El mundo de la memoria
Juan Jesús Ayala
Comenta Norberto Bobbio en su libro De Senectute que "el mundo de los viejos, de todos los viejos, es de forma más o menos intensa, el mundo de la memoria. Se dice: al final eres lo que has pensado, amado, realizado. Yo añadiría: eres lo que recuerdas". Y es así, el futuro para la vejez es finito, demasiado breve para que se preocupe de lo que le va a suceder. La dimensión en la que vive la vejez es el pasado donde los recuerdos servirán de ayuda extraordinaria para seguir transitando por la vida hasta el final.
De ahí que la memoria, su mundo, sea, sobre todo, en la última etapa de la vida si esta se mantiene dentro de una vigencia neuronal aceptable lo más preciado que puede tener una persona. Y a la memoria se asoman un sin fin de pasadas realidades y vivencias que pueden apuntalar una personalidad aun pendiente de muchas cuestiones o que esta misma personalidad pueda aun recrearse en todo aquello que fabricó en el tiempo y que hoy llega y, mpchas veces, de manera imperceptible a tocar a las puertas de la memoria y que esta acoge con cierta aceptabilidad porque desde ahí no se proyecta nada, desde ahí se recoge todo. Todo lo que ha sido capaz de forjarse en los tiempos crudos de las mil batallas, en los tiempos infernales de la consolidación de una personalidad que al menos fue aceptada por uno mismo.
El umbral de la vejez se ha retrasado bastante en estos últimos años. Recordemos que Cicerón que escribió sobre la vejez se consideraba ya viejo a los sesenta años. Hoy el sexagenario es viejo solo en sentido burocrático dado que la administración se lo quita de en medio de forma estúpida cuando aun hay personas que se envían a la cuneta de su historia y están en perfecto estado de lucidez y de experiencia. Hoy se considera la vejez biológica cuando se aproxima a los ochenta años. Y también es otro error porque hay personas que desde esa edad alumbran muchas oscuridades a través de la palabra y del pensamiento.
Pero lo fundamental y lo que da hechura a la vejez, lo que la pone en funcionamiento es cuando la perspectiva se acantona, no existe, mirar hacia los horizontes resbaladizos no interesa porque son inalcanzables y entonces es cuando aparece en otra dimensión el recuerdo y la memoria avivándolo y dándole fuerza para que transite por el camino del pasado y para que habiten quietamente a su lado.
El mundo de la memoria se ha ido construyendo desde los inicios, desde que se ha deambulado por los miles de vericuetos que la vida de cualquiera ha diseñado, muchas veces sin consentimiento y sin el concurso de la voluntad. Y desde ese mundo, desde su atalaya se podrá asomar y contemplar la dimensión total de la vida que ya arrumba hacia la meta final. Y eso debe ser reconfortante y tener un deleite especial. Los días cuando se hacen pequeños y la vida se acorta cuando es la memoria la que toma presencia seguro que se dilatan, se hacen mas coloquiales al poder hablar consigo mismo, al instaurarse el soliloquio ya que aunque los años doblen espaldas y arqueen rodillas, marquen arrugas y palideces escuálidas la vida surge con cierto poderío sostenido por el mundo de la memoria el cual es ilimitado, no tiene barreras, surca mares, continentes, vidas, amores, desdichas, placeres y amarguras.
El filósofo nos lo dice una vez más: "cada rostro, cada gesto, cada palabra cada canto por lejano que suene, recobrándose cuando parecían perdidos para siempre te ayudan a sobrevivir". Y ahí está la grandeza del mundo de la memoria.
Está el hoy y el ayer. El hoy generalmente está perdido, el ayer siempre es recuperable, simplemente basta en recordarlo. Se ha dicho de la depresión que acude a la vejez, y si bien es cierto, no se dice de las muchas que rondan la plenitud biológica y que paradójicamente desde esa plenitud se es incapaz de luchar en su contra, saliendo siempre derrotado, y al menos cuando todo pasa, cuando es la memoria la que interviene el acontecimiento se puede dominar, apresarlo en sus dominios y cuando se quiera darle libertad plena sin producir molestias ni sinsabor alguno.