DE MUNICH A BAGDAD
60 aniversario de la liberación del campo de exterminio nazi de Auswich
Joaquín Sagaseta de Llurdoz Parada
Después de rechazar reiteradas propuestas de la URSS para firmar un pacto de mutua defensa, de protección de la integridad de Checoslovaquia y de las fronteras existentes en Europa frente a la amenaza nazi fascista, en Septiembre de 1938 Inglaterra y Francia suscribieron con la Alemania de Hitler y la Italia de Musolini el PACTO DE MUNICH y lo celebraron como festejaban sus travesías los viajeros del Titánic.
No sólo sacrificaron a la República española, a Austria y Checoslovaquia, sino que sellaron una claudicación que conduciría a la humanidad a una catástrofe que la conciencia humana se resiste aún a comprender en toda su magnitud.
Un año después se firmó el pacto Molotov – Ribentrop, las abrigadas esperanzas de orientar así al este la agresión quedaron truncadas, con ese pudor que tienen las gallinas que tras comer mierda se limpian el pico, Daladier y Chamberlain protestaron airadamente, poco importaba el manto de tragedia que con su inestimable contribución cubría ya a España, las matanzas en Checoslovaquia no fueron menores que las llevadas acabo en la República de España, donde regimientos enteros de soldados republicanos prisioneros fueron fusilados por los "salvadores de la patria" con el respaldo de los nazis.
Munich fue uno de esos momentos en que se decide los destinos de la Humanidad, en el que se resuelven en un sentido u otro las grandes contradicciones que definen los tiempos y se resolvieron de la peor manera, cuarenta millones de muertos y una desolación nunca vista, ni imaginada fue el precio de la cobardía.
Vino después Stalingrado y el las orillas del Volga, sobre una fabrica de tractores, una estación ferroviaria y un molino de trigo, se concentró la extrema violencia que de ordinario acompaña a los grandes virajes de la historia. Sobre cientos de miles de cadáveres se inició el fin de lo que comenzó con las licencias de Munich. Cuando la ciudad fue liberada los muertos eran tantos que los supervivientes sentían vergüenza de estar vivos. A Stefan Zweig no le alcanzó la vida para describir la grandeza de este momento, seguramente el más estelar de la Humanidad.
Desmoronada la URSS por la traición y la codicia mezquina de sus "dirigentes", las potencias vencedoras se apresuraron para un nuevo reparto del mundo y para ello, entre lo primero que estorbaba, estaba la Organización de Naciones Unidas. Fue entonces cuando los gatos se pusieron de acuerdo con los tigres para salir de cacería y así dejaron a la ONU desangrándose en Yugoslavia. Era una clara señal de que los tiempos cambiaban en detrimento de la soberanía de las naciones y el derecho internacional.
Ya entonces se lanzaron muchas voces advirtiendo de que el tigre no iba a repartir el botín, y tanto mayor apoyo tuviera de los gatos, pues tanto peor sería para estos últimos.
Desmayada la ONU solo quedaba esperar la eminente oficialización de la doctrina del unilateralismo. No se trata ya de repartir el mundo si no de adueñarse de el por destino manifiesto.
Los pueblos se movilizaron como nunca antes, percibieron la amenaza letal que para la paz, la democracia, la independencia de las naciones y las conquistas sociales comportaba la nueva doctrina. Y de la mano de la movilización social fracasó el secundando de Munich; la programada claudicación de los gobiernos y organizaciones "sociales" por temor a que su amo les tirara de la oreja, ante aquella doctrina, abrió las puertas para entrar a sangre y fuego en Irak.
Verdad es que el Santo domina la procesión, pero verdad es también que con solo el Santo no hay procesión. Ni Blair, ni mucho menos Aznar, la sardina que se creía tiburón, podían cumplir en el año 2003 con el papel desempeñado por Chamberlain y Daladier en 1938 se necesitaba de otros, pero estos otros declinaron la oferta, entendieron la propuestas como una invitación a financiar la guillotina donde les iban a cortar sus propias cabezas.
Se produjo no obstante la agresión y se trasladó a Irak el centro de la gran contradicción de nuestro presente. Sin embargo. Los acontecimientos han revelado que el unilateralismo pasaba por la voluntad de resistencia de los pueblos y el propio alcance de las contradicciones en el seno de las potencias hegemónicas. Ahora ha quedado atrapado en un cepo en el que mientras más se revuelve más le aprieta.
Pese ya lo que pese, la doctrina del unilateralismo ha sido derrotada en las milenarias tierras del Eufrates, pero va dejando un rastro infernal de destrucción, barbarie y crueldad. Y va dejando también una estela de vergüenza, la vergüenza que suscita a la gente decente, la sociedad de un pueblo al que; como en su día el de Madrid, el de Stalingrado o el de Vietnam, le ha tocado sufrir el espanto de la inmensa violencia que concentran los episodios donde, para la humanidad entera, se decide el inmediato curso de la Historia.
*Abogado laboralista.