, por más que airee lo contrario, no ha superado los
mínimos de la sociedad justa que dice ser o aspira a ser, pues en sus esquemas
básicos de funcionamiento está el sustentar la desigualdad como un valor. Esto,
en el caso de las relaciones de género, se manifiesta en sus diferentes ámbitos
de la forma siguiente:
Ámbito laboral: menor salario a igual desempeño; menor
presencia en los puestos relevantes y directivos de la empresa; pérdida de
empleo o dificultad para conseguirlo por ser futuras madres; mayores cifras de
desempleo femenino; presión y exigencia mayor que al hombre en el desempeño de
su tarea; acoso sexual en el trabajo; etc.
Ámbito Social: lenguaje social, formalmente aceptado, cargado
de connotaciones sexistas de género masculino; la responsabilidad de la familia
sigue recayendo básicamente en la mujer; baja remuneración en el trabajo y
menores niveles de independencia económica; fuertes estereotipos que plantean
tiránicas exigencias en la imagen o estética de mujer: vestimenta, constitución
corporal, etc.; feminización de la pobreza; imposición de mayores limitaciones
para acceso a la cultura; menores posibilidades de elección sobre su futuro;
poca presencia en los puestos de responsabilidad públicos y privados; etc.
En el ámbito familiar: mayor peso afectivo: reconociendo el
plano afectivo como responsabilidad básicamente de la mujer; mayor peso en la
responsabilidad y desempeño de las tareas domesticas y el cuidado de los hijos;
relaciones de dominio y posesión del hombre sobre la mujer; situaciones del
maltrato físico y psicológico; etc.
Esta claro que todas estas manifestaciones sexistas-machistas tiene una fuerte
repercusión negativa el ámbito de lo personal, en el aspecto
psicológico, afectando a la mujer, entre otras cosas, en: exceso de asunción de
responsabilidades en el ámbito la familia; sentimiento de culpa; muy alto nivel
de autoexigencia, desajustes en el autoconcepto y
autoestima, etc.
Es contra todo ello, el colectivo de mujeres más conscientes de esta situación.
Lleva muchos años luchando y dejándose la piel en ello. Pero aún queda mucho
por andar, así que andemos. Levantemos la bandera de la justicia, la bandera de
la equidad, la bandera de la causa de la mujer trabajadora. Porque es la causa
de las sociedades más justas y por tanto causa común y del género humano y por
supuesto de las organizaciones que se consideren de izquierdas y
revolucionarias.
Hay un poema de Pablo Neruda, y que invita a luchar, levantando la bandera
común. Yo quiero sumarme contigo y tomar la bandera que simboliza la lucha de
la mujer trabajadora:
y salgamos reunidos
a luchar cuerpo a cuerpo
contra las telarañas del malvado,
contra el sistema que reparte el hambre,
contra la organización de la miseria…
(Pablo Neruda)
(*) Miguel Mata Betancor es militante de UNIDAD DEL PUEBLO
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