EL MARAVILLOSO MUNDO DEL CIRCO

 

Rubén Alemán Sánchez

 

Pasen y vean. La mujer barbuda, los enanos-cohete, el hombre más fuerte del mundo. Como decía el poetautor Joaquín Sabina en su disco Sabina y Viceversa en Directo: “Ocupen su localidad”.

 

Comienza la cuenta atrás de las elecciones de mayo de 2.007. Los que todavía creemos en otro mundo posible consideramos que las elecciones son un frente más para la transformación de la sociedad. Pero no en el marco de un proceso previamente amañado con una ley antidemocrática que excluye a los partidos o plataformas electorales que no manejan el erario público, que no reciben regalías empresariales y que no poseen los medios de comunicación a su favor.

 

Empiezan ya los personajes circenses a posicionarse. Jerónimo Saavedra, “el viejo profesor”, según González Viéitez, proporciona tremendo zarpazo a Arcadio Díaz Tejera, el cual renuncia involuntariamente a su acta de concejal para dejar paso al expresidente de la heteronomía canaria como candidato a alcalde de Las Palmas de Gran Canaria. Artistas (¿?) como Martín Chirino, periodistas como Rafael González Morera o Pepe Alemán o el propio papá de la RIC –antes mencionado- cantan loas al candidato. En éxtasis teresiano, se olvidan de hablar de las nefastas consecuencias de su paso por la presidencia gubernativa archipielágico-macaronésica. ¿Quién si no fue uno de los promotores de la inserción de Canarias en la entonces CEE vía libertad plena de circulación de capitales, trabajadores, bienes y servicios que tanto daño ha producido a nuestro país sino Jerónimo Saavedra Acevedo? Ni siquiera apostó por seguir manteniendo el denominado Protocolo 2, finiquitado por el Parlamento Canario el 21 de diciembre de 1.989 mediante una resolución en que pidió una mayor incorporación a la actual Unión Europea. Esta situación nos ha llevado de cabeza al actual caos de superpoblación fruto no de los inmigrantes pobres -¡ya está bien!- sino de los españolitos y europeos ricos que se establecen libremente en nuestro suelo depredando el territorio en connivencia con los caciques autóctonos.

 

Este refinado mozartiano –a mí, qué quieren que les diga, me gusta más Taburiente, Silvio y Sabina, macarrilla que es uno- fue también ministro “filipino” de Administraciones Públicas y de Trabajo y Seguridad Social, época en que tras la reforma laboral de 1.995 el paro alcanzó a más de 2 millones de trabajadores y trabajadoras en todo el Estado y a casi el 25% de canarios y canarias. Muy filipino él, nunca se opuso al envío de tropas al Golfo Pérsico en la I Guerra de Daddy Bush, nunca lo escuché criticar los bombardeos sobre Belgrado ni la invasión de Afganistán por el control del negocio de la heroína, los gaseoductos y el petróleo de la zona. Saavedra quiere ahora dignificar la política canaria presentándose a la alcaldía palmense. Difícilmente podrá dignificar algo quien oculta oscuros intereses en el Marruecos alauita y quien jamás de los jamases ha movido un dedo por apoyar a nuestros hermanos saharauis. En la línea filipina nunca le oí criticar a Carlos Andrés Pérez ante tanta corrupción y podredumbre en nuestra querida Venezuela. Sabido es que la socialdemocracia adeca alcanzó el triste récord de un presidente condenado por malversación de caudales públicos y de haber conducido al 80% del país a la pobreza más absoluta en el estado latinoamericano con las primeras reservas de petróleo del subcontinente.

 

Volviendo a Canarias: ¿cuándo frenó -o intentó al menos- tanta especulación urbanística en las islas? Su defensa del medio ambiente siempre fue con la boca pequeña. Un político que se dice socialista y que apoyó la creación de la Reserva de Inversiones para Canarias (RIC) en 1.994 y que lleva afectados más de 16.000 millones de euros que únicamente han servido para crear empleo inestable, construir campos de golf, hoteles de lujo para ricos y para –de paso, aprovechando que es verano y ya hay tunos en Mogán- invertir ese dinero en Mauritania, Senegal, Cabo Verde, etc. con el objetivo de sacarles el cuero a los trabajadores y trabajadoras de estos países como mano de obra semiesclava. ¡Para que luego se escandalicen ante lo que llaman “invasión” inmigratoria! Duele.

 

De Saavedra Acevedo podríamos seguir hablando horas, horas y horas. Pero quiero cerrar esta humilde columna de opinión comentando las piruetas circenses de otros dos personajes que tienen ambiciones electorales, en este caso, a la presidencia de la heteronomía: José Manuel Soria y el presidente del Centro Canario (CCN), Ignacio González Santiago, nefasto personaje expepero y bambino del presidente de la Cámara de Comercio de Tenerife. Ponga usted un partido en su vida que papá paga.

 

El primero inaugura el día 8 de septiembre la famosa bandera de marras. El precio ya lo saben ustedes. Las necesidades de la isla es más que evidente que no tienen nada que ver con ostentaciones insularistas. Pero no debemos resignarnos a que este político neofranquista nos siga toreando con derroche y despilfarro suntuario –léase obras faraónicas en el Cabildo de Gran Canaria, gastos de protocolo, marketing personal, etc- mientras el norte de la isla soporta altos índices de pobreza y desempleo, las medianías se desertizan abandonadas por la Consejería de Agricultura y la red de solidaridad insular –menores, mayores y discapacitados- e internacional sufre una premeditado abandono y rechazo: “¿para qué ayudar a los cubanos o a los saharauis con los problemas que hay aquí?”, decían. Pero, diablos, es que ni siquiera están ayudando a los empobrecidos y empobrecidas de la isla.

 

Dejo para el final lo más indignante. Artículo de opinión de Ignacio González Santiago, presidente del CCN olartino, publicado en el diario Canarias7 el martes 5 de septiembre de 2.006 con el título Que nos traten como al Líbano. Dice este personaje circense: “Los canarios estamos abandonados de la mano de Dios (…), mientras vemos impotentes cómo nuestra sociedad se destruye (sic) día a día por la llegada incontrolada y masiva de personas de diferentes lenguas, culturas y religiones, imposibles de integrar de manera adecuada y de forma rápida. Nuestra atención sanitaria ha empeorado porque el Servicio Canario de Salud tiene también que ocuparse de los inmigrantes, que llegan en un pésimo estado físico y con las enfermedades típicas que padecen en sus países de origen, que aquí ya estaban superadas. Nuestros hijos y sus profesores conviven en unas aulas atiborradas con niños de diferentes nacionalidades, que ni tan siquiera hablan español, por lo que el rendimiento global del grupo ha empeorado. Nuestras calles se están llenando de personas que no pueden trabajar en nada, porque no tienen papeles, salvo la orden de expulsión a ninguna parte en el bolsillo, y tampoco un sitio donde poder dormir o asearse. Estamos perdiendo nuestra identidad como pueblo, sin darnos cuenta, y sin que nadie nos pregunte si queremos que esto suceda. Y yo no quiero.”

 

Juzguen ustedes. Yo no me voy a callar. Estas declaraciones a mí me dan asco. Dejan a Himmler, a Bossi y a Le Pen chiquitos. Uno, que está por la autodeterminación de este país, por la defensa de su identidad y por el freno a la superpoblación, no puede más que denunciar estas palabras de tinte xenófobo, racista y fascista. Según el ISTAC, sólo el 1,9% de los residentes en Canarias son de origen africano. La inmensa mayoría de los inmigrantes son españoles y europeos. Ricos, claro. Entran con contrato, en vuelos regulares o privados. No en cayuco. Repugnante. Duele. Si la izquierda nacional canaria no denuncia esto se convierte en cómplice de la caverna. Por muy nacionalistas que se definan los González Santiago, Adán Martín y otros. Si se olvida el internacionalismo, se vuelve a la caverna.

 

Pasen y vean el maravilloso mundo del circo. La mujer barbuda, los enanos-cohete, el hombre más fuerte del mundo. Ocupen su localidad.

 

(*) Rubén Alemán Sánchez es miembro del Consejo Nacional y Secretario Político del Comité Local de Las Palmas de Gran Canaria de UNIDAD DEL PUEBLO