Día Internacional de la Mujer Trabajadora
Desde que fuera propuesto por Clara Zetkin en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, celebrada en Copenhague en 1910, la celebración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora marca un punto de inflexión en la lucha de la mujeres para conseguir la plena igualdad de derechos.
A pesar de los importantes avances conseguidos en ese sentido en los países más desarrollados, para la inmensa mayoría de las mujeres del mundo la realidad sigue siendo la discriminación, el sometimiento, las agresiones sexuales, la coacción y la pobreza.
Incluso en sociedades avanzadas, esa discriminación es palpable. En Canarias las mujeres trabajadoras cobran un 40% menos que los trabajadores. Están sometidas a jornadas más largas, que se agravan con la doble jornada en las tareas domésticas. Si los trabajadores no están debidamente representados en las instituciones públicas, la representación de las trabajadoras es aún peor.
En fechas como ésta se oyen reiterativamente propósitos vacíos y frases bienintencionadas, pero escasean las propuestas concretas para aliviar la situación de las mujeres trabajadoras y para acabar con los abusos y las agresiones.
Es necesario un cambio profundo de mentalidad, de principios, de ideas, de actitudes y de hábitos en los hombres. Los valores de una mujer y de un hombre nuevos deben abrirse camino de verdad en nuestras palabras, en nuestros actos, en la educación y en la cultura.
Pero además, sin un cambio de modelo social que acabe con la sobreexplotación de las trabajadoras y los trabajadores, sin medidas de reducción de jornada que permitan conciliar a hombres y mujeres la vida laboral con la vida personal, sin servicios de guardería en las empresas, sin servicios sociales suficientes, será imposible mejorar la situación de las mujeres en nuestra sociedad.
La lucha de las trabajadoras y los trabajadores es, objetivamente, una misma lucha por cambiar esta sociedad y abrir paso a un mundo diferente, en el que no exista la explotación del hombre por el hombre ni de la mujer por el hombre. Y en la que no quede el menor atisbo de racismo de género a ningún nivel.
Este objetivo es tarea de todas y todos, pero es evidente que son las trabajadoras las que tienen que encabezar la lucha por su propia emancipación y la de toda la clase obrera. Por eso, a las compañeras, UNIDAD DEL PUEBLO no les regala una rosa ni un cumplido, sino que las convocamos a cumplir el papel de dirigentes revolucionarias que nuestra sociedad y nuestro país necesita.
Para que las cosas cambien mañana, es preciso pelear hoy. ¡Adelante compañeras!
Canarias, marzo de 2006
