Mundos congelados

Emilio del Barco

Los revolucionarios crean mundos nuevos, los conservadores congelan lo que les interesa conservar.

Es un engaño al pueblo iraquí hacerles creer que, la pseudo-democracia instaurada en su país, puede mejorarles la vida, librándolos de la tiranía. Han salido de una y se enfrentan a otra. Posiblemente peor, estando, como está, dominada por la teocracia y la avaricia. Si hay alguna pasión insaciable, esa es la avaricia, que se exacerba cuando va acompañada por el deseo de dominio que conduce al fanatismo religioso. Ambas pasiones, siempre insatisfechas, ambicionan más poder, y riquezas para asegurarlo.

Las personas que padecen esta enfermedad del alma son siempre infelices. Nunca tienen bastante. Si, además, los dirigentes son víctimas de la ceguera anímica que produce el fanatismo religioso, no pueden ofrecer ni libertad, ni progreso, ni democracia. Más probablemente conducirán al pueblo iraquí, de nuevo, a las mazmorras de la historia.

Quienes tanta prisa tienen por dominar el mercado mundial del petróleo, no van a devolverlo a sus legítimos poseedores. El restablecimiento del derecho no prevalecerá sobre las ambiciones de poder y riquezas.

Para que un pueblo pueda elegir su futuro en libertad, primero ha de ser libre, mental y económicamente. No sólo formalmente. Un pueblo, como el iraquí, que acaba de salir de una terrible dictadura y sigue viviendo una traumática ocupación, llena de riesgos, muertes e inseguridades, necesita un respiro, antes de escoger su futuro.

Si la ocupación hubiese estado llena de buena voluntad desinteresada, como ahora nos quieren hacer creer, ¿Por qué no se dio una oportunidad real a la ONU, para establecer un plan de futuro? Bush no es un hombre pacífico, ni pacifista. Desde sus primeros días como gobernador de Tejas, demostró muy poco respeto por la vida humana. Si indultar a un reo le quitaba votos conservadores, ya podía el condenado a muerte perder la esperanza. El sentimiento religioso excluyente, se concreta en la justificación de dar muerte al diferente.

La vanguardia lo es todo. No hay retaguardia admirable. Para que el progreso se instaure en el mundo, no basta actuar con lógica lineal, se ha de ejercitar la imaginación, para ver nuevas soluciones.

Tratar de acabar con los fanáticos, validando un fanatismo diferente, es como poner más leña, para apagar el fuego. Se está librando, a nivel mundial, una guerra de ideas y posesiones. Si las ideas siguen vivas, el dominio de las posesiones será el combustible que alimente la guerra.

delbarco23@hotmail.com

10/03/2005