LOS "MUROS" DE LA AFRENTA
M. M. Fakal.la.
La conjetura de borrar la huella y hacer callar la voz para impedir que se hiciera memoria, y a fin de que todo se cementa de acuerdo con el anacronismo de la ocupación ha sido uno de los móviles de la irrupción apresurada del ejército marroquí a los territorios saharauis, el 31 de octubre de 1975, con el consentimiento del entonces gobierno de Arias Navarro.
Con el discursar de los años, la cautela se esfumó en el padecimiento del dolor, y el horrendo hecho de la invasión se dejo más que palpar en máculas que el cuerpo, el alma y el entorno expongan en homenaje al rechazo del totalitarismo marroquí.
Pero la gota que colmo el vaso fue, sin duda, el sistema defensivos de los "muros", estrategia atenuante y divisora de parte del territorio en litigio pero, a la vez, constituye una ofensa frontal a los derechos cívicos, más un detonador de la tranquilidad, paz moral y espiritual. Por una parte, por otra, vulnera los derechos, la coherencia social y genera considerables problemas ecológicos.
Sin embargo, la población saharaui de savia beduina supo a primera del peligro que acecha la identidad, valores históricos y acervo cultural a causa de la filosofía de la ocupación. Es cierto, que la conjugación de elementos potencializadores de la sociedad en ética y moral se ven hoy acorralados por un sinfín de medidas ajenas y arbitrarias. Para los saharauis, el cielo límpido, las noche sosegadas del desierto y el infinito espacio que abraza la mar y las dunas movedizas, despierta con aire y desaire una paradoja de culto al presente y de desarraigo a todo aquello que no aviva lo antaño que teje la conciencia colectiva dentro del medio geográfico conocido y bien delimitado.
En efecto, el humilde entorno ha creado al filo del tiempo cierto embrujo que caló considerablemente en hombres y mujeres de las áridas tierras del desierto, donde la exaltación veraz genero igualmente una autonomía en el comportamiento y en comunicación continua en busca de los idílicos parajes de Tiris y los de Zemmur.
Pero lo más doloroso, y agobiante de que esa libertad infinita y avezado panorama se ven hoy distorsionados por el impulso de acción castrense.
Hoy en día, la nostalgia del cambio operado sitúa la travesía del Sahara en misión imposible, debido al sistema defensivo que se yerga y que acentúa las calamidades del sufrido pueblo Saharaui.
Las alambradas de púa y las minas que enquistadas en la construcción han dejado un horrendo saldo en atajo y en vidas humanas. Por tanto, es necesario que se levante la batuta de lo impune y hacer un requerimiento S.O.S a la conciencia universal para sumarse a campaña noble y desinteresada a fin de que no se sieguen más vidas inútilmente. Es la baza, que el consenso nacional, regional e internacional tendrá que ganar o tirar para siempre la toalla ante el descaro indiferente.
El principal "muro" extiende su perímetro a más 2000 kilómetros lineales a la largo del mismo se despega hasta 100000 hombres en pequeñas unidades con artería, carros combates y sistema de detección electrónica. A su paso por el territorio desde el Norte en dirección Sur, la obra militar, transformó la faceta geográfica del territorio con excavación de barrancos, el desvío de los cauces de los ríos, creación de los parapetos, demolición con explosivos y buldózeres de páramos y llanuras, así como el talado desenfrenado de acacias, proveedoras de sombra y equilibrio natural en tierras inhóspitas.
El escrúpulo de espiral ha repercutido negativamente en la flora, mientras llovió sobre mojado al referirse a la extinción y ahuyentó de la fauna autóctona.
Paralelamente, detrás de estos "muros" centenares de civiles saharauis fueron arrojados a lo largo de los últimos años a las mazmorras donde se les aplico todo tipo de torturas y humillantes vejaciones. Pero ya era tarde, cuando el veneno salió a flote, centenares de ellos quedaron atrapados para siempre entre la mala hierba y las espinas de los jardines secretos, y no hubo flores que tirar a la hora de enterrar sus raquíticos huesecillos al pie del paredón, sin la presencia de amigos ni testigos.
Como sabido, en los mecanismos de la ocupación no cabe dualidad alguna, por tanto, todo esta sometido a filtreo del tinglado de la anexión desde lo político pasando por lo económico, arquitectónico, social hasta lo culinario. De ahí surge en las zonas ocupadas del Sahara Occidental una xenofobia a lo "marroquí" que relega a los saharauis a segundo plano, calificándolos de morralla y renegados ciudadanos. Es triste que la redención por la que apuesta el pacífico pueblo saharaui se le estigma de esta manera. Sin embargo, por más que escapa a la objetividad y el levantamiento de cortinas de humo, llegará un día sin perdón para todos aquellos que distorsionan intencionalmente la historia en estrecho margen para ocultar el egocentrismo que mata a todo un pueblo, su fauna, flora y entorno.
Mentir no lleva lejos. Ahí esta la profanación del fuerte de Dajla, que representa la impronta e historia de dos civilizaciones. Si, distintas, pero unidas por un pasado común.
A fin de cuentas, si los "muros" han deformado la geografía del territorio, la alevosía de la ocupación. Por contra, les será difícil apaciguar el sol con el tamiz, dejando rienda sueltas al acoso, a lo hostil y al desprecio como mejor curriculum de una anexión que cumplió 29 años con agravio mal anunciado.